Reflexiones pendientes

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"Son muy jóvenes, millonarios prematuros, no tienen problemas, no les importa mayormente lo que va a pasar porque todo el mundo tiente resuelto lo que va a pasar". Así despachó Bielsa a su plantilla después de perder las famosas finales. Un año después salvó la categoría en Zaragoza a falta de dos jornadas. No es casualidad que a similares resultados, por malos o decepcionantes que parezcan, nos posicionemos de parte de un entrenador o en contra de otro, que defendamos el supuesto potencial de la plantilla o reconozcamos que la filosofía abarata la rojiblanca a muchos que ni en sueños en otros clubes de similar presupuesto. La dinámica del Athletic actual se remonta años atrás y continúa siendo preocupante, tal y como la dejamos correr sin agobios cuando decidían otros. Garitano es el último eslabón de una discutible política de entrenadores para el Bilbao Athletic, de encubiertos apagafuegos con posibilidades si el titular del primer equipo (a veces la segunda o tercera opción del presidente) tampoco funciona. Su principal valor, el mérito reconocido por todos, fue recuperar sobre la marcha un sistema defensivo suficiente como para no descender. Consiguió eso y mucho más. Pero es evidente que la fuerza de aquel revulsivo se ha ido apagando. Su propuesta sigue recibiendo muy pocas ocasiones de gol, pero de un tiempo a esta parte todas acaban en la red. Apenas queda rastro de aquella intensidad con la que todos se empleaban cuando había que luchar para salvar a la institución y su prestigio. Tres años rozando Europa sin conseguirla han traído relajación y una recurrente pérdida de memoria colectiva de cómo y por qué acabaron otros ciclos, léase Bielsa o Valverde. Esta nueva crisis sólo la pagará el entrenador si los próximos resultados no "le" acompañan. Es la única alternativa, la que venimos repitiendo sin éxito los últimos años. Así nos va y no es por casualidad.


Al Athletic le falta una idea de cómo quiere jugar, a ser posible clara y diáfana. Desde alevines hasta el primer equipo. Sin bandazos ni improvisaciones que traten de confundir al personal con que es lo mismo Bielsa que Valverde, Ziganda que Berizzo, o Berizzo que Garitano. Miremos de reojo a la Real Sociedad. Allí saben al milímetro a qué quieren jugar, con qué perfil de entrenador y no dudan en subir canteranos porque ya conocen los mecanismos. Por cierto, con extrabajadores de Lezama en sus despachos previamente repudiados en Lezama. Algo muy de base sigue fallando en este Athletic. El genio Aduriz y algunos resultados más bien milagrosos taparon muchas carencias de juego y confección de plantilla (fichajes frustrados, ofertas rechazadas, versiones contradictorias...). La "nueva" realidad ha destapado tantas grietas desatendidas hasta ahora que parecen imposibles de disimular con otro cambio de entrenador. Y mucho menos sin un criterio claro, coherente y convincente. La sombra de otro "bienio negro" sigue planeando con parecida intensidad de cuando, en puertas de las últimas elecciones, casi nadie quería hacerse cargo del muerto con el gurú Berizzo. Hace demasiado tiempo que no llueve a gusto de la mayoría y no es solamente culpa del último en llegar. Tal vez sea hora de reflexionar lo pendiente, de hacer frente a lo que el tramposo recuerdo de lejanas clasificaciones europeas nos hurtó caprichosamente del debate. ¿A qué queremos jugar?, ¿con qué sistema?. Dejémoslo claro antes de buscar al director de orquesta más apropiado para seleccionar al personal, a ser posible más allá de brazaletes, jerarquías o DNIs. Si seguimos alterando el orden de las decisiones seguiremos exigiendo nuevos cambios de entrenador porque ninguno funcionará. Tenemos tiempo, oiga. Otros cien años más o menos.


¿Hay que echar ahora a Garitano?. Díganme si la alternativa sería, otra vez, el técnico del filial o si tenemos libre en el mercado de "entrenadores milagro" a alguno de su gusto, a ser posible que no pida refuerzos y convierta el agua en vino para que Muniain y Williams se transformen en goleadores. Intuyamos las respuestas. Por otra parte, el enésimo intento de retorno frustrado de Llorente ha dejado demasiadas dudas y unos cuantos señalados por el camino. Nos preguntamos quién manda en el Athletic, quiénes son los de la "comisión deportiva", por qué unos señores sin nombre ni conocimiento futbolístico reconocido bloquean un fichaje tan controvertido. Recuerdo aquel verano de 2012. Aquellas trifulcas de gruesas palabras en Ibaigane a cuenta de Bielsa y su monólogo contra Balzola. Entre quienes presionaron para su despido fulminante y quienes no se atrevieron a cesarle por su elevado finiquito y por no hacer frente a la beligerante opinión pública. Recuerdo a quienes exigieron consulta a los socios por el fichaje de Bibiana para el femenino. Poco o nada ha cambiado. Sólo la crispación y la polarización, que van en aumento, proporcionales a la frustración por algunos resultados deportivos. La etapa de Llorente en el Athletic terminó desde que unos y otros la hicieron saltar por los aires sin opción emocional de retorno. Me pregunto cuál será la conclusión de quienes nos vendieron que Williams era el sucesor de Aduriz, cuál ha sido -durante años- el trabajo en Lezama para no asegurar un candidato plausible e insistir con Llorente con casi 36. El panorama actual es muy preocupante: el presidente contradiciendo a su director deportivo mientras éste no recuerda lo que dijo pocos días antes, una plantilla insatisfecha en sus demandas y otro entrenador en la cuerda floja. ¿Para cuándo un debate a fondo sobre la producción de Lezama y la escasa confianza de los entrenadores del primer equipo?.

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