Bombardeo emocional

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"Entre las diez estrategias más comunes y efectivas para manipular al público a través de la comunicación aparece como elemento primordial del control social la estrategia de la distracción, que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones. Hacer uso del aspecto emocional es otra técnica clásica para causar un cortocircuito en el análisis racional y por ende al sentido crítico de los individuos. También cobran importancia mantener al público en la ignorancia y la mediocridad, estimularle para ser complaciente con dicha mediocridad, e incluso aplicar la estrategia de la gradualidad. Es decir, que para convertir en aceptable una medida inaceptable bastará con aplicarla gradualmente, a cuentagotas, incluso durante años consecutivos. Sin olvidarnos del método también llamado “problema-reacción-solución”, crear un problema para para causar cierta reacción en el público y posteriormente ofrecer la solución". (Noam Chomsky, lingüista estadounidense).  


No es casual, ni exclusivamente imputable al final de la temporada, que la dirección del club haya amontonado una batería de comparecencias públicas antes y después de las dos últimas jornadas de Liga. Las ruedas de prensa de Iraia, Eli e Irune y la de Iraizoz antes del Leganés, o las de Valverde y Ziganda tras el ridículo del Calderón y de seguido. El Athletic anestesió las incipientes críticas por sus malos resultados y el pésimo juego con un bombardeo emocional incompatible con el cabreo que había resembrado en los últimos veinte días de competición. Son las estrategias de la distracción y la emotividad. Un intencionado cortocircuito emocional que impida tirar de raciocinio al socio y con el que volver a escurrir el bulto de las preguntas incómodas. Una puesta en escena alternable con desaparecer del foco durante más de dos meses para evitar valorar el "Apoelazo" al método tradicional. Igualito que al final del bienio Bielsa, cuando Urrutia respondía a las cuestiones sobre la continuidad del técnico con que era el momento de despedir San Mamés. ¿Quién despidió a Marcelo?, ¿cómo y dónde se despidió el argentino?. El culebrón valverdiano, forzado por el club en su estrategia problema-reacción-solución, no parece haber ayudado demasiado al vestuario rojiblanco en un final de temporada ciertamente inaceptable. Pero al presidente sí, y mucho. ¿Dónde quedó su rueda de prensa para valorar únicamente la temporada?. ¿Mejor olvidar rápido el pasado?.


Hay que reconocer que la técnica de la cortina de humo le funciona consiguiendo su principal objetivo, neutralizar las críticas de una masa social y periodística habituada durante años a la ignorancia de lo que ocurre en el club y no digamos en Lezama, complaciente con una mediocridad de dirigentes y profesionales que termina contagiándose en esa mentalidad alérgica a los cambios y la exigencia. ¿Qué habría pasado si se hubiese comunicado la salida cantada de Valverde veinte días antes?, ¿con qué habrían neutralizado las críticas de los tres últimos esperpentos y sus consecuencias?. Algo tenían que vender ante la ausencia de fichajes y/o renovaciones de "glamour". El club maneja absurdamente su comunicación y de paso las voluntades de afines y rendidos. "Hoy es el día de Valverde y hay que respetarle", pero a las horas aparece Ziganda en la web manipulando sin rubor las ancestrales coordenadas espacio-tiempo. No importa el respeto personal sino vender yo la burra cuando se me ponga en sálvese a la parte. Dicho todo esto, tanta responsabilidad tiene el que intenta manipular como el que consiente ser abducido. Había una repentina prisa para "vender" los asuntos más "mediáticos" acordados hace mucho tiempo, en cambio, los de verdadero calado -léase Lezama por ejemplo- pueden demorarse y por supuesto sin explicaciones. ¿Filosofía de club?.


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