Capítulo 6: Antonio Fraguas

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Antonio Fraguas, hijo del genial "Forges", te habla del Athletic de cuando era niño y por supuesto de su padre, de sus recuerdos y vivencias con uno de los athleticzales más ilustres. Un capítulo que no podía faltar. Un honor.


Sí, yo soy del Athletic, creo que por osmosis, porque lo respiré. Desde pequeñito, con ocho o nueve años, mi padre me regaló el póster de la gabarra con toda la alineación de Clemente y aquella época gloriosa. Siempre mepareció una cuestión estética, el Athletic es un equipo que se diferencia estéticamente del resto.Yo era más futbolero antes, en general el Athletic es un equipo muy sentimental que en cierta forma -y esto es paradójico- está un poco desligado del tran-tran diario, del cotilleo de qué ha pasado en los vestuarios, no da tanto juego para culebrones paralelos. Y en lo deportivo tampoco es un equipo acuciante de no poder perderte lo último, es como una relación estable y fiel donde cada uno sabe lo que quiere y estamos contentos.


Por cuestiones de tiempo uno se acaba desconectando, cuando eres chaval puedes seguir más de cerca todo, coleccionar cromos, se vive de otra manera. Ahora, cuestan más las emociones en general pero ya te digo que la tanda de penaltys con Unai Simón pues... fue bastante tralla, la verdad. Mi primer recuerdo athleticzale fue de antes de que yo naciera. Cuando mi padre ya era muy forofo del Athletic, una vez conoció a Iribar. Por mi casa circulan unas fotos en blanco y negro de mi madre embarazada de mi, en un terreno de juego, chutándole un penalty a Iribar. Y ¿tú qué crees que hizo el Txopo?, claro, se tiró para el otro lado. Cuando ya vienes al mundo con esa anécdota, pues ya está, qué más quieres.


Mi primer Athletic fue el de Clemente y Zubizarreta, el de mi padre fue el de Zarra, otros tiempos. Yo tenía otro vínculo emocional con el Athletic que eran las crónicas de Rodrigálvarez en El País, que aunque te hubieras perdido el partido leías aquello y te daba toda la inspiración y el sentimiento, también las críticas que se podían hacer. Bueno, y Santiago Segurola, por supuesto. Esos han sido mis pivotes sentimentales. El periodismo deportivo nunca fue mi pasión pero sí me ha encantado leerlo porque te permite una literatura y una riqueza en el lenguaje vedadas.


Mi padre era el único del Athletic en su familia, aunque tambén es verdad que es un club muy querido en la península por muchos trabajadores que fueron al País Vasco, la gente es hospitalaria, las pasiones se comparten y mucha gente se volvió siendo del Athletic. Como también era popular en Madrid el frontón o el boxeo. A mi padre le puedes pillar en alguna entrevista diciendo “el Bilbao”. En Madrid tenemos al Atleti y no le pidas a un madrileño mucho esfuerzo en estas cosas. Para diferenciarlos tienes que decir muchas palabras y por eso se dice el Atleti y el Bilbao. Por supuesto que ya todos somos de estricta observancia y decimos Athletic club.


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Mi padre te contaba su pasión por el Athletic intentando ser humilde pero no podía evitar esta cosa de orgullo y un poquito de superioridad moral. El Athletic conserva el señorío y la deportividad ante todo. El gentlemen de los ingleses. Yo tengo una hermana muy del Madrid, entonces en cualquier discusión familiar el Athletic para mi padre era otra cosa. No gana tanto, ya, pero es otra apreciación del fútbol.


Nos contaba miles de cosas. La más emocionante era aquella en la que el mejor portero del mundo era “la araña negra”, Yatzin, y que en un partido de selecciones le entregó los guantes a Iribar nombrándolo como heredero. Y que desde entonces, eso creo que es un poco leyenda, Iribar empezó a vestir de negro. Eso para un niño, como era mi padre, era como “ostia, el rival te entrega los guantes”. Fascinante. Tuvo la suerte de poder pasar de forofo que se queda embobado a conocer a una especie de compañero en algún plató de televisión o alguna emisora de radio. Y al empezar a tenrer fama pues Iribar sabía quién era. Es la ocasión de conocer al mito y de poder humanizarlo. Es de carne y hueso como yo y encima una persona fantástica.


