Con la Supercopa no basta

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¿Se puede aprobar una temporada de 46 partidos por haber ganado un título en dos?. Pues sí, la mayoría de opinadores consideran que los últimos nueve meses pueden resumirse en una edición de bolsillo. Para esto es indiferente caer en el resultadismo, aferrarse a la única parte positiva por remota y breve que haya sido. El aprobado o la matrícula se sostienen en la importancia de un título que cualquier athleticzale habría cambiado a ojos cerrados por levantar una Copa en Abril o Mayo. Tal vez por eso, Marcelino puntúe su media temporada y la de Garitano diferenciando competiciones. Es mucho más fácil e injusto suspenderte por media Liga cuando la otra media corresponde a otro cuerpo técnico. Es mucho más ventajista y autocamplaciente otorgarte la puntuación más alta por ocho partidos (Copa y Supercopa), pese a que cinco te condujeran a la frustración de perder sin competir en los dos más importantes de cuarenta y seis.


¿Somos más complacientes con el de fuera porque no toleramos al de casa?. Pues sí, se multiplica nuestro umbral de tolerancia con el entrenador cuyo vínculo con Lezama y el Athletic es inexistente, nuestra predisposición a su error es enorme si le precede un currículum determinado. Si proviene de Lezama, le permitiremos dirigir al primer equipo un año, catalogándolo de "transición"; mientras que si fuere asturiano o argentino será la base de un largo y sólido proyecto. Y con el futbolista pasa lo mismo. Toleramos y relativizamos los fallos del fichaje y castigamos con dureza los de nuestro canterano. Sobredimensionamos el producto ajeno y estigmatizamos al propio. Seguimos pensando que quien cuesta dinero aporta un valor que no estamos tan dispuestos a esperar de un cachorro por prisas y prejuicios. Primero el mercado, luego los chicos.


¿Por qué de repente son los futbolistas los únicos responsables del fiasco?. Debiera sonar contradictorio que quienes califican de aprobado o notable la temporada señalen a alguien como culpable y no como artífice del supuesto éxito. Pero ocurre. Es fundamental cambiar el objeto pasivo de las críticas por una mala temporada pese a que solamente se haya sustituido al del banquillo en plena partida. Hace seis meses el culpable era el entrenador, ahora los jugadores y no todos. Por desgracia para cierta propaganda nada ha cambiado (a mejor). Más allá de un puñado de lejanos partidos, los problemas y las carencias no se han solucionado con un entrenador de fuera. En poco tiempo pasamos de cesar al entrenador porque mermaba el potencial de la plantilla a querer limpiar la plantilla porque no dan la talla con otro entrenador. Si el mister es exógeno son los millonarios prematuros, si es bizkaino o navarro son excelentes talentos entrenados por incapaces. El bucle es tramposo.


¿Nos da miedo reconocer fracasos y señalar a todos los responsables?. El buenismo es selectivo. No nos duelen las mismas prendas si le damos un palo a un cachorro o a un veterano muy bien pagado. Si el primero falla un gol le condenamos sin respeto, si el segundo falla mucho y marca muy poco aceptamos excusas tales como que no es goleador ni rematador, empatizamos con él. Si el portero falla una y mil veces nos cuesta reconocerlo, buscamos la vuelta de tuerca ponderando virtudes que llevan tiempo sin asomar. Fue tan traumático asumir la marcha de los dos que estaban por delante en la portería, que parece que todo vale y nada cuesta con el que ha quedado. Sabemos de las consecuencias o repercusiones de nuestras palabras y medimos fuerzas. Actuamos como el entrenador bienqueda con los cambios de cada partido. Nos cortamos dedos y hasta manos para darle un palo al "vaca sagrada" pero no dudamos en aplicar beligerancia contra el que vino para aprender.


La temporada es de suspenso incluyendo a Marcelino. Porque el Athletic fue muy irregular, porque la segunda vuelta fue muy pobre y decadente, porque Europa se quedó demasiado lejos sumando 22 puntos en 19 partidos, y porque eliminar en la Copa a cuatro equipos de menor potencial no da para aprobar si pierdes dos finales dando pena. El principal error de Marcelino fue la gestión de la plantilla, la que se cargó en mes y medio. Las explicaciones de Iñigo Martínez de su renuncia a la Euro las suscribirían desde Febrero muchos compis de vestuario. El Athletic de Marcelino y el mejor de Bielsa perdieron dos finales sin competir, destrozaron al equipo física y mentalmente, y acabaron sus Ligas con 45 y 46 puntos respectivamente. El primer año del bienio negro también acabó con 45. Escasos en ataque y peores en defensa encajando 13 goles más en esta Liga con respecto a la anterior. El problema no era sólo Garitano. ¿Hace cuánto de la última temporada buena buena y sin matices?.

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