Los haters de Ziganda

|

Whatsapp entradas


Han pasado sesenta días. Escasos dos meses. El Athletic de Ziganda disputaba su primer partido oficial en Bucarest el 27 de Julio, en su pelea -pendiente desde Mayo en el Calderón- por volver a Europa. Un tiempo considerado por unos cuantos como más que suficiente para emprenderla a palos y sentencias contra un entrenador que nunca quisieron. La derrota en Gran Canaria fue el pistoletazo de salida y la visita del Atlético a San Mamés el colofón para quienes calificaron el partido más complicado de estos sesenta días como un "examen de su nivel competitivo". ¿De verdad que ya estábamos de exámenes en Septiembre con un técnico nuevo?. No parece justo poner a prueba a nadie en tan poco tiempo. De hecho, hubo quienes, en su cuarta temporada en el banquillo y a estas mismas alturas del calendario, se justificaban en un postpartido con razonamientos del tipo "no hemos sido vistosos pero sí efectivos y estamos muy, muy contentos {...} nos ha faltado tener juego, el balón no nos duraba demasiado, pero estábamos en una situación comprometida". Era Valverde, ganando y aburriendo en Riazor, "comprometido" por perder los dos primeros partidos de Liga. Es probable que 357 minutos sin encajar gol comprometan menos. Récords tontos, claro.


Es evidente la doble vara de medir de algunos. Lo de Chipre no fue un ridículo ni un bochorno pero perder con el Atlético en Septiembre es suspender un "examen". Lógico y coherente si repasamos los resultados del Athletic en San Mamés frente a los colchoneros en Liga durante las últimas cuatro temporadas de valverdismo. Tres derrotas y un empate, encajando nueve goles. Pero hay más porque también se critican las rotaciones. Algunos no aprendieron nada de los errores del pasado, confundieron intensidad y estajanovismo con gestión de plantilla, miraron para otro lado cuando se practicaba el ostracismo al desaprovechar a muchos activos de la plantilla, se quejaban del calendario y su exigencia mientras aprobaban la sobrada de jugarlo todo con los mismos. Algunos han experimentado repentinamente un refinamiento estético, una hipersensibilidad del paladar, una objetividad perversa en sus análisis que apenas amagaba con brotar cuando no se ganaba un puñetero partido fuera de casa durante casi seis meses pero todo estaba más que bien. Antes aduladores, ahora azotadores. Eso le debe de faltar a Ziganda, el favor incondicional de escuderos y serviles que no le cuestionen todo al primer tropiezo.


No nos engañemos, hablemos clarito. Hay un sector de opinión, que no compró la promoción de Ziganda al primer equipo, resuelto a no ortogarle ni media temporada de gracia, a llevarse las manos a la cabeza por las carencias que anteayer les parecían nimiedades de puntillosos pejigueros. En buena medida defensores de un resultadismo recalcitrante, nostálgicos de un proyecto caduco, repleto de mentiras y medias verdades. Los señaladores y repartecarnets que calificaban de "antiathletic" a los críticos con su Ernesto tras años de prácticas incorregibles en el banquillo. Los mismos a los que les ha faltado tiempo para culpabilizar a Ziganda de una propuesta de juego calcada a la que antaño veneraban sin rubor. ¿Qué ha cambiado para despotricarlo todo?, pregunta retórica. ¿Qué parte de culpa tiene Cuco de esa serie de decisivos errores individuales de bulto en Málaga?. Poco les importa a los haters de Ziganda, dispuestos a comparar sesenta días con su particular popurrí de cuatrivalverdismo. Démosle el tiempo necesario al efecto de las rotaciones (aquí bancadas y anheladas) y tengamos paciencia con el juego (indudablemente flojo en múltiples facetas). Sesenta días son muy pocos para sentenciar a nadie, ni siquiera a Ziganda.

EDITORIAL

ÚLTIMO PODCAST

ÚLTIMA ENTREVISTA