Capítulo 22: Benjamín Prado

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Benjamín Prado es poeta, novelista y colaborador de la Cadena SER. Su novela más reciente se titula "Todo lo carga el diablo", un nuevo caso de Juan Urbano. ¿Sabías de su pasión athleticzale?. Aquí te lo presenta con fotos y señales.


Mi primer recuerdo es la camiseta. Yo tenía mi uniforme del Athletic que me lo regalaron con unos ocho años, aquel con las rayas todavía de franjas horizontales de los años setenta. La camiseta la llevaba puesta a diario, llegaba de la escuela de aquí al lado, merendaba, me ponía mi camiseta del Athletic y me iba a jugar al fútbol a un campito del barrio. Era un campo artesanal, en un solar equidistante de lass casas de los niños que vivíamos por la zona. Allí jugábamos hasta que la noche impedía ver la pelota. Aquella camiseta se me iba quedando corta porque no eran tiempos como los de ahora en que los padres compran y compran... así que esta camiseta te tenía que durar años. Así que me iba subiendo la manga hasta el codo, creo que empezó siendo de manga larga y acabó de manga corta. Tengo alguna foto mía con la camiseta y el balón, de pequeño, con un hamster que tenía y que me corría por la mano popr encima de la manga de la camiseta del Athletic. Mi primer recuerdo era quitarme el uniforme del colegio y ponerme el del Athletic. Siempre tuve la sensación de ser especial. Ser del Athletic es una cosa muy exquisita.


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Iba al campo para ver al Athletic una vez al año seguro al Santiago Bernabéu, habitualmente al Calderón, y muy de vez en cuando a Vallecas con el Rayo en primera. Creo que fue en Vallecas el último partido en que vi jugar a Iribar y que hizo un paradón a mano cambiada en la portería donde estaba yo. Mi padre, al que no le gustaba el fútbol, se aficionó cuando se quedó ciego por la diabetes escuchando la radio. Siempre nos sacaba entradas de primera fila, así que hacía doble esfuerzo, personal y económico. Para mi, ver pasar tan cerca a ídolos que consideraba tan lejanos: Uriarte, Arieta, los hermanos Rojo, Julen Guerrero... es otro recuerdo que tengo muy vivo. Y recuerdo ganar en el Bernabéu 2-3, creo que cuando fichamos a Churruca.


Es curioso porque soy supersticioso de nacimiento. Lo sigo siendo muchísimo. Siempre que voy a Bilbao tengo que ir a San Mamés y tocar el escudo. Antes el que había encima de la puerta y que luego lo subieron los cabrones. He llegado a tener que decirle al taxista “mire, esto le va a parecer raro, no se preocupe que no soy violento. Mi locura es pacífica. Lléveme a San Mamés y déjeme que me suba un poco a su coche para tocar el escudo o si no el avión se caerá”. Ahora, como no llego a los escudos, me conformo con tocar el campo.


Siendo un poco más mayor, iba al fútbol con el único compañero de clase del Athletic, Federico Piera Ansoategui, cuyos apellidos delatan que tenía toda la razón para ser del Athletic. Y otro era Carlos López Sarriegui que era de la Real, así que nos acompañábamos mutuamente a ver a nuestros equipos. Ser del Athletic es algo que te distingue, y te distingue más si eres de fuera. Yo era una absoluta rareza. Recuerdo cómo esperaba las convocatorias de la selección para ver a cuántos llevaban del Athletic, y los cabreos que me cogía cuando no iba Rojo. “Cómo es posible que no lleve al mejor extremo del mundo”.


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Mi imán con el Athletic en el campo fue Iribar. Fue mi gran ídolo, mi gran héroe. La primera vez que lo ví en el Bernabéu salté al campo a por él y me blocó el tercer vigilante. Hace poco coincidí con Iribar en San Mamés y le dije “te estoy viendo allí sentado, con los brazos en jarras, viendo cómo el niño que era yo corría hacia ti, y mirándome como diciendo “a dónde vas”, y yo viendo cómo me acercaba y ada vez me parecía más grande. Hasta tal punto que, por mi superstición, llevar siempre un cromo de Iribar. Fuera del campo, mi familia materna por parte de mi abuela, su hermano Arsenio vivía en Bilbao, así que íbamos de vez en cuando y entonces empecé a respirar lo que es ser del Athletic. Mi tio Arsenio fue el primero que me llevó a San Mamés. Creo que fue un 5-0 al Córdoba. Salí absolutamente ganado para la causa.


Hasta la llegada de Clemente sufrí mucho. Durante años, perdía el Athletic y no quería salir de casa. Me quedaba sentado en una silla, deprimido, y mi madre me decía “pero tú, que a ti esta gente no te da de comer, qué tontería”. Me tiraba meses esperando, relamiéndome hasta que el Athletic volvía a jugar en Madrid. Cuando veo salir a los jugadores del Athletic por el vestuario, ese impacto visual es inigualable.


Los dos momentos de mi vida fueron cuando conocí a mis dos héroes, Bob Dylan e Iribar. Es muy comparable cuando le dí la mano a Dylan en Sevilla y el día que conocí al txopo en San Mamés. Algo extraordinaria. Te conquista el doble. Nos dice a Valdano y a mi, ¿cómo vais a volver al hotel?, alguien nos llevará. No, os llevo yo. Y nos llevó, por cierto conduciendo a toda ostia por la noche. Claro, a ver quién tiene cojones de ponerle una multa a Iribar. Es increíble cuando conoces a alguien al que has admirado tanto. Tienes una sensación de inverosimilitud. Lo disfruté mucho. Al día siguiente vino a la charla que dimos y le dije que quería regalarle un libro y me dijo “vale, pero de poesía” y le contesté “jo, macho, cada día me gustas más”. Me hace mucha ilusión pensar que está mi libro en la casa del txopo.


Tenia un anillo con el escudo del Athletic, muy humilde, de estos abiertos por debajo, que me compró mi padre en uno de los tenderetes cuando íbamos al fútbol. Y durante años coleccioné el cromo de Julen Guerrero. Les decía a los niños “¿tienes un Julen?” y estos los llevo siempre en la cartera. Son unos de mis actuales talismanes. A veces llevo uno solo y otras los llevo todos. Mira, a Julen nunca lo conocí.


Cada vez admiro más el modelo del Athletic, a medida que pasa el tiempo y el fútbol se va convirtiendo en otra cosa, es más admirable su política. No sé de cuántos equipos del mundo se puede decir que tengan su filosofía. Si el Athletic siempre fue especial, ahora lo es triplemente por mantener sus ideas y el “one club man”, es casi excéntrico.



MATERIAL FOTOGRÁFICO

Cedido por Benjamín Prado

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