Objetivo por alcanzar

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Lo han repetido los protagonistas hasta la saciedad y Valverde en muchas de sus comparecencias delante de la prensa en innumerables ocasiones, el objetivo de la temporada para el Athletic es volverse a clasificar vía Liga para la próxima edición de la Europa League, sin renunciar a cotas mayores, apostilla cuando está de subidón el técnico rojiblanco. Desde ese punto de vista, de ambición comedida y ajustada a las posibildiades que Ernesto ve en su plantilla con respecto a sus oponentes -Villarreal, Real Sociedad y Celta básicamente-, es evidente que no terminar la primera vuelta entre los seis primeros y no llegar a los 30 puntos ansiados por Valverde supone no haber cumplido doblemente. La relevancia del argumento resultadista tiene estas cosas, sobre todo cuando, evaluando la película desde el ángulo siempre subjetivo y tendencioso de las sensaciones, parece que al toro tampoco hay por dónde cogerlo. Sin convencer y sin los puntos suficientes ni necesarios cierra el Athletic una primera vuelta repleta de inconvenientes, pinchazos y lamentos.


El calendario de un equipo que quiere estar y batallar en tres competiciones es siempre duro. La clave está en la profundidad de tu plantilla y en la confianza que estés dispuesto a depositar en aquellos futbolistas con los que decidiste emprender la marcha en Julio. Es de sobra conocida la saturación que conlleva alternar la Liga con la fase de grupos de la Europa League hasta Diciembre, con la Copa durante los meses de Enero y Febrero, así como el desgaste inevitable a partir de Marzo cuando todas las competiciones entran en sus fases decisivas. El lamento y la protesta de quienes han de disputar un partido de Copa o de Europa League con menos horas de descanso de las debidas, por las actuaciones arbitrales en algunos partidos puntuales, y la ausencia de autocrítica desde el banquillo, han sido el leit-motiv de esta primera vuelta. Todo con tal de vivir al margen, por ejemplo, de una racha de casi cuatro meses sin ganar fuera de casa en Liga. Eso sí que complica y mucho las cosas. Y qué decir del esperpento europeo con goleadas aquí y allá, y con los titulares a pie de obra en muchas de ellas, por cierto.


Las mejores noticias siempre nos las trae la cantera. Las irrupciones de Kepa, Yeray, Villalibre o Vesga; así como el asentamiento -cada día que pasa más notorio- de los Williams, Lekue, Eraso y compañía; son el motor y la razón de ser de este club único y diferente. Mejorar desde la exigencia, en una mezcla permanente de jóvenes talentos y jugadorazos contrastados, es el mayor reto de un Athletic asentado en la Liga, con apariciones constantes en Europa y atento a que un año de estos la Copa nos devuelva la ilusión que atisbamos con la Supecopa. Algunos ilusos, tal vez muy osados, creemos en que este equipo puede y debe pelear con los Villarreal, Real Sociedad y Celta para acechar -en lo posible- esa cuarta plaza a la que ni siquiera el Atlético acierta a echarle el guante. Las dificultades y los hándicaps los conocemos al dedillo, pero también hemos visto a este equipo y a estos jugadores superar adversidades y arrollar a los mejores. Son ellos los que nos han inoculado el virus de la ilusión y del "por qué no un poquito más". Hemos disfrutado del camino pero queda lo mejor por andar y explorar, la senda de los ganadores. Perder finales y verse tan cerca de la gloria en otras eliminatorias avivan el hambre, y eso es bueno, es necesario, es la vida. No nos conformemos con llegar ni con estar, ganar es lo que cuenta. Ambición y mejora. Por intentarlo que no quede.


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