El "pueblo" contra Garitano

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Contexto. Vivimos una Liga rara, desnaturalizada, innecesaria. Vivimos un momento en lo individual y colectivo ciertamente complicado, incierto y repleto de tensiones. Parece que ambos mundos se conectan. Acabaríamos mucho antes si nombrásemos a los entrenadores de primera división que no están o han estado cuestionados en poco más de diez jornadas. En algunos casos, como el que nos ocupa cada semana, mucho antes de echar a rodar la pelota después de una absurda pretemporada de apenas dos semanas con positivos por Covid y todo lo que ya se relató. El Athletic ha llegado a un punto difícilmente sostenible. Cuando se gana y se juega bien al fútbol la autoría es de un puñado de futbolistas, cuando se pierde y la puesta en escena no convence a nadie es todo cosa de Garitano, es muy malo y hay que cesarle con urgencia para poner a nadie se atreve a decir quién (y mira que lo preguntas). Lo que valía y convencía hace dos partidos se torna en enfado y desesperación dos jornadas después. Al inicio de esta temporada le pedí a Garitano que moviese piezas, que tomase decisiones. Y es justo reconocerle que lo ha hecho. Del once titular que todos repetíamos de memoria ha cambiado la mitad de las piezas. El centro del campo ya no es exclusivo de Dani García ni Unai López, la mediapunta tampoco es propiedad de Raúl García. La banda izquierda tiene otros inquilinos. Hasta la delantera cuenta con los servicios de aquel canterano que la opinión pública demandaba. ¿Cuánto tiempo le daremos a tantos cambios?. ¿Nos hemos cansado ya?.


Filtraciones. Recuerdo que esta directiva contaba con unas cuantas espadas de Damocles y que una de ellas apuntaba a la parcialidad comunicativa. Es decir, a que rompería con el supuesto "silencio stampa" de los anteriores. Se veía muy mal, y no niego que con parte de razón, que filtrasen informaciones a los medios más "afines". En cambio, si algunos directivos son contrarios al fichaje de Llorente les salen defensores de debajo de las piedras y nadie cuestiona su derecho a la privacidad y al anónimato en el contexto de una votación interna. Si algunos directivos filtran su hastío con Garitano, en repetidas ocasiones, no se cuestiona a quién se larga sino que se aplaude el contenido de dicho mensaje. ¿Ahora sí estamos de acuerdo con este modus operandi?, ¿de qué depende?. Al parecer, el penúltimo desencanto de algunos mandamases del club se desencadenó -todavía en caliente- tras la rueda de prensa de Garitano del pasado Viernes. No les gustó que el técnico rojiblanco dijera que tal vez su equipo no tenía potencial para conseguir varias victorias consecutivas, ni que jugar con gente joven y sin experiencia es un peaje que hay que pagar, ni tampoco que el Celta tiene más futbolistas con entorchados internacionales que el Athletic. Es probable que Garitano se equivocase al comentarlo en público y es cierto que en algunos casos llueve sobre mojado con su sincera incontinencia, pero de ahí a que haya humillado al Athletic -tal y como he leído por ahí- va un trecho exagerado y predispuesto a la autofragelación voluntaria y el victimismo. Otro asunto, no menos mollar, sería discutir si un entrenador que duda del potencial de su equipo sería el más adecuado para tratar de sacarle su máximo rendimiento. En algunos casos ya ha actuado, mostrando a más de uno la grada de San Mamés (los García por ejemplo) o dejándole directamente al margen de sus planes (léase Córdoba). Claro que hay potencial para sacar resultados, la temporada pasada fueron capaces de ganar dos partidos de Liga seguidos en dos ocasiones y de sumar tres victorias consecutivas en otra más.


Si hablamos de fútbol y aparcamos nuestras bilis por un momento el debate sería más interesante. Garitano cambió de piezas y de propuesta contra el Betis. Sorprendió a propios y extraños aunque nadie le reconociese su laxitud y su osadía al jugarse supuestamente el puesto con la triple V (alguno de ellos denostado hace tiempo). La nueva puesta en escena ha ido de más a menos, y debemos reconocer que era previsible y razonable que sucediese. Entre otras razones porque al entrenador del Celta le ha bastado con dos partidos para analizar y neutralizar este nuevo protocolo ofensivo. Por eso, uno de los reproches más justos a Garitano venía por su rigidez táctica, por hacer siempre lo mismo con los mismos. Eso lo ha cambiado. La partida continúa y deberá seguir ajustando para seguir sorprendiendo. No basta con echarle valor y mantener a Vencedor contra el Getafe, aquellos tiempos en que casi todos los técnicos rojiblancos jugaban siempre igual y apenas rotaban han tocado a su fin o eso se intuye. Bienvenida esta nueva exigencia que algunos echábamos de menos cuando con otros gurús ni se planteaba. El Athletic ha pasado de tener un buen once y reconocido por todos -hace un año sus números invitaban a presumir de sistema defensivo- a verse obligado a rehacerlo con mano dura a excepción de la defensa, donde los errores del portero de Luis Enrique y la baja forma continuada de los laterales tampoco ayudan a la estabilidad del grupo. En esta Liga de calendarios imposibles -no les cuento lo de este mes y el siguiente- ganabas en Valladolid y dabas un salto gigante, ganabas al Getafe y dabas otro estirón, ganabas al Celta y volvías a rozar puestos europeos. A lo mejor sea cuestión de que sólo llevamos diez partidos y que nada está decidido. La segunda parte de Getafe y la del Celta nos devuelven a un viejo debate, ¿qué hacer cuándo te presionan y te roban la pelota?. ¿Renunciamos a perderla en campo propio como intentó Valverde o seguimos insistiendo como empezó Bielsa?. Esto sí es fútbol, lo otro es otra cosa.

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