Capítulo 14: Pedro Rivero

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Guionista, director y productor de películas de animación. Ganador de dos premios Goya. Coguionista de "El hoyo". Director artístico del Animakom fest. Profesor de guión. Autor de cómics y textos teatrales. Expresidente de la asociación profesional de guionistas de Euskal Herria.


Mis primeros recuerdos con el Athletic seguramente son, por supuesto, Iribar, que era como una figura legendaria del Athletic, cuando era muy pequeño era el único jugador al que conocía; y luego también, a finales de los setenta, la eclosión de Dani, yo tenía una camiseta con el número siete, como muchos otros chavales, y la final de Copa en esa campaña que también jugaron la final de la UEFA. La primera fue como un poco traumática porque era contra el Betis y porque a nadie se le pasaba por la cabeza que se pudiera perder. Era muy pequeño y recuerdo que me fui a la cama en la primera parte, con empate a uno. Al día siguiente no me lo podía creer. Que Dani había fallado un penalty, que Iribar falló el último. Era como irreal.


Aquella primera camiseta de Dani imagino que me la regalaron mis padres, puede ser que por Navidades y calculo que tendría unos ochos años. Ni sé las veces que me la puse. Era la estrella del equipo y todo el mundo quería ser como Dani. También tenía algo que lo hacía muy atractivo como héroe para los niños y es que Dani era el jugador más bajito del Athletic, entonces era el espejo de un niño que crece y acaba jugando en el Athletic. Fíjate que había otros jugadores destacados pero Dani era el ídolo de todos los chavales. Fue al Mundial de Argentina y hubo polémica con el seleccionador Kubala, que ponía a Juanito en vez de a Dani.


En aquella época, en la clase de manualidades que se llamaba “educación pretecnológica” -el nombre siempre me ha llamado la atención-, hacíamos unos muñecos articulados de papel y cartón, y me acuerdo de que hice uno de un jugador del Athletic, con el número siete. Yo era del Athletic por el entorno, mi padre nunca fue muy futbolero, nunca tuvo pasión ni afición y además le ponía nervioso. Tampoco toleraba bien la frustración. Parece que me viene de familia. Con Carlos, mi hermano mayor, sí, estábamos pendientes de los resultados. También con dos compis de clase, que también dibujaban cómics, Txema y Pedro. Quedábamos los findes para dibujar y el Athletic era una parte central de nuestro entretenimiento.


Debía ser bastante pequeño cuando fui por primera vez a San Mamés, y me llevaron a un partido contra el Espanyol que acabó en empate a cero. Como una experiencia nefasta. Después de aquello, el primero que recuerdo de forma consciente fue el que jugaron contra la selección inglesa con motivo del homenaje a Txetxu Rojo. Estaba Zubizarreta de portero en su primera temporada. Era un Athletic inolvidable, un hito absoluto que con el paso de los años se ha desdibujado un poco porque la figura de Clemente ha sido polémica. Pero aquellas temporadas fueron las más grandes de la historia del club e incluso del fútbol mundial, derrotando al Madrid entrenado por Di Stefano y al Barça de Maradona. Clemente les venció a los dos. Es una historia que estoy tratando de escribir para una película, que vale la pena contar por sus características épicas que no se han igualado para nada. Lo hablé con Javi y no parecía muy dispuesto, es tan humilde que no vio eso de contar una historia personal de superación como la suya. Me dijo que cuando quisiera mejor quedábamos para tomar unos vinos. Creo que hay una maravillosa película en la historia de Clemente, desde sus inicios hasta el año 1984, que espero poder realizarla algún día.


