Un triste mensaje

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El Athletic nos ha acostumbrado últimamente a entrar en competición europea. Según algunos, propensos a poner el foco en lo conseguido antes que sobre lo conseguible, más bien mal acostumbrado. Ese es el argumento recurrente para tratar de tapar las derrotas perennes más indefendibles. Valverde y sus muchachos se encuentran cómodos en la demagogia, atrincherados en la idea de que no se les valora justamente, prefieren el reproche al entorno a reconocer sin paños calientes sus propios fracasos. ¿Acaso no cabe exigir mucho más frente al Apoel a un club que lleva tantas visitas europeas consecutivas?. Precisamente por la experiencia  adquirida, por el nivel de la plantilla, y por ese permanente afán de superación que tantas veces echamos en falta en sus declaraciones, por eso la eliminación de la Europa League no debiera ser calificada por menos que un fracaso total y absoluto. Tanto en el partido de ida por la frustración ofensiva y la preocupante endeblez defensiva, como en la vuelta por la enésima desaparición de un colectivo repanchingado en la tesis de que bastante hicimos con volver a clasificarnos, remitiéndonos al año que viene otra vez sin nada que llevarnos a la boca. Ante semejante tesitura cabe preguntarse si basta con clasificarse vía Liga o debemos exigir algo más.


Este Athletic se mueve en una de sus más importantes encrucijadas históricas, la de decantarse por la exigencia firme y decidida de optar a ganar títulos o la de conformarse con echar siempre la vista atrás. Se gana la Supercopa frente al Barsa y se menosprecia en las celebraciones con el argumento de que no se mereció disputar esa final al no haber ganado ninguno de los títulos previos. Se visibiliza que ganar la Copa se ha convertido en misión imposible ante la voracidad de Madrid y Barcelona, se entiende que podría ser la Europa League esa competición en la que hacer historia, y nos apañamos con jugar la fase de grupos y hacer un par de viajes en cuadrilla. Qué decepción escuchar a Aduriz. ¿Qué ha cambiado Aritz?. Hace menos de dos años reconocías abiertamente que "el objetivo era intentar ganar la Europa League", que "si no mejor nos quedamos en casa". Y ahora, evitas calificar de fracaso el fracaso. De Urrutia o de Valverde te lo esperas, han interiorizado a la perfección el mensaje institucional, alérgico a la autocrítica, asentado en el auto-halago permanente. Pero de profesionales ambiciosos y con gen ganador, de cracks como Aduriz sí que decepciona. Ya estamos en casa, eliminados antes de tiempo por un rival muy flojo, ¿por qué evitar ciertos calificativos mientras volvemos a poner cara de circunstancias?.


Las excusas. Frente a la deficiente trayectoria europea de este club en años de bonanza, ese rosario de patéticas excusas para seguir justificando la inoperancia y el discurso de equipo pequeño. El calendario, las lesiones, los horarios, los rivales, mirar al pasado, los reproches a la afición y la prensa ... siendo algunos elementos ciertos, no debieran ser utilizados para obviar el fracaso individual y colectivo, en Europa una vez más y en la Liga fuera de casa, con números y sensaciones absolutamente deplorables. Después de años en Europa,  con el mismo cuerpo técnico y prácticamente con la misma plantilla, ¿era una locura esperar compenetración, mejora progresiva y objetivos ambiciosos y sinceros?. La frustración y el fracaso del proyecto queda subrayado con las valoraciones de sus protagonistas. ¿No se puede aspirar más o tal vez sí?. La peor sensación es convencerse de que no se puede llegar más alto, más aún cuando te niegas a creer, cuando fomentas el "con cualquier cosa nos vale", cuando te plantas sin haber tocado techo. No conformarse con el aprobado para llegar al notable, exigirse el sobresaliente para no quedarse en un nota buena sin más. No engañar a nadie calificando de sobresaliente acabar la Liga séptimo, entrando en Europa gracias al Barsa. Abandonar tu zona de confort y no sacar pecho por cumplir tu único objetivo (volver a Europa cada año). Hacerlo no es un éxito, sino una obligación. De aquellos discursos estos fracasos. Lo del Apoel fue un FRACASO tras el sorteo más favorable posible en la "segunda división europea" según Valverde.

 

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