El salto del goleador

|


Dicen que lo que más caro se paga en el mundo del fútbol es el gol, aunque los tiempos y el negocio avanzan que es una auténtica barbaridad y cualquiera le resta un ápice al calificativo, y en el Athletic renace cada cierto tiempo la incertidumbre de "qué pasará cuando fulanito ya no esté" aplicada al relevo en la delantera. Desde la década de los noventa la nómina de pancers es sobradamente conocida, iniciada con navarros ajenos a Lezama como Urzaiz y Ziganda y prolongada con productos de la casa como Aduriz, Llorente y ahora Iñaki Williams. Teniendo en cuenta el endurecimiento progresivo del mercado más o menos vasco en el contexto de empoderamiento económico de los clubes y su inminente refuerzo en sus políticas de cantera, empieza a parecer más necesario que aconsejable enfocar nuestra mirada en Lezama y sus delanteros. Cierto es que en los últimos tiempos nos movemos con una terna formada por los Williams, Sabin Merino y Villalibre, pero, ¿encaja alguno de ellos en el perfil clásico de nueve encarnado por tres de nuestras referencias ofensivas de los últimos casi treinta años?. En este punto sería interesante hacer un repaso, desde la temporada 1990-91 hasta nuestros días, de todos los pichichis rojiblancos con el Bilbao Athletic y su posterior trayectoria en número de partidos con el primer equipo rojiblanco.


En 31 temporadas aparecen 26 goleadores distintos. De los cuales, un total de 18 de esos 26 apenas han llegado a los 30 partidos oficiales con el Athletic en primera división (se queda en puertas Guillermo con 28). De los ocho restantes que superan los 45 partidos con el primer equipo hay dos grupos claramente diferenciados: una primera lista de 5 cachorros goleadores formada por Bolo (49 partidos), Joseba Garmendia (51 partidos), Sabin Merino (57 partidos), Iñigo Pérez (58 partidos) y Joseba Arriaga (65 partidos). De estos cinco máximos artilleros en el filial solo Jon Pérez Bolo compareció como nueve con mayor nitidez, más alejado de funciones de banda o segundo delantero. Curioso. Desde Bolo, temporada 94-95, hasta el siguiente nueve con pinta de nueve (que podrían ser Sabin o Villalibre) han pasado más de veinte años. En la otra lista, el top three, estarían Ibai Gómez (145 partidos), Aduriz (319 partidos) y Julen Guerrero (430 partidos). Curioso. Entre cada uno de los tres pasa casi una década desde su explosión goleadora en el Bilbao Athletic. Con Ibai recostado en banda y Julen de mediapunta, el único delantero, máximo artillero en el filial, con una trayectoria extensa en el Athletic sería Aduriz. Uno de veintiseis.


Los fríos números frente a la demanda, cada temporada más exigente, de encontrar en Lezama la solución a un problema crónico. ¿Se trabaja adecuadamente en la factoría rojiblanca para potenciar en los elegidos esas destrezas de cazagoles de área?, ¿o por contra es indispensable forjar al nueve en la élite como Caparrós con Llorente o Aduriz por su cuenta?. En el caso de Williams le vimos jugar en punta y en banda, una mezcla experimentada por Valverde en el primer equipo y que terminó por facturar a otros nueves sin el comodín de la paciencia que para otros nadie dudó en reclamar. Tal vez no sea baladí que nuestros tres hipotéticos relevos de Aduriz hayan terminado de explotar en Lezama durante las dos temporadas del ascenso y la estancia en Segunda división respectivamente, después de un gran trabajo en las categorías inferiores, sin duda. Formación maduración y paciencia. Tres variables de difícil conjunción para un delantero que vive de sus goles. ¿Se tiene claro en Lezama quién será el nueve de referencia después de Aduriz?, ¿empezará Ziganda a darle su sitio con más minutos en esa posición?. La historia moderna nos demuestra la dificultad extrema de llegar al primer equipo goleando en el filial, en parte por la longevidad de los consagrados y en parte por la desconfianza de los resultadistas impacientes, gurús del banquillo incluidos. 

EDITORIAL

ÚLTIMO PODCAST

ÚLTIMA ENTREVISTA