Los árboles del VAR

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Hay tradiciones que nunca desaparecen. Como los malos estudiantes que lo fían todo para el último día del último exámen, clubes y futbolistas tratan de recuperar los puntos perdidos optimizando sus opciones en la recta final del campeonato. De tal forma, que se siguen notando las diferencias entre aquellos a los que les va bien y manejan con solvencia el alcance de sus objetivos y quienes, todavía lejos de llegar a puerto, tratan de desviar la atención con las excusas de siempre. Este supuesto fútbol moderno, más tecnológico que nunca, ha girado el foco de quejas y reclamaciones. Si las polémicas de antes se dirijían contra los árbitros de campo, ahora casi todos los argumentos de cada derrota en el final de temporada se tornan contra el VAR y sus aposentados protagonistas. El Athletic, pendiente de embocar su acceso a Europa tres años después de lograrlo con Ziganda tras dos previas, se maneja en una complicada disyuntiva. La del club y la de algunos miembros del vestuario, la que se muestra más reposada y respetuosa -al menos de puertas para afuera- y la que expresa sin demasiados pelos en la lengua sentencias del tipo "ya estamos viendo como está siendo la tónica en estas jornadas y a favor de qué equipo se decantan estas situaciones. Cada uno que saque sus propias conclusiones". Un "Piqué" en toda regla que en boca de un capitán del Madrid o del Barça nos suena a cínico y llorica, pero que si proviene de otra calentada del capitán de los tuyos es lo menos que se merece esta Liga tan injusta. Imposible discutir los motivos. Son tan irritantes como habituales. Sobre todo cuando te quedan deberes pendientes y te sabes con el agua al cuello otro verano más.


Lo cierto es que, desde un análisis algo más futbolístico, el devenir del Athletic en esta eufemística "vuelta a la normalidad" del negocio de Tebas invita a otras reflexiones. Las derrotas frente a tres de los cuatro primeros del campeonato han vuelto a desnudar carencias que van mucho más allá de una gestión puntual. Será ventajista jugar a posteriori los partidos, también cuando ponemos el grito en el cielo con el VAR, pero la historia contra el Sevilla podría haber cambiado radicalmente si Muniain y Córdoba hubiesen acertado en sendos balones muertos dentro del área. Tal vez, con dos disparos con intención, la película del partido habría variado a favor de obra. Por otra parte, este final express confirma en cada jornada las tesis de los contrarios a su puesta en escena, por ejemplo con nuevo paradigma en los cambios. Una insultante y extemporánea variación que, no sólo adultera la competición en su transcurso, sino que favorece claramente a los equipos que disponen de mejores plantillas. El famoso fondo de armario con el que el Athletic de Garitano no suele contar precisamente para grandes faenas. Frente al Barcelona en el Camp Nou, Setién cambia radicalmente la dinámica del partido cuando saca a Rakitic, Ansu Fati y Riqui Puig. Pasan apenas siete minutos desde los cambios hasta el gol del croata, el tiempo en que el Athletic se desconecta para no volver. Contra el Madrid, se adelantan los visitantes de penalty y los banquillos vuelven a ser decisivos. Mientras Garitano saca a Sancet y Villalibre, Zidane contraataca con cuatro cambios de garantías. Y parecido frente al Sevilla. Desde que Lopetegui pone en juego a dos delanteros -Munir y De Jong- hasta el empate de Banega pasan seis minutos. Antes de que Garitano pudiese reaccionar con Kodro, Villalibre e Ibai... Munir ya había sentenciado la contienda.


Otro de los factores clave de este simulacro de once jornadas tiene que ver con las consecuencias físicas de semejante tropelía. Ya nos lo avisaba el mítico exfisioterapeuta del Athletic Miguel Gutiérrez en la tertulia. Lo que iban a padecer los profesionales por el capricho ajeno era un simple y vulgar tropelía, una falta de respeto al deporte y al espectáculo. El Athletic ya llegó el parón del confinamiento muy tocado físicamente a raíz de acumular partidos de Liga y eliminatorias coperas entre finales de Enero y principios de Marzo. Poco, muy poco tardó Garitano -en la vuelta a los entrenamientos, en avisar de que: "algunos jugadores están reventados", "a algunos los tengo muertos". Sus lógicas quejas por la falta de descanso entre partidos no presagiaban nada bueno teniendo en cuenta su conocimiento de causa. Mucho han aguantado algunos leones. Sobre todo en la línea defensiva, desde la que se han labrado buena parte de los resultados con el técnico deriotarra. Entre que Yuri arrastraba molestias musculares hace tiempo y la caída de Yeray -que ya hizo gestos ostensibles en Mestalla días antes de retirarse contra el Madrid- la baja de Capa rompe esa línea maginot que daba estabilidad al grupo. A partir de ahí, el fondo de armario sugiere pocas alegrías. La cosa esa de los cinco cambios obliga a retratar a esa nómina de veteranos y meritorios con escasas horas de vuelo reciente. Desde Balenziaga y De Marcos, hasta Kodro e Ibai. Nunca parece buen momento para empezar a ilusionarse con Sancet y Villalibre, sobre todo cuando te juegas el cocido y te faltan goleadores (en plural). El final de "esto" pinta regular para un Athletic al que podría salirle cara una hipotética séptima plaza con tres previas en el verano más corto y agotador de la historia, y otro presunto mercado de fichajes sin gran cosa que rascar. Que los árboles del VAR nos permitan ver todo el bosque.

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