El placebo de los revulsivos

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En situaciones apuradas, cuando la pelotita no entra, para esos partidos en los que necesitas un revulsivo a veces viene bien disponer de una profundidad de banquillo suficiente. Jugadores en los que confíe el entrenador para tratar de revertir un resultado adverso con aspecto de gota en un océano de incertidumbres. La configuración de plantilla de este Athletic impide la entrada en combustión con un delantero del famoso fondo de armario, la cesión de Villalibre y la incomparecencia en casi todas las convocatorias de Kike Sola obligan a reinventar la fórmula. En algún caso dejando a los Aduriz o Raúl García para el segundo tiempo con el propósito de rotar y dar minutos de descanso, pero el riesgo es tan elevado que la opción suele quedar reducida al movimiento de piezas en la medular. En este punto sería pertinente reflexionar sobre las causas por las que el Athletic de Ziganda necesita de tantos electroshocks, dando por hecho que la mayoría no funcionan para reanimar a un paciente con demasiadas recaídas. Y es que la fórmula de la remontada, más aún con variantes tácticas o permutas desde el banquillo, da para lo que da. Quedaron atrás los tiempos en los que San Mamés y la heroica completaban las deficiencias y la desidia de un equipo en franca cuesta abajo.


El placebo de los revulsivos le ha funcionado a Ziganda, poco, pero le ha resuelto alguna que otra papeleta. Por ejemplo en Atenas, cuando con la eliminatoria en jaque la entrada de Williams revolucionó el partido y se remontó con tres goles en apenas siete minutos. No fue posible culminar la machada en Mestalla, con los revulsivos de Aduriz y Raúl García -la pareja más letal- saliendo desde el banquillo y marcando un gol cada uno. Se rescató un punto contra el Villarreal, en otra segunda parte de esas a las que se refiere Ziganda con el discurso del ADN rojiblanco. Una sesión de ímpetu, garra y persuasión, alejada de la estética de las pizarras pero tantas veces resultadista en San Mamés. Ahora se desprecia cuando hace no tanto se resaltaba comi un valor positivo y un recurso de inteligencia desde la banda. Las actuaciones de Mikel Rico y Aketxe, hasta la fecha con participaciones más bien discretas durante esta temporada, sumaron un nuevo argumento en la cuenta de los críticos que solo ven en Ziganda al único responsable de una deriva que viene de lejos. El discurso de Ziganda de la meritocracia y del momento de forma asociado a las rotaciones ha potenciado que aquellos jugadores de los que nadie se acordaba hace una semana se conviertan en salvadores de una propuesta insuficiente.


El colmo del placebo se consumó contra el Hertha en San Mamés. Ziganda puso sobre el terreno de juego al centro del campo que la crítica y la opinión pública demandaban, con los "heroes" del Villarreal desde el inicio. Pero algo pasa cuando por encima de los nombres pesa una losa que te machaca en casi todas las primeras partes. Un hándicap que va mucho más allá de las titularidades de Iturraspe o de la apuesta en el doble pivote, especialmente agravado tras la confirmación oficial de que Beñat había empezado la temporada al cuarenta por ciento, siendo generosos. El ventajismo ahora sí que vale, el de los que recuerdan la soberbia de Urrutia dudando de que Mikel Merino tuviera hueco en el once titular rojiblanco, el de aquellos que insinúan el fichaje de Dani García -centrocampista del Eibar-, y el de esa aparente mayoría que se dedica a reprocharle al entrenador la suplencia del que convenga. Un día Aketxe, otro Iturraspe y otro Raúl García. La demagogia de los que piden cambios y banquillos cuando la cosa no va bien y los censuran si el paciente sigue convalenciente y con síntomas similares. ¿Por qué otorgarles la vitola de titulares a quienes dan rendimiento en las segundas partes?, ¿debe ser Iturraspe titular indiscutible en ausencia de Beñat o le zurraremos como a San José en cuanto los resultados sigan dando la espalda?, ¿quién pone coto a la inconsistencia defensiva por bandas?. Buscando antídoto. Seguimos en observación.


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