Capítulo 17: Santi Segurola

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Santi Segurola, periodista con una dilatada trayectoria en los medios de comunicación, colabora actualmente con el diario AS y RAC-1 de Barcelona. Nos hace un hueco para repasar sus recuerdos en rojiblanco con nuestros suscriptores.


No sé si tengo algún recuerdo anterior a la final de Copa frente al Zaragoza de 1965, tenía 8 años. Recuerdo escuchar por la radio partidos del Athletic y desde luego las historias de mi padre, que me contaba cosas desde muy pequeño. En mi casa no había por aquel entonces y como mi padre trabajaba, mi madre me llevó a casa de unas amigas. Era por la tarde. Mientras ellas charlaban yo veía la final. Me impactó aquel Zaragoza de los cinco magníficos y las paradas de Iribar, que era mi ídolo sin haberlo visto antes. Aquel día perdió el Athletic. Me impresionó escuchar al público cantar aquello de “Iribar, Iribar es cojonudo, como Iribar no hay ninguno”. Nació allí y le sacaron a hombros. Aquel partido me formó como hincha en el sufrimiento. De hecho, voy recordando todas las finales por dónde y cómo estaba, si en casa, en un bar de Noja...


Vivía en Barakaldo. No habían grandes medios económicos. La televisión no entró con fuerza en los hogares hasta 1965. El fútbol nos gustaba a todos pero raramente había visto a los grandes equipos. Para ver fútbol, mucha gente íbamos a tiendas de electrodomésticos donde se podían concentrar hasta dos y tres filas de personas en los escaparates los Domingos por las tardes. Mi primer partido en San Mamés fue una eliminatoria de Copa frente al mejor Las Palmas de la historia, mi padre me llevó a verlo a la general, fuimos en tren hasta Olabeaga. Aquel equipo le causaba muchos problemas al Athletic, tenían muy buenos futbolistas. Recuerdo que las cuatro de la tarde ya era de noche y como si fueran las inundaciones de Bilbao, se puso todo muy negro con una tormenta terrible. Se encendieron los focos, estábamos todos apretadísimos. Lo mejor fue que el Athletic ganó 6-0. Aquello me encantó, era como una película de aventuras. Nunca había estado tan cerca de San Mamés. Entrar allí fue como entrar en el Vaticano. Lejos de angustiarme lo pasé fenomenal. El problema fue que, al volver a casa, mi padre se dio cuenta de que le habían robado la cartera. Ese recuerdo tampoco lo he perdido.


Mi padre nació en 1912 en Barakaldo, de familia guipuzcoana. Los Urrestilla. Mi amama era del caserío de al lado de los Gaztelu. Fue futbolista del San Vicente y Barakaldo. A finales de los años 30 los futbolistas vascos tenían mucho prestigio. Mi padre y otro amigo suyo -Tomás Larrazabal- fueron al Granada. Después en el Cádiz. Su pasión era el Athletic. Iba a la barbería para leer la información deportiva. Siempre me dijo que el mejor Athletic fue el de los años 30, el que coincidió con él generacionalmente: Lafuente, Bata, Iraragorri, Txirri y Gorostiza.


Para mi fue muy importante el Athletic que ganó la primera Copa que yo ví, el de 1969 y que estuvo a punto de ganar la Liga el año siguiente. Argoitia, Uriarte, Arieta, Clemente y Rojo. Me genera mucha emoción. Mucho mérito al Athletic de las dos Ligas. Recuerdo a Sarabia jugando en el San Pedro con catorce años. Tuve mucha predilección por Dani, Argote y Sarabia. Los duelos de Dani y San José del Sevilla, aquello era Vietnam. Mi padre siempre me habló de grandes extremos izquierdos y para mi era una figura muy importante y me gustaba el carácter de Argote, discreto pero influyente. Recuerdo el primer partido de Goiko, de vuelta de Copa contra la Real. Nunca pensé que vería al Athletic ganando la Liga. Las gabarras fueron un invento y una expresión maravillosa, uniendo a toda Bizkaia entorno a la ría. Eran momentos muy complicados a nivel social y político. Una atmósfera gris. El Athletic nos dio espectativas e ilusión. Como hincha y ciudadano, le estoy agradecidísimo al Athletic por lo que hizo por nosotros.


