Y Valverde, ¿qué?

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Presión. Es lo que debe de sentir Valverde a tenor de los últimos acontecimientos. La repentina declaración de Luis Enrique anunciando que dejará el banquillo culé en Junio y las intenciones explicitadas de Urrutia, poniendo en el tejado del txingurri la pelota de su continuidad en el Athletic, han precipitado el eterno debate promovido por esta política anti-Fergussoniana del "año a año". Y es que, por mucho que algunos pretendan controlar los tiempos hasta marearlos, la realidad te obliga a tomar decisiones. Llegados a este punto cabe preguntarse si tendrá Ernesto una decisión tomada, porque si la respuesta fuera que quiere renovar una temporada más, costaría creer que no lo hubiesen hecho público ya. En el Athletic, por suerte o por desgracia, los ciclos vienen marcados por los presidentes y sus procesos electorales, y no por la supuesta deriva de una sociedad más o menos caprichosa y sin valores. Demagogias aparte, ¿cuántos candidatos se presentaron a un proceso electoral con el mismo entrenador que el del presidente anterior?, de haber habido elecciones en la última convocatoria, ¿habría habido consenso con Valverde o habríamos cambiado de gurú si Josu hubiera perdido en las urnas a las que no tuvo ni que presentarse?.


Urrutia justifica su postura con Valverde argumentando que es Ernesto quien tiene que responder y que tiene "una conversación pendiente con él". Más madera. Se ampara en la costumbre, alegando que "tenemos una forma de proceder que se ha utilizado en los dos años anteriores y creo que será similar". Pues la experiencia nos demuestra todo lo contrario. Sin ir más lejos, la temporada pasada anunciaron su renovación el 3 de Marzo. ¿Por qué demorar esta vez la resolución al enigma?. Las formas de proceder han sido muy diferentes en los tiempos. Tanto que para su primera renovación, en cambio, hubo que esperar a Mayo, con la clasificación europea matemática y en puertas de una final copera. El argumento de aquella primera vez, que caducó en Marzo del año pasado, fue que preferían no descentrar al equipo en mitad de temporada. Cabe suponer entonces que un año después se les iba la vida en Febrero y por eso las prisas. De lo que no tenemos referencias es de cómo actuarán ambos amigos cuando la fumata blanca sea de punto final. Con Bielsa esperaron a últimísima hora, dijeron que lo habían debatido en la directiva, ya con la salvación en el bolsillo (penúltima jornada). Lo anunciaron en Junio, con la temporada finiquitada, en la web, estilo teletipo, y sin rueda de prensa para que ningún cuchillo les rozase. Ya se despedía Marcelo por su cuenta a través de Facebook, en plan "gure estiloa".


La versión de Valverde es ambigua. Lo mismo está "centrado en el Athletic"  que responde en la web del club con el enigmático mensaje de que "no esperaré a que el Athletic me enseñe la puerta de salida". Enigmático y bastante ventajista también, porque su amigo ya le ha ofrecido públicamente el contrato y porque no pasa Josu por ser un presidente partidario de los ceses. Ni con Bielsa y sus rajadas, ni con su director deportivo, al que apartó sin echarle para que siguiera cobrando su sueldazo. Que tampoco nos tomen por idiotas. Valverde estará muy centrado, pero su representante también. Partiendo de que desde el 1 de Enero es libre para negociar, Valverde podría estar hasta firmado por el Barcelona sin que ningún medio bizkaino lo publique ni lo investigue. Lealtad obliga. Solo hay una forma de terminar con esos "dime y diretes" que tanto molestan al presidente, renovar o anunciar que no lo harás, pero ya, como el año pasado. Son los protagonistas del culebrón los que lo siguen fomentando, propiciando el debate, desviando la atención. ¿A qué o a quién espera Ernesto?, ¿es remotamente posible que no tenga ya una decisión tomada como hace un año?, ¿habrá hecho la goma con el Barsa durante un tiempo?. Su segundo ciclo pudo haber terminado hace dos años, que le pregunten a Javi Gracia. Solo su amistad con el jefe, los 36 goles de Aduriz, y los editoriales jaboneros han conseguido mantenerle pese a los fracasos europeos y los supuestos éxitos de haber cumplido objetivos, como si no fuera su obligación. Seguimos esperando. ¿Hasta cuándo?.


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