Ziganda y el ADN

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Escuchando a Ziganda tras el numerito europeo en tierras griegas uno tiene dudas de si es demasiado pronto para hacer balances y valoraciones generales: "hasta ahora hemos sido un equipo con más o menos fútbol, pero sólido y que concede pocas ocasiones" o si semejante osadía continúa restringida a los protagonistas, no sea que las críticas vuelvan a aflorar. Parecido ocurre con la autocrítica: "no hemos estado bien. Es para darle una vuelta, entrenar y mejorar. Por suerte no nos ocurre muchas veces, pero hoy hemos tenido la suerte no solo de mantenernos vivos sino de meternos de lleno en la eliminatoria". Mucha "suerte" en pocas palabras. Que sigue sin convencer aquello de moverse en el ambiguo y controlado mundo del reconocimiento de una realidad palmaria, de apelar a la suerte y al resultadismo, y rematar con un tópico apelando al entrenamiento y la mejora por ciencia infusa. Da igual quién enarbole la bandera porque sigue pecando de insuficiente e inverosímil. Casi nadie se imaginaría un discurso diferente al de partido "horroroso" aderezado con "el peor desde que estoy dirigiendo al equipo desde hace un mes y medio". Pero, ¿es comprensible ver una versión tan lamentable en tan poco tiempo?, y más a más, en este mes y medio, ¿cuál fue la versión fantástica y contra quién?.


Pero ya sabemos que los entrenadores no pueden irse de ninguna rueda de prensa sin aportar su granito de arena a la moral, supuesta dañada, de su tropa (la que no reconoce nunca un fracaso); sin endulzar con una buena dosis de jabón y palabras emotivas y grandilocuentes el ego de sus actores principales: "podemos y debemos jugar mejor porque tenemos argumentos para hacerlo, pero hay algo que este equipo lleva dentro y es un ADN increíble". Es muy probable que el elemento ADN sea la primera aportación del Cuco a un Athletic al que, los de fuera y unos cuantos desde dentro, vemos calcado al que el técnico navarro se comprometió a mejorar, escuchen si no la rueda de prensa previa al Domingo de Bordalás, entrenador del Getafe. Entonces, ¿a qué ADN se refiere Ziganda?, ¿al de las remontadas valverdianas en unos cuantos partidos?, ¿al de los papelones fuera de casa?, ¿al de las performances lamentables en Europa de los últimos años?. Pues no, Cuco habla de un ADN espontáneo y ocasional, el que duró un ratito: "la reacción del equipo ha sido preciosa, han sido siete minutos mágicos y hemos sido capaces de darle la vuelta al partido. El equipo no se ha rendido nunca". Qué detallazo no rendirse, eso por no valorar el verdadero potencial de un Panathinaikos que se vino totalmente abajo al primer gancho directo al mentón.


Dando por hecho que unos análisis siempre valen y otros son censurados por razonados que sean, lo cierto es que después de mes y medio -tal y como reconoce Ziganda- el objetivo fundamental de "mejorar para no empeorar" queda muy lejos, como en otro planeta. Así se entienden explicaciones del punto en el que estamos tras cuatro años de Valverdismo: "a la hora de defender, unos iban y otros no. Hemos estado precipitados con el balón. Hemos estado muy largos". Ahora venía bien aquello que muchos repiten en momentos de duda, eso de que a estos muchachos no se les ha podido olvidar jugar al fútbol. Desde luego no será por la complicación de acoplar a los nuevos fichajes. Es pronto, sí. Era un partido cuasi decisivo, sí. Con el 2-0 pintaba Europa muy mal, sí. ¿Estamos lejos de lo que se pretende?. Lo del Getafe así lo confirma. Sería conveniente aclarar al personal si repetir aquello que se pretende mejorar es el punto de partida más idóneo para superar errores de un cuatrienio. Mas que nada porque la sensación generalizada es que la puesta en escena del cambio es calcada a la que nos trajo a las dos previas, con una Liga ciertamente deficiente y un papelón europeo deplorable. ¿Algún científico en Lezama que modifique en algo el ADN valverdiano para próximas funciones?.

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