Una banda sin dueño

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Históricamente, la banda izquierda del Athletic siempre ha dado mucho juego y no precisamente sobre el terreno de juego. Desde la época de Estanis Argote no ha habido tertulia ni corrillo rojiblanco que se precie en la que no haya salido a relucir la sequía indefinida entre zurdos y reconvertidos. La lista de posibles y meritorios ha sido tan cuantiosa que bastará con detenerse en los últimos nombres que han protagonizado debates de lo más apasionados en la hinchada. Ya se interesó el Athletic por la situación de Oyarzabal en aquella reunión en el pirineo aragonés, cebando y anticipando su posterior renovación por la Real. Y la historia avanzó más con Berenguer. Hasta donde el Athletic decidió plantarse mirando al céntimo. Mientras en Ibaigane siguen evidenciando la triste realidad de su banda izquierda, buscando en el mercado lo que los entendidos de Lezama creen no tener en casa, la ejecutiva rojiblanca sigue fracasando en sus negociaciones en aquellos caladeros que antaño nutrían y ahora solo devuelven palos y conflictos. Craso error ese de entrar en el juego de representantes y procesos electorales ajenos si perdemos de vista cuáles son los intereses del Athletic, aquel que pregunta, negocia y busca en su escueto mercado. Escaso consuelo ese de buscar miserias enfrente para patalear como ellos cuando sale cruz.


El cambio de paradigma en el mercado vasco, acrecentado por el nuevo reparto televisivo del que con mucha razón discrepaba esta directiva rojiblanca, nos ofrece una disyuntiva interesante. Indignarse porque jugadores de un perfil medio - bajo tampoco terminen vistiendo la zurigorri, con el agravante de que engrosan la misma lista de aquellos vascos "top" que tampoco se conforman con la ilusión de jugar un rato la Europa League. Algo falla en el proyecto que vendemos al exterior basado en objetivos poco atractivos para quien puede jugar Champions y cobrando más. O concentrar muchos más esfuerzos en el trabajo de cantera en Lezama, invirtiendo en convencer a los mejores formadores para que puedan desarrollar sus conocimientos con independencia y margen de tiempo indefinido. Volviendo a la banda izquierda ocurre un fenómeno similar al de otras demarcaciones. Llega la pretemporada, vemos un rato en acción al Córdoba de turno, y ya exigimos su hueco en el primer equipo. La paradoja frecuente viene cuando el que destaca en Julio sale cedido en Agosto. El eterno conflicto entre apostar en tu primer año en el banquillo por un jugador sin experiencia en primera o continuar con otro contrastado como Muniain. El término medio serían las rotaciones pero, ¿es eso factible?. Pregunten al txingurri.


El ascenso del Bilbao Athletic a Segunda división no solo ha abierto los ojos de lo malo y lo penoso que sigue sucediendo en Lezama. Ha reabierto el melón de la competitividad y la exigencia en el contexto de un filial al que solo se le pide que complete la plantilla del primer equipo, salvo contadísimas excepciones. El cartel de los Aketxe, Vesga, Unai López o Remiro en Segunda refuerza el proyecto de cantera. Se busca jugador talentoso de banda, zurdo, con capacidad para centrar y a ser posible driblador. Si Berenguer no encajaba en este perfil, ¿por qué no apostar por un cachorro con proyección?. Pero en serio, y con la paciencia y la confianza que otros muchos canteranos no tuvieron con entrenadores de la casa que supuestamente iban a apostar por los nuestros mientras llamaban al filial "el B". Primero Lezama y después el mercado exterior. Y ahora más que nunca. Urge una reflexión acerca de lo que está pasando en el fútbol bizkaino, la que debiera de ser principal cantera del Athletic. ¿No hay un zurdo de banda en condiciones al que pulir?. O el desengaño con los nuevos ricos o el trabajo en la formación de nuevos cachorros. Ser protagonista o ir a rebufo. No se trata de repensar Lezama, cesando profesionales cada dos por tres, tal vez nos fuese mucho mejor dando continuidad a los mejores técnicos vascos y potenciando Bizkaia. ¿Siempre es mejor lo de fuera?.

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