El Athletic para mi, cuando era niño, supuso un aprendizaje en la frustración hasta que gana la Liga en 1983. Hoy todavía reflexiono sobre los disgustos de entonces, especialmente con una eliminatoria de Copa frente al Atlético, en casa, donde el árbitro prolongó el partido sin ningún criterio y eso acabó derivando en la eliminación del Athletic. Y no tiene sentido pasar un mal rato o poner tus espectativas de felicidad en lo que hagan otras personas, en una situación que no puedas controlar. Por eso, cuando hubo toda esa ilusión con la final de 2009, pensaba que era una irresponsabilidad conducir a tantos niños a pasar un disgusto. Pero si esa frustración sirve para aprender de ella, pues bienvenida sea. Creo que muchos han asimilado esa idea. Si compartes la filosofía del Athletic tienes que asumir esa parte de frustración. Pero yo la frustración todavía no la llevo muy bien.


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Cuando ganaron la Liga del 84, estuve entre la masa que siguió al autobús en su llegada a la Plaza Moyúa, y hubo un momento que Goiko sacó la mano por la ventanilla y pude tocar a Goiko. Aquello fue la verdad muy emocionante. Recuerdo que en la última jornada de aquella temporada, contra la Real, estaba con Pedro y Txema en el parque de los patos de Bilbao, intentando estar cerca de San Mamés por si ganaba. Alguien cantó gol y dimos un salto en la parte alta de un banco y nos caímos al suelo los tres, con banco incluido. Luego no fue ni gol ni nada, pero fuimos el hazmereir de toda la gente de alrededor. Fue espectacular lo de la gabarra, estábamos subimos en el muro del muelle de Ripa y de repente pasaba el tren por debajo que casi te llevaba las piernas. Fue más especial el primer año que el segundo. En los ochenta estaba pendiente del Carrusel deportivo por la radio y del famoso “bakalao, bakalao” que la primera vez que lo escuché dije “pero ¿qué ha pasado?, ¿ha metido gol o no?, que diga algo”. Hasta que asimilamos qué demonios era el bakalao del Athletic.


Creo que nadie que sea aficionado del Athletic puede no tener un cariño especial a Julen Guerrero, fue una figura enorme que pudo seguir su carrera en cualquier otro club y se quedó. Siempre muy noble. Una pena que no tuviera una carrera más grande. Y más reciente, la personalidad más magnética ha sido el loco Bielsa. Aquella eliminatoria contra el United la recuerdo como uno de los momentos de mayor pasión con el Athletic, viendo el partido de vuelta en un bar, con aquel jolgorio.


Sí que tengo ciertos dejes supersticiosos. Cada vez que juega el Athletic, antes del partido, intento tener la casa ordenada de una forma concreta o hago ciertas rutinas pensando que así le va a ir bien. Que todo lo que tenga que hacer ese día de partido dejarlo bien hecho, ser un poco más responsable de lo que suelo ser. Es curioso, yo que no soy nada creyente ni creo que se pueda dejar nada al azar porque es incontrolable, no puedo dejar de practicar ciertos rituales.


No soy socio y he ido muy pocas veces al campo. No me gustan las aglomeraciones de personas, no puede salir nada bueno cuando juntas a tanta gente. Me asusta ver esas riadas de gente en cada partido, no es cívico, se interrumpe el tráfico y el metro va lleno en condiciones peligrosas y nadie quiere reflexionar sobre esto y su deriva al holiganismo que pudimos ver en la previa de la final contra la Real Sociedad. Creo, además, que ahora se les tiene menos respeto a los jugadores. Quizás ahora tenemos la sensación de que no hay un equilibrio entre esfuerzo y salario como antes. A los actuales no se les perdona ningún error. Los vemos como herederos de una fortuna que la están vilipendiando, malgastando. Esa imagen un tanto pija de esta generación no te ayuda a que les tengas tanto cariño.


Me tocó ver la final contra la Real estando en Menorca yo sólo, en videollamada con mi amiga Indira y su abuela María. Lo primero que hice al llegar a la isla fue ver la semifinal con el Levante. Estás pendiente, el equipo es divertido de ver, que Villalibre toque la trompeta, es algo más que un mero partido de fútbol.



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Exclusivo para "La hora del Athletic"

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