Córdoba ha llegado

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No hay ninguna duda. Pocas, muy pocas satisfacciones comparables encontrará un aficionado rojiblanco a la de ver debutar a otro cachorro en San Mamés. Es parte esencial del objetivo de un club de cantera cuya filosofía pasa inexorablemente por la formación de jugadores para el fútbol profesional, que lleguen o no al primer equipo es harina de otro costal. Por eso la irrupción de Iñigo Córdoba en este inicio de temporada despertó la curiosidad de los que apenas le habían visto en Segunda con el Bilbao Athletic, y la ilusión de quienes sabían de sus armas progresando por la banda izquierda. Si a todo esto le sumamos el ingrediente ansioso de muchas temporadas sin disfrutar de un jugador de banda para el flanco siniestro, acostumbrados a otros perfiles de jugadores, con calidad pero que siempre acaban buscando acomodo en posiciones más centradas, el debut en partido oficial de Córdoba fue como un soplo renovado de esperanza e ilusión. Un nuevo león con proyección, encarador descarado, valiente y con desborde, regateador y con llegada al área. El penúltimo motivo de alegría para una afición que siempre recibe con cariño y orgullo a sus cachorros en San Mamés.


Pero, para que el trabajo de Lezama dé todos sus frutos y sea una realidad en primera división, se requiere de unos cuantos ingredientes. Primero en las categorías inferiores, gracias al esfuerzo de los chavales y el conocimiento de sus entrenadores y formadores; y después con la tutoría de un técnico de cantera como Ziganda que sepa guiar al cachorro hasta convertirle en león y después. La apuesta por la cantera no debe quedarse en una pose, es fundamental que el entrenador del Athletic sea un convencido del valor y la importancia de la cantera rojiblanca, con mejores y peores frutos, en la teoría y en la práctica. Y esa es la gran ilusión que me despierta Cuco, su convencimiento con hechos de que sus cachorros tienen nivel y desparpajo para aportar. Sin relegarles a un fondo de armario sin minutos y además en posiciones de ataque donde los minutos suelen escasear. Paciencia, minutos, confianza y mucho trabajo. Con estas claves será mucho más fácil que jóvenes cachorros puedan mostrar sus facultades y potencial. Nunca es tarde para aprender de los errores de otros que los hacían debutar con más o menos alegría y al primer error los defenestraban a la grada para acabar en Leganés, Numancia o donde cuadre.


Repasando la nómina de aspirantes de Lezama, en posiciones de ataque y en la "era Urrutia", solo Iñaki Williams ha conseguido hacerse un hueco en los onces titulares. No han tenido la misma suerte, por ahora y por diversas razones, otros canteranos como: Isma López, Guillermo, Unai López, Aketxe, Eraso, Sabin Merino o Villalibre. Por eso la política de rotaciones del primer equipo, la planificación de los esfuerzos, y la gestión del famoso fondo de armario, se antojan como elementos fundamentales para el asentamiento, a base de minutos y partidos, de cualquier debutante de la cantera. El éxito final de Lezama es absolutamente dependiente de la influencia de la cantera y el Bilbao Athletic en los planes del técnico del primer equipo. Sin declaraciones despreciativas, sin referencias anacrónicas como "el B", y con el convencimiento de que cuanto más se recrudezca el mercado de fichajes mayor protagonismo habrán de tener los jugadores de casa, bizkainos o no. Habrá que volver a ejercitar el músculo de la prudencia y la mesura para no pedestalizar al debutante al primer destello, restarle toda clase de presión, y apoyarle como San Mamés siempre ha sabido. A priori está en las mejores manos, las de su maestro y mentor en el escalón previo al primer equipo, las de quien sabe que el chaval "está en una nube" y con el que podrá aprender y progresar jugando en primera división. Eso espero.

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