Capítulo 7: Jon Uriarte (2ªparte)

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Jon Uriarte es presentador, locutor, guionista y colaborador de este espacio. Actualmente escribe su "bilbainos con diptongo" para El correo y continúa en COPE en los programas de Carlos Herrera y Ángel Expósito.


Tuve un momento de drama, Me costó mucho conseguir el cromo de Iribar, era dificilísimo, y había conseguido dos de Txetxu Rojo. Y necesitaba uno de Cruyff. Me vino uno del colegio a cambiarme el de Cruyff por los dos de Rojo, y le dije “y una mierda”, así que me quedé con los dos de Rojo y sin el de Cruyff. Los compraba en Doña Paquita, en Barrainkua, a la vuelta del bar. Allí compraba los regalices Zara, los sobres sorpresa de soldaditos, los chicles y los cromos. No era de bajar a cambiarlos a la plaza nueva porque era mal estudiante y casi siempre estaba castigado. Hace poco tiempo, buscando un juego de mesa en un armario, encontré el album al que le sigue faltando el famoso cromo de Cruyff.


Estuve a punto del divorcio cuando mi mujer, sin preguntarme, me dice “esta camiseta que ya está vieja la tiraremos, no?”. Y era la que me regaló Josu Urrutia cuando jugó contra la Juventus en Champions cubriendo a Zidane. Está firmada y dedicada además. Y le dije “pero tú... antes que tirarla mato a alguien, vamos”. Y tengo una cosa que vas a alucinar. Los Reyes magos me trajeron en el año setenta y seis, con diez años, un balón de reglamento de la marca Zarra, para mi hermano y para mi. Estaba firmado por todos los jugadores del Athletic. Ahora sería una joya. Mi madre dijo que ese balón no se podía usar, jamás le pegamos una patada a ese balón. Estuvo en un armario, desinflado al final el pobre, arrugado, y seguirá en casa de mi ama probablemente con los nombres desgastados.


Tengo varias camisetas. La última sin publicidad, que a veces me la pongo, la que sacó el Athletic para las dos finales de Sevilla y luego otras cuantas más. Para que te hagas una idea, en cada final me he comprado una. Creo que le tengo más cariño a la de Urrutia porque aquel partido eran palabras mayores. Y luego tengo la misma bufanda desde hace diecisiete o veinte años. Soy muy fetichista y a raíz de las finales las voy a guardar todas y voy a comprar nuevas. Es por supersticioso y si las cosas van mal hay que cambiar. De hecho mi mujer no entiende y se enfada cuando me compré un jersey, fui a San Mamés con él puesto, palmamos un partido clave para ir a Europa, y nunca me lo volví a poner. Y le digo, no entiendes porque no entiendes el absurdo del fútbol.


Otra teoría estúpida. Tengo un gato negro que se llama Williams. Lo recogimos en la calle cuando tenía un año. Bueno, él nos adoptó a nosotros realmente. Le llamamos así porque es negro, elegante, rápido y porque tampoco sabemos lo que nos va a durar. Y el cabrón, cuando se tumba en el sofá o a mi lado en la barrika, es que nos va a ir bien. Y cuando se larga a dormir con nosotros, sobre todo en partidos de horario infame nocturno, o palmamos o no hay ningún gol más en el partido. Es algo bastante habitual. A un 95%. Lo que me dice Lorea es que sabe más de fútbol que yo.


En la foto (de izqda a dcha): su mujer Lorea, su hermano Koldo, Jon Uriarte, su cuñada Nerea, su sobrina Paule, su hermana María y su madre Doña Rosa

Jon Uriarte con su "antena de plata" en 2018


En San Mamés nunca como. El bokata en el descanso y si pita el árbitro tengo que dejarlo. Cuando voy tengo que ir más o menos por el mismo recorrido, y si veo que unas zapatillas o un pañuelo en la chaqueta me trajeron suerte, no te preocupes que al día siguiente voy a llevarlo. En casa, me ha pasado, en la Supercopa que ganamos con Aduriz al Barsa y en la última, tengo una barrika de La Rioja donde cenamos mi mujer y yo en una esquina del salón. Es más cómodo ver el fútbol en el sofá, bueno, pues torcía la tele para verla desde la barrika porque me traía suerte. Entonces estaba en una barrika, sentado en un taburete, porque si me movía créia que me podía pasar algo, que podíamos palmar. ¿Qué sucede?. Que en la final contra la Real me piden en Cope a última hora si puedo hacer de comentarista y lo tuve que hacer delante del sofá donde tengo el micrófono. Yo decía, vamos a palmar porque no estoy en mi sitio. En la segunda lo vi en un hotel y palmamos. La próxima la veré en la barrika.


Estuve detrás de la portería donde Endika metió el gol. Fue tal shock que me quedé sin voz durante cuatro o cinco días del grito de gol que pegué. También me acuerdo de la primera Liga con Clemente en Las Palmas, en casa de mi primo Jesús, en su habitación, con la radio. Yo tenía en mis manos un comic de los cuatro fantásticos, los pies encogidos dentro de las zapatos de los nervios que tenía, y no pasé de página en todo el partido. Estábamos escuchando carrusel deportivo, que era estresante que no veas con tanto gol, y de repente dicen: “Santillana remata y gooool …. en Murcia”, y yo dije “mecago en tu padre”. Aquel día salimos, el padre de un amigo nos abrió la parte de arriba de su coche y con una ikurriña y una bandera del Athletic, íbamos pitando por las calles de Bilbao. Es uno de los recuerdos más maravillosos.


Sigo siendo aquel niño de pantalón corto que se emocionaba con el Athletic. Fíjate, tengo amigos que están desilusionados o que los tiempos no son lo que eran. Yo sigo pensando que el Athletic es algo muy especial y por eso no me ha cambiado. De hecho no lloro nunca, ni por desgracias. Y sin embargo soy capaz de llorar como una magdalena por el Athletic, quizás porque repersenta a la fmailia y a los míos. De hecho, te estoy hablando y tengo a mis pies un asiento de la Catedral. Yo escribí tres artículos en El Correo, pidiendo al presidente que se puedan comprar los asientos antes del derribo del estadio y el dinero donarlo. Es un símbolo. Lo tengo enmarcado, me lo regalaron mi hermano y mi sobrino Iker en mi cincuenta cumpleaños. Con el marco que me hicieron y uno de mis carnets viejos. 


JON URIARTE

Posando con su butaca de San Mamés


Volví a ser un niño en el partido de vuelta contra el United. En el momento que nos levantamos para aplaudir a Giggs y aplaudipmos a Rooney del golazo que metió, con un San Mamésaplaudiendo al rival, me emocioné muchísimo porque dije “esto es el Athletic”. Ser elegante y gure estiloa también cuando pierdes. Antes sabías dónde tomaban potes los jugadores en el bar de Guisasola, ahora el respeto a los jugadores ha cambiado. Me decía Rojo II que dejó de ir al fútbol porque se era más maleducado con los jugadores del Athletic, más allá de silbar. Pero creo que somos muy parecidos antes y ahora. Cuando Villalibre saca la trompeta o tienes un grupo de música en el vestuario te da a entender que eres un club singular. Eso sí, aun siendo diferentes no somos tan diferentes.


Mi sueño es que mis sobrinos puedan celebrar conmigo que el Athletic vuelve a ser campeón. Ya lo hemos medio hecho con la Supercopa, a través de teléfonos por la pandemia. Ahora le doy más valor. Pero yo quiero una Copa o una Europa League para celebrar con mis sobrinas y sobrinas. Es el mayor sueño que tengo.

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