El efecto dominó

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A falta de fútbol y en puertas del mes de Abril es lógico que los clubes comiencen a planificar, con trazo grueso pero indeleble, la próxima temporada. Se apuran los contratos a punto de expirar, se mueven las direcciones deportivas para anticiparse en aquellas contrataciones más peliagudas, y se desengrasa la maquinaria de los banquillos. Solo en el Athletic parece no moverse ni una mosca. La conversación pendiente entre Urrutia y Valverde, supuesto único gran valedor -este último- del proyecto deportivo de los últimos cuatro años, y la poca prisa para resolver de la que hacen gala incluso en declaraciones públicas, no hacen sino alimentar los rumores y las sospechas. Solo el más ingenuo y el más desinformado sostendrían a día de hoy la continuidad de Valverde en el Athletic. Y es que la importancia de este tipo de movimientos, cuasi de traslación, es directamente proporcional a los méritos que se les suelen adjudicar a estos gestores en los éxitos colectivos, e inversamente proporcional cuando se trata de fracasos descomunales, como por ejemplo el de la reciente Europa League por no remontarnos más en el tiempo.


El Athletic de Urrutia guarda silencio también con el futuro de Valverde, como si su salida ya estuviese pactada y hubiese que hacer la goma otra vez. En caso contrario les habría faltado tiempo. En estas, no deja de ser paradójico que los aficionados del Athletic se informen más de lo suyo por las declaraciones de los dirigentes del Barcelona que por los propios. Algo que extraña menos en cuanto ponemos la lupa, por ejemplo, sobre la relación profesional entre Amorrortu y Urrutia en los últimos tiempos. Es más que relevante la prolongada ausencia de Amorrortu en los asuntos del primer equipo, y no menos notorio que mantenga su millonario contrato. Sin dimitir, claro. El hecho de que los asuntos propios del director deportivo sean despachados por el presidente y/o el director general evidencia dicha ruptura. Tal vez por eso Jose Mari no salga en rueda de prensa para nada, por más que se le demande desde diversos foros. Cabe entonces preguntarse por qué continúa Amorrortu en Lezama, y sobre todo quién ha sido y sigue siendo su gran valedor si su relación con la cúpula directiva es fría e inexistente. Alguien con mucho peso en el club y en las decisiones del presidente debió de convencerle en su momento con argumentos de peso para que Jose Mari continuase en el organigrama del primer equipo sin funciones que desempeñar. Extraña que ningún medio se haya hecho eco de tan gruesa anomalía, o tal vez no.


Pero los "dimes y diretes" no terminan ahí. Ante la inminente salida de Valverde, todo apunta a que rumbo a la ciudad condal donde le espera un vestuario partidario de Unzué, su relevo ocupa la "pole" en las conversaciones de una afición anestesiada en San Mamés y sin ilusión ante otro proyecto agotado. No son pocas las voces que apuntan a Ziganda como sucesor del txingurri. Su labor en el Bilbao Athletic y sobre todo la supuesta confianza de Urrutia le avalan. La controversia llegaría, una vez más, con Amorrortu. Conocida sobradamente su relación profesional con Ziganda tras los penosos hechos acaecidos en el Bilbao Athletic durante la temporada en Segunda división, cuesta mucho trabajo creer que Jose Mari -como director deportivo- propusiese al Cuco para semejante caramelo. De ahí que algunas informaciones ya apunten a que el candidato del indefinidamente defenestrado director deportivo sería Quique Setién. Cualquiera menos Cuco, vaya. ¿Por qué mantener a alguien tanto tiempo en un cargo no vinculante?, ¿habrá cambios en ese despacho a partir de Junio?. El efecto dominó que originará Valverde podría mover más de una silla en el Athletic y no solo en los banquillos. En esta política de amiguetes y traicionados todo es posible, pregunten dentro y fuera Lezama. ¿Fin de ciclo?, ¿para cuántos?.


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