De Bucarest a Nicosia

|


Mayo de 2012. El Athletic pierde la final de la Europa League en Bucarest. Ante la impotencia de un pésimo partido la afición se refugia en aquel discurso interno y sospechosamente filtrado de Bielsa en el que calificaba a sus jugadores de "millonarios prematuros". Desde entonces, la rabia y las ganas de ir a por más se han ido edulcorando, adaptando a los nuevos tiempos rojiblancos. Pasamos de clasificarnos para una final y apenas disputarla a reprocharnos nuestra supuesta falta de sensibilidad por la trayectoria recorrida en los últimos años de apariciones cuasi constantes en competiciones europeas. De la descalificación consentida al conformismo y el reproche hacia el exterior. El vestuario rojiblanco no es más que un triste reflejo de la actitud y la mentalidad de la afición. Tantos años apartando al Athletic de las críticas y los debates sosegados han convertido al club en intocable. Se habla de exigencia pero con la boca pequeña y cruzando los dedos por debajo de la mesa. Cero autocrítica, nos venden humo alternando el mantra de la espinita clavada de Bucarest y el que verbalizaba Beñat el pasado Jueves de que Europa es "jodida". Y a otra cosa.


Desde aquella infame final ha llovido mucho y todo excelente, según algunos. Así debieron entender la eliminación, en la fase de grupos de la temporada siguiente, de la versión más patética del bielsismo. Sin ganar ninguno de los tres partidos de casa frente al otro Apoel, el Sparta de Praga y el Lyon. Así debieron entender el fracaso en la Champions, dos años después, tirándonos de la competición en la segunda jornada con una rotación en Oporto absolutamente inaceptable y encajando cinco goles con el Torino en la repesca de la Europa League. Así debieron entender la inmerecida clasificación frente al Marsella en San Mamés donde los visitantes merecieron sentenciar en la primera parte, y qué decir del gol de Aduriz en Mestalla tras mano previa de Susaeta. Entonces no había complots arbitrales ni había que levantar la voz. El Athletic competía, daba la cara, hacía historia, ¿seguro?. ¿Por qué no hablamos de cómo se accedió?. Sin jugar la vuelta en Trabzon, ¿recordamos los titulares en prensa antes de viajar para allá?, con un séptimo puesto en Liga gracias a las Copas del Barsa (Supercopa incluida), un Sevilla distraido en Liga para ganar finales europeas, un Villarreal de Champions, y con la única oposición de un Celta siempre por debajo. ¿Éxito?.


Han pasado más de cuatro años de lo que se nos vendió como un cambio de chip, una histórica vuelta de tuerca a una mentalidad arcaica y conservadora. Y ¿qué ha cambiado?. Escuchas a Valverde y a los jugadores y te das cuenta de que nada de nada. Han comprado el discurso a la defensiva de sus aficionados, los que se reprochan en la calle y en las redes sociales no valorar lo conseguido, los que publican pensamientos de este calibre: "el bajón que tengo hoy me lo puede solucionar Urrutia anunciando mañana la renovación de Valverde". El entrenador por encima del club. Bielsistas y valverdistas cayendo en el mismo error, hacer más cómoda la legislatura de un presidente escarmentado de contratar a profesionales alérgicos a plegarse a sus voluntades porque sí. El cortijo de amigotes exfutbolistas haciendo frente a los disidentes, los inconformistas, los críticos. No soportan la exigencia, ni la compran ni la aceptan. Quieren seguir adelante viviendo de un pasado maquillado por sus plumillas de cabecera, que los hay y muchos. Por eso Apoel, por eso Genk, por eso Sassuolo. No quisieron ver la viga durante meses en su propio ojo pero no pasa nada, nos queda la Liga y opíparas comidas en suculentos viajes. ¿Cambio de ciclo o advenimiento impostado del apocalipsis para hacer nuevamente campaña en favor del entrenador?.


EDITORIAL

ÚLTIMO PODCAST

ÚLTIMA ENTREVISTA