La ley del silencio

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Se está convirtiendo en una tendencia, un "modus operandi", una filosofía aplicada, pero que nada o muy poco tiene que ver con la centenaria historia rojiblanca. Frente a una marcada y restrictiva línea de actuación, diseñada desde Ibaigane con puño de hierro, el combate y los malos modos. Después de tres años de halagos y jabones varios, la prensa ha despertado de su prolongado letargo y eso no ha gustado en absoluto a Valverde y compañía. Su reacción tras la agónica victoria europea frente al Sassuolo, señalando a los periodistas como el origen de todos sus males y tropezones, fue una muestra más del camino a seguir para todo estamento del club. A medida que el equipo va acumulando fiascos y pésimas actuaciones, sobre todo lejos de San Mamés, el papel adoptado por Urrutia desde sus inicios como presidente ha sido calcado por Valverde y unos cuantos jugadores. Desde el "cojonudo" de Ernesto, hasta el "vosotros queréis que nos pasen cosas" de Raúl García, y pasando por el "me desean cosas malas" de Muniain. Cuánto malvado de repente y siempre en la misma trinchera. ¿Casualidad acusadora o campañita?.


El famoso "conmigo o contra mi" de Urrutia ha contagiado a quienes gozaban de una imagen pública blanca e inocente, labrada durante años en tantas redacciones de periódicos. Por eso no tardaron en brotar los eternos defensores de lo imposible, alegando que aquel malencarado y desafiante no era Valverde, como si hubiese sido una alucinación, una enajenación transitoria o tal vez un doble muy bien caracterizado. La crispación y la mala uva, consecuencias evidentes de la frustración de los malos resultados y el lamentable juego desplegado un fin de semana tras otro, se pagan con el que pone la alcachofa. Es paradójico que el resultadismo y la "clasificación, amigo" tan valverdianos se impongan como argumento para justificar una campaña con demasiadas sombras, y al mismo tiempo sean acicate suficiente para tratar de corregir conductas en el terreno de juego de quienes todos sabemos que no van a cambiar, ni falta que hace. No se puede criticar y parece que tampoco se debe protestar. No sabemos si solo por llevar tres meses sin rascar a domicilio, como si tuviera que ver, o porque el club cambiara su irritante caballerosidad institucional con la Liga a la hora de defender lo suyo.


La doble vara de medir de Valverde traspasa su conducta con unos cuantos futbolistas a la hora de confeccionar onces, hacer los cambios o sacrificar a los que estén en una dinámica negativa de juego. Si la protesta es de Aduriz se justifica públicamente, hablando del árbitro y el carácter del jugador. Pero cuando la hace Laporte se invita a la reflexión para la corrección. ¿Por qué ahora y no desde hace año y medio cuando llegó Raúl García?, ¿no es un poco escesivo señalar al navarro por el cambio de estilo y ahora con esto? ¿No llevábamos años pidiendo a gritos a alguien con genio y figura sobre el verde?. El carácter viene de cuna, transformado en sesudos informes desde la más tierna infancia en las categorías inferiores de Lezama. Lo que con unos es comprensible no debe ser cuestionado con otros. No descentran las protestas, por airadas, continuadas o excesivas que puedan parecer. Lo que descentra es seguir perdiendo sin rematar a puerta fuera de casa. Insiste Valverde en ver pajas en el ojo ajeno para no querer las bigas del propio. Acentuando en público los "debes" de sus futbolistas con la excusa de haberlo comentado en privado, mientras sigue sin reconocer un solo error propio. No es necesario que agreda a nadie para denunciarse a si mismo, pero tampoco alterar ni modificar el carácter de los pocos que lo demuestran en defensa de nuestros intereses.


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