Los seis de Amorrortu

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Manual de cómo un éxito histórico para un club de cantera puede convertirse en algo más que un quebradero de cabeza. El paso del Bilbao Athletic por Segunda división sigue coleando, no solo por la duda razonable de si el club puso toda la carne en el asador para mantener a su filial en la máxima categoría a la que puede aspirar, sino también por el capítulo de cesiones programado desde el despacho de Amorrortu. Todo eran problemas hace un año. Hasta Valverde puso el grito en el cielo por el desgaste que sufría el césped de San Mamés a consecuencia de la sobreprogramación de partidos del "B" (así lo denomina Ernesto) en Segunda división. Cada cual defiende la cantera como la entiende realmente. El Athletic, Lezama, y más concretamente Amorrortu, entendieron como una molestia inesperada profesionalizar a las generaciones llamadas a dar relevo en pocos años a los actuales leones. El imprevisto tiene consecuencias. La vuelta al pozo de la Segunda B era incompatible para algunos cachorros que habían despuntado en categoría superior, así que la recolocación de futuras promesas para que continúen con su formación se ponía en marcha. Después de tantos años en el pozo, experiencia en esta gestión ... ninguna.


El principal problema de la operación no estaba en el frío que dicen que hace lejos de Lezama, sino más bien en la incapacidad de la dirección deportiva de compatibilizar una nueva etapa de formación de sus talentos con los objetivos y las urgencias de los clubes receptores. El ritmo del Bilbao Athletic no es el de Levante, Zaragoza, Elche o Valladolid. Nuestros pro-futbolistas salen al mercado, a la cruda realidad del exterior, desde el interior de una burbuja artificial y contraproducente creada por el propio Athletic. La milonga de formarse sin competir, de aminorar la exigencia de resultados porque eso no va con nuestra supuesta filosofía de cantera, provoca que nuestros cachorros choquen de bruces con el shock traumático de verse infrautilizados allí donde Amorrortu ha podido reubicarles. Los entrenadores con objetivos no están para perder el tiempo con pruebas indefinidas y resultados lamentables, ni siquiera Ziganda era partidario de lapidar un ilusionante año en Segunda, pero mandando en Lezama este capitán los marineros están abocados a la frustración y la progresión intermitente. Con Aketxe toda la temporada y con Guillermo igual la sequía goleadora habría sido menor, ¿verdad cuco?.


Los casos de Unai López, Óscar Gil, Santamaría, Remiro, Markel Etxebarria o Iriondo son el fiel reflejo de la ineptitud de las mentes pensantes de Lezama. De aquellos que defienden que la formación es mucho mejor fuera, de quienes comparan estos casos con los de Aduriz o Beñat. Como si fuera lo mismo salir del primer equipo del Athletic porque no cuentan contigo, a hacerlo desde un filial descendido en Segunda división. Ya les habría gustado a muchos tener la oportunidad de seguir en Lezama, compitiendo al más alto nivel posible, y no en el Burgos o el Conquense en Segunda B. Futbolistas muy jóvenes e inexpertos, todavía por hacer, luchando por un puesto con veteranos que se juegan las alubias cada Domingo. ¡Vaya gestión, Jose Mari!. ¡Menuda previsión!. ¿Y ahora qué?. Mientras Erik Morán tampoco juega en Zaragoza, Kike Sola no rasca bola en Getafe, y dos cachorros como Vesga y Aketxe podrían salir en Enero vaya usted a saber para no jugar dónde, el Athletic ya tiene a seis promesas atascadas. Por cierto, ¿los debutantes frustrados de Valverde también son medallitas de entrenador de postureo o ahora no?. ¿A cuántos extranjeros ha fichado el Sevilla para tener a su filial arriba en Segunda?. Las mentiras y las excusas del pasado son los problemas del presente y el futuro. ¿Saldrá Amorrortu a dar explicaciones?. Risa floja.


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