Nómadas bajo palos

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Era un secreto a voces. Desde que Kepa Arrizabalaga irrumpía en las categorías inferiores de la selección española gracias a su destacada labor en Lezama, no había un solo técnico, ojeador o espectador que no apostase por el guardameta ondarrutarra como una promesa con enorme potencial, prudencias y discreciones aparte. Su llegada al primer equipo del Athletic, la convocatoria con la absoluta, y su consagración con la Sub-21 han despertado el interés y la curiosidad de propios y extraños. Es por eso que la directiva rojiblanca se pusiera las pilas hace meses en su renovación, un proceso que parece llegará a buen puerto en cuestión de semanas y que desembocará en la firma del portero. Los números y sobre todo las sensaciones avalan a este joven guardameta que aparenta un aplomo y una seguridad en sus quehaceres ciertamente impropios en un chaval de su experiencia. Pero a Kepa nadie le ha regalado nada. Tras diez años en Lezama salió fuera, para crecer y aprender. Sus estancias en Ponferrada y Valladolid han devuelto a un Kepa mejorado que no ha tardado en convencer para quedarse en propiedad con la titularidad bajo los palos del siempre exigente San Mamés, pese a la sombra alargada de mitos como Iribar o Carmelo.


Lo cierto es que el recorrido vital y deportivo de los porteros del Athletic ha cambiado radicalmente en los últimos tiempos. Hace veinte o treinta años la trayectoria de guardametas titulares en el Athletic empezaba en San Mamés para derivar en otros clubes posteriormente. Zubizarreta completó, a principios de los ochenta, cinco temporadas en el conjunto rojiblanco sin pasar más que siete partidos por Lezama. Juanjo Valencia subió del Bilbao Athletic en los noventa, después de poco más de veinte partidos en la cantera rojiblanca, y de la mano de Jupp Heynckes. Imanol Etxeberria, pocos años después, exactamente igual. Empezaban en casa para terminar saliendo a otros clubes de primera división (Barcelona, Sevilla y Rayo Vallecano) con sus respectivas carreras mucho más rodadas. Pero ahora ha cambiado la historia. A la realidad de Kepa podemos sumar otros cuatro casos muy recientes. El más reciente está siendo el de Remiro que, después de dos campañas en el Bilbao Athletic, ya sabe lo que es salir cedido y todo apunta a que volverá a buscar minutos de cara a la próxima temporada. Un camino que también exploró Raúl Fernández, actual Zamora de Segunda, cuando salió de Lezama para probar suerte en el Conquense y en el Granada.


Los paradigmas más claros han sido los de Iraizoz y Herrerín. El portero navarro también salió de Lezama para recorrer una larga travesía por la Segunda B, la Segunda con el Eibar y el Espanyol para volver a Bilbao y defender la puerta de San Mamés siete temporadas después. Y lo mismo con Iago. El bilbaino dejaba el filial rojiblanco después de tres campañas para buscar suerte en el filial del Atlético de Madrid y en Segunda con el Numancia, destino habitual de muchos rojiblancos. El fútbol, el Athletic y la portería de San Mamés siguen cambiando. A la enorme dificultad de llegar se le ha sumado en los últimos tiempos el sacrificio extra de hacer las maletas para completar fuera un proceso de formación y aprendizaje que el Athletic no podía ofrecerles con las garantías suficientes. La portería de San Mamés y su "run-run", la presión de ser profeta en tu tierra mezclada con el orgullo de defender tus colores. No parece descabellado imaginarse que semejante handicap pudiera requerir de años de empoderamiento mental y deportivo. Zubizarreta salió al Barsa para ganarlo todo dos años después de hacer historia con la gabarra, y ahora el Athletic trabaja para que sea Kepa ese portero referencia que todos repitamos sin pensar cuadno recitemos durante muchos años la alineación de nuestro Athletic. La portería rojiblanca sigue dando frutos, antes mitos y leyendas, ahora nómadas de cantera que vuelven todavía jóvenes pero muy maduros. Patrimonio de club.

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