Entre Old Trafford e Ipurúa

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Supongo que, muchos de los que hicimos el masoca ejercicio de ver el partido del Celta frente al Genk, no pudimos contener una serie de sentimientos cuanto menos encontrados. El pase a semifinales de un equipo de nuestra Liga, en todos los sentidos de la expresión, que hace semanas decidió apostar solo por el sueño europeo y en detrimento de la competición de la regularidad, probablemente reabriese una herida difícil de cicatrizar en el sector más exigente de la hinchada rojiblanca. El fútbol, como la vida, no espera a nadie, y tal vez por eso hayamos decidido centrarnos en la mejoría de resultados del Athletic en las últimas jornadas de la Liga y desviar nuestra atención del fracaso, rotundo y sin paliativos, frente al Apoel en aquella competición que "ilusionaba" en el vestuario zurigorri. Solo hubo que esperar un par de semanas para comprobar cuál fue el destino de los chipriotas en una competición europea que se vende como igualada y emocionante pero que muy poco o nada tiene que ver con aquella UEFA de postín y con eliminatorias ciertamente emocionantes y de alto nivel. Qué pena no aprovecharlo ahora que podríamos.


El cuadro de los cuartos de final de la Europa League actual estaba repleto de viejos conocidos de la afición bilbaina. Pudimos volver a ver al Genk que goleaba al Athletic y era incapaz de ganarle ningún partido al Celta, el que rotó en la fase de grupos con suplentes y está ya en semifinales. O al United, en otra versión bastante parecida a la que enfrentó el Athletic de Bielsa, depauperada y con futbolistas que hace unos años ni recogerían los balones en los entrenamientos, frente al Anderlecht bastante venido a menos del que nos goleó con Caparrós. Qué decir del Besiktas y el Lyon, los primeros eliminados por el Athletic hace un año en un momento crítico del equipo turco, y los segundos, verdugos en aquel grupo del año tapado de Bielsa. Y para completar el Schalke 04, que parece seguir abonado a encajar muchos goles en su estadio, incluso con la eliminatoria remontada y encarrilada. Sin menospreciar a nadie, ni siquiera las capacidades reales de la plantilla rojiblanca, da mucha rabia tener que imaginarse lo que este Athletic podría haber rascado frente a cualquiera de estos rivales. Es indudable el mérito de estar en Europa, en unos años nos suenan casi todos los clasificados de haberlos enfrentado, pero queda la espina clavada de haber caído contra uno aún más flojo que todos ellos.


¿Es suficiente con clasificarse para Europa o debemos exigirle al Athletic algo más de lo ofrecido esta temporada?. ¿Qué prefiere el aficionado y el socio rojiblanco?, ¿quedar quintos en la Liga o disputar la semifinal frente al Manchester que van a jugar los celestes?. Si hablamos de ilusión, como lo hizo Valverde durante toda la temporada, no hay duda, ilusiona Europa y la posibilidad más o menos remota de ganar un título que en el contexto doméstico parece imposible. Desde que Sevilla y Atlético abandonaron la Europa League para pescar en cotas mayores, la Europa League parece cada año más accesible para una gesta del calibre de la que ya ha conseguido el Celta, a priori el menos favorito de los tres de la Liga que la empezaron. Será más o menos sana, pero la envidia de ver al Celta en esa semifinal no la podrá curar ni paliar una victoria en Ipurúa, que no por ello sea menos necesaria. El Athletic ha perdido una grandísima oportunidad y es una sensación que no tuvimos hace un año cuando se perdió en Sevilla dando una muy buena imagen, la oportunidad histórica de volver a pisar territorio lunar en pocos años. Los por qués habrá que analizarlos bien a fondo, pero entre Old Trafford e Ipurúa no hay color. Otro día para arrepentirse y tirarse de los pelos. Lástima que para unos cuantos no sea un fracaso.

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