Practicando el desapego

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Podrá parecer hasta paradójico retomar el asunto de los mediocampistas de creación, de los mediocentros generadores de fútbol, a los días de que un gol de Mikel Vesga concediera tres valiosos puntos al Athletic de Ziganda en la jornada inmediatamente posterior al segundo parón de Liga a causa de los compromisos internacionales. Y no tanto por la cuestión realizadora, de la cual llevamos años sin echar demasiada cuenta más bien por efecto de la resignación, sino por la persistencia de ciertos debates en el entorno rojiblanco. Paradójico y puede que también oportuno pocos días después de que Beñat clavase otra falta en el amistoso frente al Barakaldo, cuasi a modo de celebración de su renovación con el club de sus amores. Por cierto, con una cláusula muy elevada, de cincuenta millones de euros. Una auténtica sorpresa al tratarse de un futbolista de treinta años por el que, a priori, no parece planear la sombra de la duda de un hipotético pago a tocateja en la famosa sede de la Liga.


El caso es que, inmersos en el debate del juego del Athletic de Ziganda con esa dupla formada por San José y Vesga, las continuadas suplencias de Beñat siguen llamando la atención de unos cuantos, más allá de que el propio futbolista de Igorre reconociera en rueda de prensa que esta temporada ha empezado un tanto más flojo de forma que las anteriores. Los problemas de pubalgia de la recta final de la pasada campaña sin pasar por el quirófano y el sistema de rotaciones basado en la meritocracia y el estado de forma que ha implantado Ziganda, no parecen contribuir al retorno del pivote a los onces titulares. Todo parece girar entorno a la conveniencia de que un futbolista recupere la forma jugando porque su aportación es más que valiosa, o que sea a través del día a día en Lezama donde Ziganda observe una mejora suficiente. La sensación, mayoritaria me atrevería a afirmar, es que el único creador de juego a bordo -sin contar al desaparecido Iturraspe- no entra en los planes del técnico y eso obstruye el juego.


Paradójico también porque el pasado Viernes hacía pública el Newcastle la renovación de Mikel Merino por cinco temporadas, haciendo valer la cláusula de su cesión que permitía ejecutar dicha compra en propiedad del jugador navarro. Todavía siguen resonando las ofertas del Athletic por Merino, tanto en su etapa en Osasuna -demasiado baja en palabras de su padre y representante- y hace escasos meses cuando pertenecía a la disciplina del Dortmund. Desde el punto de vista de la filosofía del Athletic y de la máxima de que los mejores jugadores vascos y los que potencialmente pudieran serlo en un futuro no muy lejano deben ser fichados por el Athletic asumiendo el riesgo implícito de este tipo de operaciones, sigue sorprendiendo y lastimando la flojera del club a la hora de lanzarse para acometer unos cuantos fichajes. Más aun cuando son propuestos por el entrenador de turno del primer equipo y cuando aportan cosas que no hay en Lezama. Por desgracia se impone una máxima, si no vienen o si se van que lo hagan, nos da igual, ya hay otros.


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