Capítulo 20: Fernando Canales

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Chef bilbaino, ilustre de Bilbao", al frente de los Restaurantes Atelier Etxanobe y la despensa del Etxanobe. Desde el 2018 es asesor gastronómico del San Mamés Jatetxea. Fernando comparte Athletic con nuestros suscriptores.


Mi primer recuerdo, de cuando era pequeño con unos siete años, fue la Final de Copa contra el Elche (año 69), todos en casa viendo el partido por televisión. Fue a partir de aquel día que me empezaron a trasladar el sentimiento Athletic total. Además, por aquella época acompañaba a San Mamés a mi abuela -Josefina Maguregi-, una señora de Bilbao de toda la vida, que toda su familia era del Athletic, ocupaban diez asientos consecutivos en la tribuna principal baja de San Mamés. Le llevaba la manta porque pasaba frío. Poco tiempo después, sin carnet, ibamos a la general con 13-14 años y entrabamos de los primeros al campo para coger sitio. En el colegio era un niño muy distraido, me aburría. Luego repetí todos los cursos hasta COU. Recuerdo que cuando me abstraía dibujaba el escudo del Athletic con el puente de San Antón. Creo que soy el que más rápido lo dibuja, lo habré hecho como dieciocho millones de veces.


Ir a San Mamés era como ir al circo, ir a la luna, algo impresionante. Hoy en día sigue siendo impresionante acudir a un estadio de fútbol. En aquel entonces era algo inmenso, los jugadores eran dioses, a aquellos jugadores (Iribar, Astrain, Guisasola, Rojo II, Uriarte), los tenías en cromos, en el balón, era el mito del mito. A mi me gustaba mucho Rojo I por cómo jugaba, además era muy técnico, muy fino y elegante. Creo que el primer y único autógrafo que pedí fue para mi hija, quería el de Llorente, fui a Lezama, nos atendió Iribar, vino Llorente y le firmó a mi hija. Lo primero que tuve de niño fue un balón con rombos, las caras de los jugadores y el nombre. Me lo regaló mi abuela, con ese ni jugaba, lo llevaba debajo del brazo.


Con 17-18 años tuve mucho contacto con Miguel de Andrés, era novio de una vecina nuestra, vivía en un piso con Purroy que vino del Osasuna y Miguel Sola creo también... y nos llevaba al fútbol. A veces, esperábamos a que se duchara y me traía en su coche, un XR2 impresionante, de vuelta a casa con su novia Marta y su hermano. Para nosotros era un súper privilegio estar cerca de él, Era algo grandioso, espectacular. La bomba. Coincidió que eran los años de las Ligas que fueron algo inesperado. Estábamos acostumbrados a ser orgullosas víctimas, ganar era tan excepcional que fue increíble. Fui a Madrid a la final. Endika estudió un año en mi instituto y entrené con él en el Getxo porque es de mi quinta. No éramos conscientes de aquel título de Copa. El primer partido que me marcó, el que más me impactó en mi niñez fue la final de Copa del Betis. Yo tendría unos quince años. Lloré como un animal, era una final que la teníamos ganada. Y el primero fuera de San Mamés, viajando, fue en el Bernabéu en 1989 y recuerdo que pasé miedo con los radicales, la violencia que desataban.


Recuerdo que una de las veces en que el Athletic perdió contra el Madrid de manera injusta, con Muñiz Fernández en Copa, En el minuto cuatro Koikili e Iraola ya tenían tarjeta. Luego expulsó a Yeste. Aquello me impidió volver a pisar San Mamés contra el Madrid, me hice el juramento. Nunca volví cuando viene el Madrid y nunca lo volveré a ver por si nos toca otro Muñiz. En mi época no se podía disociar el amor por el Athletic y el rechazo por el Madrid. En aquella Liga, “estudio estadio” hablaron más de cómo perdió la Liga el Madrid en Valencia que del campeón. Eso no se olvida nunca. Mi padre rompió el carnet del Athletic por un episodio parecido, su amor por el Athletic no le dejaba verle perder de forma injusta. Sólo pude ir al campo con él en los mundiales, al Athletic nunca volvió. Iba con mis tios y primos.


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Tuve dos R4 de joven, Con uno hice una cosa muy friki para la final de Copa del Calderón contra el Barsa. Compré en Astorga uno de segunda mano, descapotable, lo tuneé del Athletic y fuimos la familia hasta Madrid. Tardamos ocho horas porque no pasaba de ochenta. Cada coche del Athletic que nos adelantaba nos pitaba, qué bien lo pasamos en aquel viaje. Además, como se lo compré a un camionero, el coche tenía un claxon con muchos sonidos.


El Athletic es un sentimiento que engloba todos los valores que te enseñaron de niño. Amar tu tierra, tus colores. Los jugadores son parte de la sociedad y esa vinculación sólo pasa en el Athletic. Todos conocemos a un jugador del Athletic. Fíjate lo que fue para mi cuando me llama la directiva, a ver si quería dirigir el restaurante de San Mamés. Aunque, antes de aquello, los días de partido, los chef Michelín ya dábamos un cocktail. Pero ponerle “San Mamés jatetxea, Fernando Canales” fue muy bonito. Estoy muy comprometido con ese proyecto porque es algo emocional. Todos los jugadores son clientes habituales y tengo una relación extraordinaria con ellos.


A los diecisiete, mis padres nos mandaron cuatro meses a mi hermano y a mi a estudiar inglés a Manchester. Cuando tocó el partido de Old Trafford, no cogí la última entrada que vendía el club pero sí conseguí dos entradas de tribuna y después otras dos en la zona visitante porque el Athletic recibió un segundo lote. Allí, si te sientas en la zona de los aficionados locales no puedes cantar un gol visitante ni animar al rival. Es una servidumbre del United. Bueno, pues me quedé con las de tribuna, era impresionante ver a los athleticzales. Marcó el Athletic y canté gol como si no hubiese un mañana. Yo iba con una camiseta antigua del United y los de alrededor me miraban contrariados y con cara de mala leche. En la segunda parte tuvimos que cambiar de localidad. Tengo una personalidad muy tranquila, pero cuando juega el Athletic me convierto en un supporter auténtico.


Ser “ilustre de Bilbao” es una redundancia. Todos los bilbainos somos ilustres (se ríe). Es un honor, mi difunto padre se habría muerto de ilusión con esto.



MATERIAL FOTOGRÁFICO

Cedido por Fernando Canales

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