Huida hacia adelante

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Dicen que las prisas no son buenas, que las valoraciones sobre el trabajo realizado deben hacerse al final por aquello de huir de la precipitación, para evitar desengaños y arrepentimientos posteriores. Si hablamos de hipotéticas renovaciones debiera imperar el mismo criterio, de hecho en muchos casos los protagonistas así lo prefieren. Pero estas máximas colisionan frecuentemente con los intereses de propios y extraños. Así sucede que la directiva de turno considere más que beneficioso adelantar plazos para volver a firmar cuanto antes a su supuesto caballo ganador. Básicamente porque creen que así suman puntos, porque entienden que seguir apostando por tal entrenador o cual futbolista avalará su gestión deportiva de cara a la opinión pública. Y no digamos si un hipotético proceso electoral, siempre polarizado en el Athletic, asoma en el horizonte. Si aparecer ante una asamblea de compromisarios con la cabeza de Garitano te aprueba las cuentas previamente suspendidas en cuestión de horas, creerán en Ibaigane que renovar al top sería el espaldarazo cuasi definitivo para no cerrar un ciclo que empezó en Enero y se quemó en Marzo.


Es la clásica estrategia del gobernante. Aprovechar su mandato -hasta el límite de una gestora incluso- para adelantar plazos en según qué operaciones con una urgencia innecesaria. Sentarse en una mesa de negociación con la palabra "prisa" tatuada en la frente no parece la mejor estrategia, especialmente si tu mandato se agota. Si no te dio tiempo a completar tu obra no comprometas al siguiente. Lo vestirán de servicio al club, de consolidación del proyecto, de que no hay nadie mejor para el banquillo. Pero no es menos cierto que con un entrenador renovado, por ejemplo en Enero, eliminas del tablero electoral una de las pocas bazas posibles para cualquier plancha. ¿Sería por tanto un movimiento preelectoral?. Desconfiemos de la propaganda de que el top "se está enamorando del Athletic". Recordemos en qué contexto firmó, qué otras ofertas tenía sobre su mesa y recalculemos el mercado de entrenadores libres a la vuelta de navidades y con mayores aspiraciones que dirigir en San Mamés. Es poco probable que quien llega a Bilbao para relanzarse en un equipo trampolín y predica la exigencia como argumento principal de sus discursos, pretenda contiunar en este Athletic sin objetivos. Hace años que el club bilbaino ha dejado de ser apetecible para los mejores, también en el banquillo, por eso Marcelino sigue aquí.


Entonces, ¿debe una directiva acometer este tipo de renovaciones poco antes de convocar elecciones?. ¿Hasta qué punto puede influir la ausencia de otros fichajes con los que seducir al personal, si los futbolistas vascos más fichables ya rechazaban al Athletic cuando pasaba por Europa?. Sólo puedes intentarlo con un entrenador, como con Bielsa. Por eso ahora se antoja precipitada esta renovación. Más aún con la confirmación de que el presidente no se presentará a la reelección. Lo hiciera cuando lo hiciera Elizegi, siempre nos quedaría la duda de si busca la captación del voto o el abono del terreno para delfines continuistas con idea de continuar su proyecto. Los tiempos, Don Aitor. ¿Dónde quedó aquello de esperar a Mayo, incluso a Agosto?. Y si no fuera posible, porque los plazos de la legislatura te comen, ¿por qué no permitir que el banquillo forme parte del debate preelectoral planteándonos otras opciones menos atorrantes?, ¿por qué no preguntar a los socios después de año y medio?. ¿Acaso no sería mejor que la propuesta de Marcelino saliese reforzada de las urnas?. Caparrós esperó en un hotel a que su candidato ganase las elecciones, ¿por qué no ahora?. No hay una razón para decantarse obviando resultados venideros. Una hipotética quinta temporada fuera de Europa ahondaría en un fracaso económico al que Marcelino contribuiría por segunda vez. ¿Éste sería el mejor ejemplo de ambición?.


El Athletic afronta unos cuantos marrones mucho más relevantes que el futuro del top: la crisis post-Covid, un déficit de difícil solución sembrado por los anteriores, una caída severa en los ingresos de televisión, una masa social inflexible e insolidaria con sus cuotas, un gasto en plantilla que se sigue disparando año tras año, un descenso progresivo de su talento y una insoportable autocomplacencia. "Europa es una ilusión más que un objetivo", dijo Marcelino en verano. Con ilusiones no se pagan tantas fichas millonarias, empezando por la del propio Marcelino. ¿Cómo fingir ser competitivos sin pisar Europa?, ¿cómo perpetuar un modelo sin evaluar fríamente méritos y fracasos?. No parece apropiado planteárselo ahora si el contador de tu junta afirma que el club no es sostenible sin vender jugadores. ¿Qué opinaría Marcelino de hipotéticas ventas?, otro déjà vu. Un entrenador ambicioso no lo toleraría, no renovaría con un presidente que dice que se va. Dicho lo cual, tratándose del top ni se asomen al brasero. Dejar la pelota en el tejado del entrenador hablando en la prensa y anunciar poco después que no habrá segunda parte, tampoco pasa por ser el contexto ideal para afrontar una renovación como ésta. Encareces tu producto, hipotecas a la siguiente junta y transmites una urgencia que solo tienes tú, presidente, porque se agota tu mandato y porque buena parte de tu programa se quedará a medias. Si el finiquito de Garitano lo forzaron unos pocos compromisarios, que sean los socios -dueños del club- los que voten la continuidad o no de Marcelino.

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