Europa League, ¿para qué?

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¿Compensa clasificarse para la Europa League?. Pudiera parecer una pregunta un tanto oportunista, pero a tenor de la mayoría de las participaciones rojiblancas en la segunda división europea -definición empleada por el ínclito Valverde- nunca está de más profundizar en una serie de reflexiones. De una parte está la vertiente económica. La temporada pasada, tras una fase de grupos deplorable y la eliminación a las primeras de cambio con el Apoel, el conjunto rojiblanco se embolsó algo menos de diez millones de euros. Esa fue la factura de disputar ocho partidos y sin el engorroso peaje de las previas veraniegas, una excusa menos para los buenistas. En cambio, solo por clasificarte para la fase de grupos de la Champions, por ejemplo en cuarta posición, ya cobras casi trece. Y no digamos si ganas un partido, porque sumarías 1,5 millones a tus arcas. La Europa League sigue siendo deficitaria para aquellos clubes ambiciosos que emplean sus dineros en mejorar sus plantillas, y mucho más si no llegas a la final para ganarla. En este sentido, valoremos el impacto físico y mental que supone, cómo afecta -en muchas ocasiones desde Julio- a la evolución del equipo en la Liga y en sus primeras vueltas.


Es justo reconocer el esfuerzo del club en estos últimos años por convencer a sus socios con descuentos y bonos de la relevancia de acercarse a San Mamés para ver a debutantes en Europa como el Sassuolo o el Ostersund, para degustar desastres como el del Torino o el Apoel, para consumir hecatombes como aquella fase de grupos con el Sparta de Praga y el Hapoel Kyriat. ¿Realmente le ilusiona a alguien enfrentarse año tras año a la decepción de tanto batacazo?. Es cierto que la costumbre ha convertido la ilusión de antaño en obligación, pero también es indudable que la obligación ha dado paso a nuevas formas de digerir según qué derrotas justo cuando es más probable que nunca jugar en Europa incluso quedando séptimo. A día de hoy, después de remontar al Panathinaikos con tres goles en siete minutos, de caer en San Mamés frente al Zorya, y de hacer el ridículo en Suecia, no es irreal replantearse un nuevo estado de las cosas. ¿Esto es competir?, ¿vale con llegar a la fase de grupos?, y luego ¿qué?. La alternativa es centrarse en la Liga y en alguna Copa de amable calendario para optar a las mayores cotas posibles, deportivas y económicas, en Europa y en cuanto a títulos. Es decir, pelear por la cuarta plaza para ingresar como los que más y para motivar a la afición sin la necesidad de aplicar bonos ni ofertas de agencia de viajes de poca monta. Objetivos altos para profesionales ambiciosos. Si se alcanzan perfecto, y si no sabremos dónde nos hemos quedado y para hacer qué.


Hablaba el contador del club, en la asamblea de comprometidos, de una ventana de gasto con cantidades astronómicas en caso de necesidad. Su respuesta al famoso límite salarial fue tan incompleta como incierta, aunque al mismo tiempo para convencer a los convencidos de antemano. Tal vez, ingresando menos de diez kilos por la pasada Europa League lleguemos justos para fichar y pagar las fichas de Mikel Merino, Berenguer y alguno más. Tal vez aquello de generar más ingresos -típicos y atípicos- tenga que ver con el chocolate del loro de esta Europa League de los "pobres", teniendo muy presente el nuevo contexto económico de tu Liga, en la que solo por participar la televisión te forra el lomo. Así cualquiera paga más a los suyos, renueva más fácil muchos contratos, remodela su estadio como nunca antes o incluso se hace uno nuevo, y le sobra para cumplir con el reciente fair-play. Saneados, solventes y sin necesidad de jugar previas en verano con la espada de Damocles del ridículo deportivo e institucional. ¿Cuál es la ventaja de muchas Europa Leagues del Athletic?, ¿qué prestigio dan tantos descalabros?. Entrar de rondón para salir de los primeros. Quizás, después de años de buenismo por las clasificaciones consecutivas, llegue el momento de repensarnos el para qué, el cómo y el por cuánto. Menos descuentos y más éxitos deportivos.


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