Urrutia y los petrodólares

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Unos días después del cierre del mercado rojiblanco de invierno, aprovechando la vuelta a la normalidad, es un buen momento para hacer balance y reflexionar. Tanto movimiento por minuto y tanta especulación parecían incompatibles con el poso suficiente que la perspectiva siempre ofrece. El presidente Urrutia lo resumía todo, en la rueda de prensa presentación de Iñigo Martínez, como un cambio de cromos en el eje de la zaga, pero a nadie se le escapa el calado de dicha operación. El Athletic había tanteado en los últimos años a varios jugadores txuriurdines, alguno enrolado en las filas del Madrid, pero nunca en las legislaturas "made in Urrutia" con la contundencia de una cláusula ni la urgencia de un mercado invernal. Algunos les exigíamos al club mayor contundencia y decisión a la hora de abordar aquellas incorporaciones que no se dieron durante dos largos años y es justo reconocer que con Iñigo Martínez se ha actuado rápido y sin medias tintas. Un movimiento que vuelve a poner negro sobre blanco la realidad de ese sentimiento, populista, incompatible con la profesionalidad y la realidad salvaje de un mercado global. En Bilbao y Donosti se sigue tropezando con la misma piedra, aquella que contradice y retrata los escasos márgenes de tolerancia de los forofos más exigentes. Muy pocos se resisten al poder del dinero y la mejora profesional sin renovaciones de muy alto copete y con una caducidad siempre inferior a la firmada.


El Athletic y su filosofía tratan de resistir adecuandose a los nuevos tiempos, manteniendo aquellas dos esencias que le han traído hasta aquí no sin ciertas contradicciones. Apostar por su cantera y reforzarse con aquellos futbolistas vascos o formados en el territorio que puedan aportar aquello que su propio producto no le ofrece. Por eso las renovaciones millonarias de Williams o Kepa, por eso fichar a Ganea a pesar de haber nacido en Rumanía, por eso recurrir al central de la Real cuando el City vuelve a por Laporte. Qué complicado mantener sin fisuras un mensaje romántico, a veces empalagoso según quién lo pronuncie, cuando la Champions, las internacionalidades, y los petrodólares se van imponiendo a la formación indefinida al calor de tu gente y tus compañeros de juventud. En Bilbao se ha entendido la salida de Laporte, aunque deje al equipo colgado por dinero a mitad de temporada, porque nunca se le sintió cien por cien como propio. Como si, de alguna manera, se aceptara que su última renovación era una pose a cambio de ingresar la pasta. Menos mal que no somos un club vendedor. El desengaño viene cuando el que deposita su cláusula es uno de los nuestros. Como Iñigo Martínez en Donosti, pese a ser bizkaino y del Athletic; o como Llorente en Bilbao, pese a ser navarro y criado en La Rioja. Acusados de actuar mal con su club, sufren el escarnio de la grada y la hostilidad de aquellos dirigentes que se resisten a quitarse la bufanda. Pasan de hacer historia a ser historia. Son borrados.


La otra cara de esta misma moneda sería el caso de Mikel Merino. Un objeto de deseo de otra cantera por el que se apostó a medias mucho antes de firmar por el Newcastle, de cuyas negociaciones se permitieron falsedades para evadir la responsabilidad de quien se sentó a regatear con una altivez impropia e improductiva. La segunda parte del Athletic con el navarro se ha cerrado con la sensación extendida de haber puesto un punto y seguido. Asumiendo que, pese a la negativa de Benítez de aceptar un supuesto ofertón del Athletic, el centrocampista navarro vestirá de rojiblanco más pronto que tarde. Urrutia y su política de moderación en el capítulo de altas han cambiado radicalmente, forzados por la inminencia de Laporte y por la virulencia de un mercado que no entiende de medias velocidades, movidos por la incertidumbre de un proyecto deportivo en el que los resultados no acompañan. El fichaje de Iñigo Martínez lo harán bueno o malo el tiempo y los partidos, gracias a la ausencia de competencia en un puesto difícilmente sustituible. Habrá que creer a Urrutia cuando niega que el central vaya a ser el mejor pagado de la plantilla, aunque no se quede muy lejos, y habrá que esperar a Septiembre para empezar a encajar a los Capa, Ganea y parece que Dani García en un Athletic por fin reforzado, con aroma electoral y hasta cambio de presidente. Tal vez también por eso este desmelamiento, peinando con vehemencia el mercado que hace no tanto se miraba de reojo y con prudencia. ¿Último o penúltimo servicio al club?.


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