ARGAZKI PRESS SL


Cuando uno es profesional, o lo intenta, debe deslindar tus emociones de tu trabajo. La gente espera de ti una visión periodística. Cuado soy un hincha a solas, lo digo con bastante vergüenza, a veces no puedo soportar la tensión y tengo que meterme en un cuarto a solas, y si es mucha tensión salir a dar un paseo. El Athletic me ha hecho disfrutar mucho pero también sufrir muchísimo. No sé si debería decirlo pero lo paso fatal. No soy el hincha más valiente y optismista del mundo, me afecta mucho a nivel emocional. También soy crítico, quizás mi padre me enseñó eso. No todo me parece bien, si algo creo que está mal me gustaría que se arreglara. Creo que es bueno decirlo. Un club que funciona debe tener divergencia de opiniones. El espíritu crítico es muy importante. El hincha, y yo lo soy hasta la muerte, debe estar vigilante y cuidar al club, sin sectarismos. Cuando el Athletic ha jugado mal me he preocupado muchísimo por el futuro siendo partidario de este modelo. Hay un acuerdo general sobre eso.


En la entrada de mi casa tengo una reproducción del famoso cuadro de Pichichi y la novia, el gran cuadro del Athletic. Lo primero que se ve. No soy muy mitómano, tengo algunas camisetas, algunas que les compraba a mis hijas. Vivo en Madrid desde hace 32 años por cuestiones profesionales y, claro, quería que mis hijas fueran hinchas del Athletic. Cuando mi hija mayor era muy pequeña le llevaba al hotel del Athletic para ver a Julen Guerrero. Hay una camiseta por la que siento especial predilección. La de Darío Urzay. Tan vilipendiada con análisis pequeños y mezquinos, cutres y muy dolorosos... para mi es extraordinaria. Me pareció que abría el Athletic a un nuevo estadio, hacia una modernidad. ¿Somos capaces de abrir puertas y ser heterodoxos sin perder la tradición?. Me pareció una aventura maravillosa porque el Athletic no puede quedarse sólo con la tradición.


Segurola


Engarcé con un Athletic que no ganaba Ligas, no soy hijo de la victoria. Tuve la suerte de disfrutar de una Liga con veintiséis años. También he visto derrotas importantes. Las dos finales del año 77, la de UEFA y la de Copa. Fue muy doloroso para un equipo que jugó de maravilla. En mi palmarés emocional sí están. La naturaleza del fútbol actual me hace más hincha del Athletic, pero quiero que se hagan las cosas muy bien. Me duele que muchos de los que fanfarronean de finales pidieran hace poco tiempo una revisión de la política del club. Es lamentable que sólo el éxito mantenga tu grado de implicación. 


Tampoco me gusta que ciertos sectores consideren que el Athletic es suyo. Me dolió aquella resistencia hiperboina al Athletic de Bielsa, no se le daba ni la posibilidad de poder despegar. Se produjo un nivel de exigencia enorme en los jugadores, la hinchada cambió su visión, se pasó de aquella satisfacción por llegar a una final de Copa a un Athletic sin complejo que no pide perdón, aceptando su modelo con todas las consecuencias. Que de repente haya super tacañones que defiendan su parcelita me parece terrible. Con un equipo con autoestima se puede caminar por el mundo.


Recuerdo perfectamente el partido de Bucarest por el dolor que me produjo, pero el partido que va a quedar para siempre, y no solamente para mi sino para una generación, va a ser el de Old Trafford. Frente el United de Alex Fergusson. Ese mito. El repaso fue verdaderamente extraordinario. Ese recuerdo será imborrable. Parecido a quienes vieron y vivieron aquel partido en la nieve frente al Manchester, en 1956.



MATERIAL FOTOGRÁFICO

Portada: Bein Sports

Foto 1: Argazki press S.L.

Foto 2: Fuente desconocida

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