Mi padre viendo al Athletic no era reposado. Era de éstos que a veces dejaba de mirar la televisión: “yo no puedo ver esto”, a veces se ponía enfermo en momentos de mucha tensión pero es verdad que se le pasaba enseguida. Tenía esta cosa paternal con su hijo, el Athletic, sufro pero lo apoyo para bien o para mal. No pasa nada si no ha salido como quería porque estamos por encima, esto es otra cosa. Si encima se ganaba, pues todos los chistes que hizo. Él tiene uno muy famoso de un hincha celebrando como un loco y la mujer diciendo “vaya, y si hubiéramos ganado qué habría sido”. Tiene muchas viñetas del Athletic y de San Mamés como santo.


La afición de mi padre por el Athletic empieza en Bilbao. Cuando trabaja en TVE, a donde entró muy joven con catorce años, de chico de los recados, debían ser finales de los años cincuenta, se estaba montando la infraestructura técnica de la televisión y lo mandan pocos años después para Bilbao a montar una de las antenas del monte Sollube. Vivió varias semanas en Bilbao, subiendo al monte en todoterreno y con aquella relación con operarios del Athletic comienza su afición yendo al campo alguna vez. Ya fue para allá medio converso y se volvió de Bilbao converso del todo.


Recuerdo que nos hablaba mucho de lo impresionantes que eran los silencios en San Mamés, que ahí quizás puedas entender lo de “la Catedral”, y cómo se podía llegar a aplaudir al rival si hacía una jugada memorable. Mi padre traslaaba esto en el Athletic y en otros ámbitos de su vida, esta cosa de tender puentes, del rival es rival deportivo, de que por encima de todo está la deportividad. Tenía una visión de la vida bastante deportiva. De aceptar la derrota y saber ganar sin ser soberbio. El fútbol y el Athletic para mi padre eran muy importantes para sobrellevar otras cosas. Para alguien como él, que trabajaba con la cabeza 24 horas al día, teniendo una presión importante de dar la cara y de la viñeta diaria, esos noventa minutos de fútbol, de dibujar con la radio puesta, eran vitales para nutrir lo otro, para descansar y después poder funcionar. Para ello necesitaba al Ahtletic.


De pequeño se ponía siempre Radiogaceta de los deportes, a veces Carrusel deportivo, y recuerdo estar con él mientras yo hacía los deberes con la radio puesta.


Mi padre tenía una camiseta dedicada por Zarra que no sabemos dónde está y es un disgusto grande que tiene mi madre. Yo tengo varias heredadas de él y firmadas por plantillas distintas. Tenemos un banderín que le regaló un peñista con discapacidad de una peña de Extremadura que fue de público a un programa de radio donde participaba mi padre. Le regalé una alineación del Athletic de soldaditos de plomo en el terreno de juego. Tenía un pin, la insignia oficial que le darían en algún acto y de muchas peñas. Mi equipación favorita, que tengo como oro en paño, era aquella segunda, negra, con el león plateado.


En el año 82, mi padre hizo una colección de los Mundiales de fútbol y allí dibujó a todos los futbolistas de entonces. Y además les ponía nombres: a Alexanco le llamaba “alestanco”, a Zubizarreta “Zubimaleta”, a Arconada “Arcomanta”... luego evolucionó y a Casillas le llamaba “Cantillas”, siempre de esa manera.


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La forma en la que el Athletic despidió a mi padre fue como si te dieran un abrazo en la distancia, porque verle aquella foto en la pantalla gigante del estadio, vestido con la zamarra, fue muy emocionante. Recuerdo que ponía “descanse en paz” en Euskera. Además, mi madre es de origen guipuzcoano y siempre más de la Real, pero bueno, siempre rivalidades sanas, pero sí conserva poco de Euskera porque se crió con dos tías suyas que eran euskaldunes. Fue como un abrazo de la gente, el Athletic es su gente.


Se vive con envidia al Athletic en la distancia. Hay gente privilegiada y a lo mejor no es tan consciente. Se vive como un privilegio al que no accedes pero también con más intensidad, al no vivir las calles y el ambiente de los bares tienes que cuidaarlo y potenciarlo más.


De mi padre y su afición por el Athletic me ha quedado la idea de deportividad y esa socarronería de que, de alguna manera, estamos compitiendo con un brazo a la espalda. Y no bajo a segunda. Si está el Athletic, contra el Madrid o el Barça, el partido también es un clásico porque ninguno bajó nunca de categoría.



MATERIAL FOTOGRÁFICO

Fotos interiores: publicadas en diversos medios

Foto portada: cedida por Toño Fraguas

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