Europa tampoco, otra vez

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Otro año sin Europa, y van tres seguidos. Igual se trata de una racha más, igual hay que ir atando cabos de la cuesta abajo clasificatoria. Tal vez no sea cuestión de entrenadores solamente. Probablemente sea el momento de redefinir el objetivo europeo y pisar suelo firme. Aquellas temporadas excepcionales ya pasaron. Aquellas en las que se habilitaban más plazas que nunca para viajar por el viejo continente, aquellas en que algunos clubes de la Liga ganaban torneos europeos y eso facilitaba la labor, aquellas en que un tal Aduriz camuflaba muchas carencias con su talento y sus riadas de goles. Discrepo con que no valoramos lo conseguido, sospecho que no se hicieron todos los análisis propios de una época de cambio que ya terminó. Hasta hace bien poco escuchábamos que bastaba con pelear Europa porque era una ilusión, igual que ganar la Copa o incluso alcanzar su final. Aquella falta de ambición no se subsana colocando objetivos que se volvieron desde hace tres años casi inalcanzables. El conformismo y una ceremonia de la confusión mediáticamente orquestada han equivocado el aumento del presupuesto con una mejora sustancial de la plantilla. La realidad nos demuestra que de calidad vamos justitos y de solvencia mucho más. Lo dijo muy certeramente Garitano el pasado Jueves, hablando de la calidad de sus delanteros. "Los equipos contra los que luchamos para llegar a Europa tienen mayor potencial que nosotros". Basta con repasar la nómina de goleadores de Villarreal, Getafe o Real Sociedad para comprobar que con los seis goles de Williams y los cinco de Muniain no vamos muy lejos.


Tampoco eso de la Europa League es la quimera que algunos venden. Para empezar porque jugar tres previas en este verano tan corto de tiempo no parece la mejor opción para empezar a preparar la siguiente. Sobre todo en un Athletic que acabó muy cansado en Marzo después de disputar dos prórrogas con penaltys en Copa y que evidenció los mismos síntomas cuando tuvo que remar con diez contra un Leganés repleto de suplentes con chispa. Al bloque físico y ordenado de Garitano se le ven mucho las costuras en cuanto la gasolina escasea y unas cuantas piezas de su engranaje pasan por boxes o cumplen sanción. Al final, te encuentras en dos de las tres últimas jornadas teniendo que pelear el objetivo de toda la temporada con Herrerín (el portero que defenestraste en la semifinal de Copa), De Marcos y Balenziaga (los renovados por una gestora), Núñez (el que se quería ir lo antes posible), Mikel Vesga (el tercero en discordia de la nueva medular), Sancet (que hasta hace dos crónicas estaba falto de chispa para jugar muchos minutos) y una breve retahila de supuestos delanteros (Williams, Muniain, Córdoba...) incapaces de seguirle el ritmo a Raúl García. Tampoco ayudan ni la concentración de partidos en pos del negocio privado, ni los cinco cambios que sólo benefician a las grandes plantillas. Elementos estos mucho más perjudiciales a corto y largo plazo que el VAR y de los que casi nadie habla. Volver a Europa puede ser un salvavidas para una economía de club maltrecha por la gestión precedente, pero a nivel deportivo más se parece a un marrón cuando tu fondo de armario sigue sin ofrecerte garantías ni confianza. Y esto también viene de atrás.


El Athletic postconfinamiento se asimiló al microondas. Funcionaba bien cuando se calentaba muy rápido y sacaba rédito en el marcador. Así encarriló sus partidos frente a Betis, Mallorca, Valencia y Levante. Marcando primero y marcando muy pronto, lo ideal para poder remar con viento de cola buscando el error o la debilidad del adversario. Si no llegaba el gol del primer cuarto de hora, si el partido sesteaba, la falta de chispa física y que Raúl García no hace milagros le ponían la puntilla a un Athletic sin elementos diferenciales en el banquillo. Contraatacarle al Madrid, al Barcelona, al Atlético o al Sevilla con Villalibre, Kodro, De Marcos, Lekue o Ibai no ha sido suficiente cuando enfrente salía un póker de cracks internacionales. Así llegaron las derrotas, cambios masivos y gol de la derrota. Repasen cuándo hicieron los cambios los rivales y cuándo marcaron su golito. Podemos pensar que a este Athletic le ha vuelto a faltar muy poco para llegar a tierra más o menos firme, o podemos optar por reconocer que perseguir con varios puntos de desventaja a rivales con "mayor potencial" que el tuyo durante toda la temporada te acaba minando física y mentalmente. Sólo el oasis de la Copa interrupta consiguió en parte disimular una floja primera vuelta. Mientras algunos vivieron de sus rentas, el Athletic volvía a intentar el "más difícil todavía", aquel que funcionó a ratitos con Valverde justo antes de griparse por Europa. Y mientras esto sigue ocurriendo por tercer año consecutivo, los más veteranos siguen saliendo y los más jóvenes siguen sin aportar certezas. La última parecía la de Unai Simón. Al que muchos quisieron encumbrar muy rápido, como a Kepa, en la misma cantidad de partidos, y al que la cagada más inoportuna le señala como al resto de mortales. El Athletic acabó otra vez descafeinado, como la temporada.

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