Espejito, espejito

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¿Quién es el entrenador ideal para el Athletic?. Tú, Ernesto. Respondía la prensa bizkaina unánimemente, un día tras otro. Qué poco recomendables las opiniones únicas, cuánto daño hacen tanto jabón y tanto elogio. La falta de costumbre de escuchar voces discordantes, la pervivencia de algunas preguntas y debates le han abocado al dialogante Ernesto al enojo, el cabreo y la pérdida radical de aquel tonete más propio de cuadrilla de poteo en las ruedas de preguntas fáciles de los Viernes en Lezama. Con lo socorrido que es apañarse una pseudo-entrevista sin periodistas. Valverde también se rebrinca, por ahora solo con periodistas, el blanco más fácil y populista. Ernesto mostró su tono más irascible con aquellos plumillas que ha sentido afines y sin fisuras durante tantos años, algunos desde su época de jugador. Ante la ausencia total y definitiva de la más mínima autocrítica por su parte, cuesta mucho darle credibilidad a las justificaciones y remiendos de su itinerante propuesta. No desgastan las mismas caras, ahí siguen los mismos, más bien era insostenible seguir disimulando tantos años tus verdaderas intenciones futbolísticas. Ya les pasó a otros con menos apoyo y peores mimbres.


El partido "cojonudo" que vio Ernesto contra el Sassuolo consistió en aprovechar dos de los dieciseis córners salidos del guante de Beñat y en tres intervenciones decisivas de Herrerín. Valverde se molesta cuando le recuerdan su cambio de propuesta, dejando a un lado la posesión y el control de muchos partidos en detrimento del juego directo, buscando la pegada y a contrarreloj. Es como si renegase de su versión original poniendo a dos o tres futbolistas como excusa, incluso a quienes ya no están. El elogio al rival se ha convertido en algo habitual en su discurso, pero no como apunte de cortesía, sino como venda antes de cualquier herida posterior. Y es que, al tiempo que su presidente saca pecho de la escalada -con su gestión- en el ranking FIFA, hay que rebuscar mucho para encontrar allí mismo al debutante Sassuolo. A Ernesto solo le queda el argumento de lo conseguido y su dificultad mientras sigue perdiendo adeptos. El mismo leit-motiv con el que se fue de la Champions en la segunda jornada. La exigencia le molesta. Aquel que crea haber tocado techo ya sabe dónde está la puerta.


Valverde invita a mirar a otros grupos con memoria selectiva y demagógica, buscando el mal ajeno para justificar su supuesto mérito, ser segundo por encajar cinco goles contra el Genk. Pero, ¿cuántos primeros de grupo han sumado nueve puntos -como el Athletic- o menos en cinco jornadas?, solo 2 de 11 (Apoel y Osmanlispor). ¿Cuántos equipos han encajado más de diez goles -los recibidos por el Athletic- en estos cinco partidos?, 5 de 48 (Gabala, Austria Viena, Panathinaikos, Gante y Konyaspor). Seguro que estos números no te interesan, ¿verdad txingurri?. Es lógico. A Ernesto no le sorprende estar clasificado con nueve puntos, le sobra con cumplir su expediente. Un partido "cojonudo" en una competición que "le ilusiona". Ver y escuchar a Valverde el pasado Jueves era revisitar espacios de contradicción ya explorados demasiadas veces. Su mensaje y su gestualidad iban por separado haciendo bueno aquello de que la cara es el espejo del alma. Ernesto se siente cuestionado, incomprendido, atacado. Empieza a asemejarse a su jefe, hostil con el discrepante e incapaz de repensarse sus delirios. Disparar contra tus mejores aliados -la prensa- es otro claro síntoma de torpeza y pérdida progresiva de papeles. El "gure estiloa" es contagioso, qué pena.


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