Los minutos de la cantera

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La penúltima acusación contra Garitano habla de su escasa confianza en la cantera. Es probable que algunos se acuerden de la supuesta filosofía rojiblanca ahora que parte de la camada que reconcentró muchos minutos durante muchas temporadas va tocando a su fin en el primer equipo: Susaeta, Iturraspe, Mikel Rico, Beñat, San José, De Marcos, Aduriz, Balenziaga... por no remontarnos algunos años más. Aquellos que durante una década bloquearon con motivos la progresión de otros mientras Bielsa apenas tiró de Lezama (sólo con Laporte y por el tira y afloja de Amorebieta con Urrutia), o mientras Valverde se cargaba a Erik Morán en la primera jornada por un error frente al Celta y volvió locos a Beñat de mediapunta o a Unai López, Guillermo y Viguera en banda cuando tenían otros perfiles. Y qué decir de Berizzo y su apuesta fallida de renovar el once y dejar a ilustres en la grada incluso. Le duró muy poco. Las auténticas camadas de los últimos años perduraron en el primer equipo, las que venían supuestamente de abajo quedaron reducidas a unas cuantas historias escogidas. Lo que Garitano tiene en el Bilbao Athletic para mejorar el primer equipo es una suerte de futuribles sin experiencia. Y no sólo en la élite. Si comparásemos la plantilla del filial de hace dos temporadas con la actual, sólo repiten cinco futbolistas: Areso (fichado de Osasuna), Sillero, Baqué, San Bartolomé (los tres con paso testimonial por el Basconia) y Guruzeta (de vuelta tras su grave lesión). Apenas cuatro cachorros de Etxeberria pueden considerarse veteranos de la Segunda B sobrepasando los 50 partidos de titular en la categoría: Areso, Vencedor, Ezkieta (fichado) y Sillero. Por cierto, ninguno de ataque. Ésta herencia también viene de atrás.


Hace unos añitos que el Athletic sólo importa talento para la retaguardia. La excepción de Raúl García confirma la regla de los fichajes con pasado formador guipuzcoano de los Capa, Yuri, Iñigo Martínez y Dani García. En la vanguardia poca cosa de garantías contrastadas si hablamos de Kodro por ejemplo. En cambio, a Bielsa le habían traído el verano anterior a su llegada a Ánder Herrera e incluso se permitió el lujazo de decir que no contaba con Aduriz cuando Urrutia se lo fichó. El gurú dispuso seguramente del mejor once en tiempo, trabajado y gestionado con mimo años atrás. A Valverde le ficharon y bien con aquella operación retorno, similar y hasta más provechosa que la que potagonizó Caparrós en su primera temporada. Jugadores con experiencia para un equipo en horas muy bajas. ¿Qué le han fichado a Garitano en año y medio?, ¿y para la temporada que viene?. Por cierto, mucho se elogia a quien sube en dos años a un club histórico y con generoso presupuesto en el Reino Unido, pero muy poco se dijo cuando otros subieron al Eibar con cuatro kilos en las arcas desde más abajo y en tiempo récord. Con aquel presupuesto del club armero de Garitano en Segunda no pagas al tupido cuerpo técnico del argentino. La breve y penosa andadura en Bilbao de su versión de Aliexpress sólo se explica desde la guerra entre Amorrortu y Ziganda y el bullying del vestuario a la gestión física de su preparador físico. ¿Qué habría sido de Valverde en su segunda etapa sin el talento y los goles del mejor Aduriz?, muy pocos se atreven a dudar de que su magia eclipsó muchas carencias que todavía a día de hoy perduran y lastran al club rojiblanco. A la sombra del zorro vivieron muy bien unos cuantos, empezando por los gestores. Ahora es el momento de Villalibre, con la venia de los dos pírricos goles en toda la segunda vuelta del nueve más caro de la historia rojiblanca. Con la mitad de calma y paciencia que se tuvo con Llorente sería suficiente.


¿Qué hace Garitano con Lezama?. Cinco ejemplos. Unai Simón llevaba siete partidos de Liga cuando llegó Gaizka, ahora acumula la experiencia de 34. Unai Núñez apenas alcanzaba los 40 entre Ziganda y Berizzo (que lo desterró), con la llegada de Garitano suma casi 30 en Liga y ha sido titular indiscutible en la Copa hasta la final. Mikel Vesga apenas había gozado de confianza entre cesiones y pocos minutos, con Gaizka ya suma veinte partidos de Liga y un hueco en el primer equipo. La misma situación que Unai López, al que también le tocó picar piedra en clubes de Madrid porque ni Valverde ni Berizzo le dieron cariño. Con Garitano ya suma más partidos que con los dos técnicos anteriores. Éstos dos cachorros son los que les pasaron por la derecha a Beñat y San José, ley del fútbol. Iñigo Córdoba debuta con Ziganda pero es Garitano el que le da su sitio con 43 partidos en Liga, nueve más que antes. Para explicar la entrada lenta de Villalibre debemos recurrir a la última renovación de Aduriz que nadie discutió, para explicar la de Sancet nos bastaría con aquella grave lesión o recordar cómo gestionó Caparrós el debut de Muniain o Valverde el de Iraola. Eran otros tiempos, había carencias, nada que fichar para aquellas posiciones y un angustioso pasado reciente en común. Como con Garitano, que su primer objetivo fue no bajar a Segunda por la herencia de Berizzo. Y luego lo del sistema de tres centrales y Núñez con su chantaje. Obviaremos sus pésimos resultados pero no las consecuencias para unos cuantos jugadores de banda. Si le sumamos el fracaso de Williams como nueve y su vuelta a la banda en detrimento del falso nueve Raúl García, podremos explicar los casos de Ibai Gómez -cabeza de ratón en el Alavés con Abelardo y cola de león en un Athletic que no juega sólo para explotar sus virtudes porque para eso hay otros cracks en plantilla- y de Larrazábal -uno de tantos, como en su día Nolaskoain, Vivian o Aketxe, que terminaban su periplo en el filial y el club decidió darles un dorsal en el primer equipo sin tener claro su rol-. La cantera no caduca ni empieza en el filial más reciente, a veces su recorrido es mucho más largo y así debe de ser. A veces abres el foco y te llevas sorpresas, aunque no te convengan.

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