La leyenda de Marcelino

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¿Humo o realidad?. "Narración popular que cuenta un hecho real o fabuloso adornado con elementos fantásticos o maravillosos del folclore, que en su origen se transmite de forma oral". Si nos atenemos a la definición de leyenda, la del entrenador top del Athletic se ajusta a la perfección con lo visto desde la Supercopa. El hecho real es que, desde entonces, el Athletic sigue en caída libre y los empates sólo se interrumpen con derrotas traumáticas. La fábula de la Supercopa ha dejado paso a una sucesión de bodrios y partidos infumables que alcanzaron su más desagradable zenit en la final del Sábado. El folclore popular infló la leyenda de Marcelino. Ahora toca reubicar al mito sin adornos ni fábulas. Doloroso pero necesario.


Principal responsable. Del mismo modo que fue erigido en héroe, ahora le tocará ser villano. Su errático planteamiento y su exasperante discurso tampoco le ayudan para la redención. El entrenador top volvió a mostrarse incapaz de enderezar el rumbo de su equipo y apenas pudo responder en rueda de prensa argumentando que su Athletic no fue avasallado por el rival. Lento en los cambios, rígido con su falible sistema y superado por el técnico rival. Marcelino el top fue derrotado, otra vez, por la pizarra contraria recuperando las versiones más flojas e irreconocibles de todos sus futbolistas. Esta final le retrata, le deja especialmente señalado ante quienes le colocaron en el altar equivocado. Marcelino también pierde y preocupan mucho las formas. La flor se acabó. Y ahora, ¿qué?.


Precedentes elocuentes. Ni los resultados previos ni las sensaciones aconsejaban el más mínimo atisbo de optimismo basado en datos ciertos. Sólo una extraña fe nos movió a creer que sería posible. Si recordamos los últimos partidos del Athletic antes de la final, si no hemos vivido durante semanas en la misma burbuja del entrenador top, reconoceremos al Athletic del Sábado en muchos otros partidos con el gurú asturiano. La misma versión, la misma puesta en escena, la misma sensación de impotencia. ¿A cuándo se remonta el último gran partido completo de los rojiblancos?. Este Athletic no engaña a nadie, es incapaz de superar la prueba del algodón. Es un equipo a la baja que sigue cometiendo los mismos errores del pasado. Poco o nada ha cambiado a mejor con el paso del tiempo. La leyenda de la Supercopa ya no consuela.


Errores groseros. Mientras unos cuantos se encargaban de vender que las últimas puestas en escena previas a la debacle del Sábado eran simples entrenamientos de remota importancia, Marcelino el top aseguraba, día sí y día también, que los errores groseros de cada partido no se repetirían en la final. Su argumentario era pobre, basado en esa fe sonriente del que espera resultados diferentes practicando lo mismo. Algunos lo llaman detalle. El error grosero sigue decidiendo partidos en contra del Athletic de Marcelino. El Sábado fue Yeray pero la lista de damnificados tras cada partido es terrible. ¿En qué ha mejorado el equipo tres meses después?. Después del truño ante el Eibar, el técnico top se preguntaba en público por qué su equipo desaparecía en los partidos. Es más que probable que siga sin encontrar respuestas. Lógico.


La flor se marchita. Algunos lo veníamos avisando. El Athletic de Marcelino vive de la suerte en momentos puntuales y este aliado no es fiable a medio plazo si tu propuesta futbolística es pobre y decepcionante. Lo cruel de la flor es que te abandona cuando más la necesitas. Pero en el fútbol como en la vida hay que trabajarlo todo, también la suerte. Viendo el partido del Sábado, como otros tantos con Marcelino el legendario, cuesta creer en la efectividad de una propuesta discutible. No es serio ni factible tratar de sobrevivir a base de remontadas, goles en el último suspiro y eliminatorias ramplonas. Y mucho menos optar a convertirlo en un modo de competir. A falta de fútbol y sin la suerte de Enero, el Athletic de Marcelino aspira al sueño de otra final, ciertamente complicada, y a la penitencia de un final de Liga marcada por el abandono, la intranscendencia y la desidia.


No me gusta Marcelino. Lo dije mucho antes de su llegada, lo dije cuando ganó la Supercopa y lo digo después del desastre y el ridículo de la Copa. Tres meses después vamos viendo en qué consiste su idea futbolística y qué resultados ofrece. ¿A esto quiere la afición reducir el potencial del Athletic?. Hasta ahora, Marcelino ha vivido de la herencia de Garitano, jugando la Supercopa y la final de Copa que el anterior cuerpo técnico consiguieron con mérito y esfuerzo. Pero la evolución del juego del equipo no invita para nada al optimismo. Nadie sabe ya a qué se juega y la única certeza de cada sentada frente al televisor es que casi todos los rivales te harán gol. Ésta es la auténtica versión del entrenador que iba a mejorarnos a todos en poco tiempo. Mucho humo, discursos populistas y nada de fútbol. ¿Es ilusionante este Athletic?. ¿Queda tocado Marcelino?, ¿será capaz de corregirse y enmendarse a sí mismo?. No me gusta Marcelino. Bienvenidos al barco "realidad" a todos los nuevos desengañados. La leyenda se acabó. Que a nadie se le ocurra volver a pasar página sin conclusiones certeras ni análisis rigurosos.

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