Jacob Nilsson: 20 años siendo del Athletic

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Nuestro protagonista de la historia de esta semana creció en Karlskoga, una pequeña ciudad de la provincia de Örebro al sur de Suecia. Jacob Nilsson es ingeniero y lleva viviendo en la capital sueca, Estocolmo, desde 2006 con su novia Sofie y sus dos hijos: Olivia de diez años y Rubén de seis. Su relación con el Athletic empieza con la Eurocopa del 2000 de Bélgica y Holanda. En la selección dirigida por Camacho durante aquella fase final, dos nombres llaman la atención de Jacob, ambos del Athletic: "un delantero alto cercano a los dos metros" (Isma Urzaiz) y "otro con barba de tres días y melena" (Joseba Etxeberria). "Estaba particularmente interesado en los dos. Urzaiz no parecía el típico futbolista español y Etxeberria parecía bailar superando rivales por la banda derecha", confiesa. Fue entonces cuando Jacob decidió que el Athletic Club iba a ser su equipo, su pasión rojiblanca fue creciendo al ritmo de su admiración por la región vasca. Lo tiene muy claro y así se lo explica a su entorno: "es por su política y su cercanía con sus aficionados, por ser una fuerza a contracorriente del fútbol actual que sigue su propio camino". Su lucha también es por defender la originalidad de la nomenclatura del club: "ellos (los suecos) siempre asumen que cuando hablo del Athletic me refiero al Atleti de Madrid. En Suecia nos llaman ´el Bilbao´ y es bastante difícil de erradicar". Al final lo consigue y entienden la diferencia entre el original y la sucursal madrileña.


Jacob chatea y está en contacto con otros athleticzales alrededor del mundo (Reino Unido, EE.UU, Finlandia, Suecia...). Twitter y algún que otro podcast en castellano son sus principales fuentes de información. No se pierde un sólo partido del Athletic: "normalmente en casa y a veces en el bar con amigos". Incluso sus hijos le acompañan cuando los horarios permiten conciliar el partido de los leones con la vida familiar en el sofá de casa. Y que nadie le distraiga en cuanto rueda la pelota porque sigue cada jugada "muy concentrado y enfocado", tanto que puede llegar a "maldecir" cuando el Athletic falla una ocasión o si sucede cualquier lance en contra. "Me afecta bastante, seguro", reconoce. ¿Quién dijo que los suecos eran fríos como el hielo?. Todo comienza antes del partido, con el himno del Athletic sonando en San Mamés a través de su televisión: "a veces mi hijo y yo nos divertimos cantando el himno y gritando Athleeeeeeeetic, eup". No les importa dejar de entender letras o lenguas, el grito de apoyo a su Athletic les conecta rápidamente con su sentimiento, el que Jacob transmite a su familia. En la foto que comparte en la web aparece con su bufanda rojiblanca, la que compró en una tienda de Bilbao allá por el 2011. Jacob se define como un profundo admirador de la cultura vasca, de sus lenguas y su gastronomía, de su gente, y subraya la capacidad de un territorio tan pequeño de producir tanto futbolista de primer nivel. Su partido para el recuerdo, la victoria en Manchester con Bielsa: "después de aquel partido todo el mundo hablaba del Athletic. Con todos los aficionados cantando en la grada de Old Trafford fue muy especial".


Le pregunto si ha estado en Bilbao y me cuenta una "bonita historia". En 2011 escribía artículos junto a otros compatriotas en una web sueca para aficionados al fútbol: "colgábamos hilos hablando del Athletic". Coincidió con aquellos días en que "con desgarro" se cambiaba del viejo San Mamés al nuevo. Así que en Mayo del 2012, junto con Joel (otro de los posteadores de la web), decidieron que tenían que visitar Bilbao y San Mamés para ver un partido del Athletic en la mítica Catedral antes de su demolición. La locura fue total porque ni siquiera se conocían entre ellos. Lo hicieron, viajaron juntos hasta Bilbao y presenciaron el Athletic - Getafe previo a la final de Bucarest. La experiencia fue tan agradable que "nos dimos cuenta de que teníamos mucho más en común que un club de fútbol (el Athletic)". Del partido recuerda desde el debut en San Mamés del cachorro Jonas Ramalho hasta la impresión que le causó ver en directo a Ánder Herrera: "sus movimientos me volaron la cabeza, estaba en tofdas partes del campo", recuerda. Aquel viaje, aquella primera vez tan original y atrevida, muy propia de la típica bilbainada si no fuera protagonizada por dos suecos... le sigue motivando a día de hoy para volver y conocer el nuevo campo. Me cuenta que hay más athleticzales en Suecia, que hubo una peña rojiblanca en Estocolmo durante un breve tiempo y que no descarta volver a ponerla en pie algún día. Te encontré en Twitter, allí te presentas como "aficionado del Athletic club Bilbao" y en apenas siete minutos te prestaste "felizmente" a colaborar para "compartir" tu historia. Me preguntabas si creía que sería interesante contarla. No tengo ninguna duda. Ha sido un placer y un orgullo. Qué mejor que acabar tu historia con tu última frase del e-mail, la que mejor resume tu afición y sentimiento de corazón: ¡Aúpa Athletic!.

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