Capítulo 7: Jon Uriarte (1ªparte)

|

Jon Uriarte es presentador, locutor, guionista y colaborador de este espacio. Actualmente escribe su "bilbainos con diptongo" para El correo y continúa en COPE en los programas de Carlos Herrera y Ángel Expósito.


Mi primer recuerdo de infancia con el Athletic viene a ser como el primero de una bocanada de aire o el primer paso que dí. Es decir, no es consciente, no lo recuerdo. Sí que tengo en la memoria la primera vez que vi San Mamés, me impresionó sobre todo el color verde intenso de la hierba, me quedé prendado, y también del ruido del ambiente de un campo de fútbol. Supongo que era muy pequeñito y que iba en brazos de alguien, pero sí recuerdo el impacto del verde y el sonido. Lo que sí recuerdo, ya con memoria, es que entrase en casa de mi abuela un señor y que mi tia Carmen dijese “es Iribar”. Entonces me dí cuenta de que debía ser muy importante porque yo era muy chiquitín, unos cuatro añitos.


Siempre asociaré al fútbol y al Athletic con aita. Creo que sólo fui una vez con él a San Mamés, uno de Copa, porque trabajaba en el restaurante de la familia y el fin de semana se trabajaban. Sólo libraba el Miércoles por la tarde. Sin embargo, los valores del Athletic y su forma de entender la vida hicieron que sintiera más cariño por el Athletic, de hecho mi primer artículo en el periódico “la promesa” fue la que le hice a mi aita -que murió muy joven con 44 años cuando yo tenía dieciséis- de que yo tendría que ir a verle con un título para seguir cantando juntos el himno de nuestro club. Aquel artículo lo escribí en la habitación 313 del hotel Carlton (escurioso cómo me persigue ese número) fue en un partido de cuartos de final contra el Sporting, el año de la final de Valencia. Llegamos a Bilbao en viaje relámpago Ramón García y yo, vimos el partido y volvimos a Madrid. Lo mando, lo publican y a partir de ahí me dicen que les gusta cómo escribo y me ofrecen escribir en El Correo. Gracias al Athletic he cumplido el sueño de escribir en el periódico.


Recuerdo en el coche de mi aita, en el Renault 12 y antes en el 124, estar escuchando los clásicos programas de radio de los Domingos cuando volvíamos de Amorebieta y con suerte escuchábamos la parte final de los partidos y cómo le iba a nuestro club. Luego tuvimos tele en el restaurante y si no subía al cuarto piso donde mi abuela, entonces sí recuerdo haber visto partidos así y en escaparates. Incluso ir al bar del pueblo, no poder entrar los chavales y agolparnos fuera. En el de al lado de mi casa veíamos sólo cuando se abría la puerta. Deseábamos que alguien entrara o saliese para ver algo del partido.


Dani, Jon y el Txopo


Siempre quise ser Iribar, era mi sueño. En mi móvil lo tengo puesto como “Dios”, en la D. Yo era un niño bipolar futbolísticamente hablando, mi ídolo era Iribar y el segundo Txetxu Rojo. Quería ser portero y a la vez extremo izquierda. Era zurdo de pie y diestro de mano, como Txetxu, me encantaba su clase y su elegancia. Lo de Iribar en concreto tiene que ver, no sólo con que fue el ídolo de todos y el primer cromo que todos queríamos tener, sino con que tenía muy buena relación con mi aita. Mi aita era de Indautxu pero su ama (mi abuela) era de Azpeitia e hicieron los dos buenas migas porque eran dos guipuzcoanos en Bilbao. Quizás por ello Iribar solía venir al bar. Mi aita medía 1,90 y pesaba noventa kilos, era muy parecido a Iribar físicamente y había gente que creía que eran hermanos. 


Para mi trascendía al jugador, era un señor amado y respetado por la familia. Tanto que cuando mi abuela fallece pusiero aquello de “la familia no recibe” y la única persona no de la familia que fue a la casa con mi abuela de cuerpo presente fue Iribar. Un día vino al restaurante porque Churruca, que era cliente y un hombre encantador que siempre venía con su mujer, le dijo que yo me parecía más a Iribar que sus propios hijos. Entonces le hizo gracia y vino a verme. Creo que me miró y dijo que no me parecía ni en el blanco del ojo pero bueno.


Por aquel entonces no había camisetas a tutiplén como ahora. La mía era roja y blanca con el escudo y tu ama te cosía el número a la espalda. Yo me ponía el once de Txetxu Rojo o el diez que también llevó, y alguna vez el siete de Dani y ya de máss mayor el cinco de Goiko. ¿Qué pasa?, que no había camisetas negras, las de los porteros nunca las vendían. Ibas con una camiseta negra y parecía que ibas en pijama. A decir verdad, durante años nos parecía una horterada ir al campo con la camiseta del Athletic y no se estilaba, era para jugar los niños o para tenerla en casa como un icono. Por ejemplo, mi hermano y yo íbamos al campo pero sin bufanda, sólo con los bokatas. En San Mamés los colores se mostraban gritando. Cuando ya Iribar no estaba, sí me hice una en la época de Zubi. Con quince años me compro una camiseta verde que me costó una pasta porque era de portero y de las buenas, pero siempre quise una negra y no existían. Lo conseguí ya de más mayor.


Mi ama no quería que fuéramos socios del Athletic porque, cuando mi aita empezó a librar los Domingos, nos decía “escuchadlo en la radio”. Decía que la familia tenía que estar junta, entonces el único día era el Domingo. Pese a nuestras quejas no había forma de convercerla. Cuando mi aita enferma, yo tenía catorce años, me dice mi madre: “tengo que deciros una cosa sobre el Athletic, os lo diré en unos meses”. Entonces falleció mi aita y nos dice mi ama: “por cierto, os voy a hacer socios del Athletic porque en el último año de vida de aita quedamos en eso él y yo, porque no sabemos qué va a ser de vosotros, si trabajaréis en diferentes sitios, si vuestras mujeres se llevarán bien o mal, pero cada quince días os encontraréis en San Mamés y la familia permanecerá unida”. Por eso, a día de hoy, cuando hablamos mi hermano y yo por teléfono, de lo primero del Athletic y luego lo demás.


El Athletic es una familia. Un asunto de familia. Somos un equipo que trasciende a todo lo demás. Una vez me dijo un bético que lo que más le había impresionado del Athletic fue que cuando las gabarras veía familias juntas y también a los obreros de Altos hornos y de la Naval subidos a las grúas y saludando al Athletic. No es equipo ni de ricos ni de pobres. En Bilbao todos quieren ser del Athletic o jugar allí por una cuestión de vida.



MATERIAL FOTOGRÁFICO

Foto portada: exclusiva para ´La hora del Athletic´

Foto interior: Luis Ángel Gómez

LA HORA PREMIUM

EDITORIAL

ÚLTIMO PODCAST