Enchufados, cansados y defenestrados

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"Este equipo sin intensidad no es superior a casi nadie", "el Athletic tiene que salir enchufado desde el minuto uno a los partidos". Son sentencias que seguro nos sonarán familiares. La apuesta de Valverde por el derroche físico sin límites ha ido solapando -paulatinamente aunque sin tregua- a aquel fútbol dominante, basado en la posesión, y abierto a las bandas para buscar profundidad. El radical cambio de Valverde al universo de la pegada, más propio de tridentes mediáticos y extraplanetarios, va mermando las alternativas futbolísticas y tácticas del equipo para convertirlo en mucho más previsible con balón y vulnerable sin él. La exigencia que reconoce Ernesto con sus jugadores se limita a la presión y el trabajo estajanovista, y sus consecuencias ya las empezamos a padecer al segundo mes de competición. Así la retahila de titulares en prensa como: "una sesión bajo mínimos" o "el Athletic podría recuperar a 6 de las 8 bajas". Entre lesionados y tocados, mayoritariamente por cuestiones musculares, el Athletic no termina de levantar cabeza, y eso también afecta al rendimiento grupal. Cuesta trabajo encontrar jugadores en plantilla que no hayan arrastrado problemas físicos en apenas quince partidos y sin las demoledoras previas veraniegas de antaño.


Javi Eraso daba con una de las claves -hace pocos días- en rueda de prensa. "Siempre es difícil para cualquier jugador quedarte tanto tiempo fuera del equipo", "cuantos más partidos haya, mejor para gente como yo que cuenta con menos oportunidades", "necesitas partidos y más minutos para ver lo que te falta y lo que no". No parecen mensajes fuera de tono ni lugar, sino más bien argumentos lógicos. Su explicación al hecho innegable de que el reparto de minutos haya variado en algunas de las últimas citas (Bernabéu y Cornellá) es demoledora: "entiendo que es porque quiere tenernos a todos un poco vivos y porque vería a los que juegan siempre un poco más cansados. Es para tener a la gente más enchufada". Y tanto que los ve cansados. Lo que habría que cuestionarse es por qué hay tantos, tan cansados y tan pronto, ni que estuviéramos en Febrero o Marzo. En este sentido, se antoja incompatible que futbolistas como Etxeita, Muniain, Iturraspe, Mikel Rico, el propio Eraso y algunos más queden relegados a disputar minutos para secundarios. El papel motivador y recuperador de un entrenador se sustenta precisamente en eso, en devolverles la confianza y la chispa en su juego a los que ha perdido por el camino. Nada más lejos de la realidad, por desgracia.


En ataques de entrenador como el de Cornellá, o aquel de Alkmaar, es cuando el deficiente e inexistente sistema de rotaciones de Valverde queda más en evidencia. El grupo de los titulares "cansado" y el de los suplentes "vivo" artificialmente sin los minutos suficientes como para rendir en condiciones frente a rivales "enchufados". Solo dos meses y a este Athletic se le acumulan peligrosamente los problemas musculares, de los que lo juegan casi todo y de los que entran "de golpe y porrazo" y notan el esfuerzo extra de su inactividad. La grosera contradicción del txingurri, pretender dar el 100% físico con un grupete de futbolistas durante más de cincuenta partidos, llega al límite de lo cabal cuando improvisa alineaciones sin compenetración ni confianza porque seis o siete de sus titulares ya están extasiados de solo correr. Ernesto sigue tropezando, ofuscado e irreductible. Y es que, frente al reconocimiento de una evidencia por parte de Eraso, no sin grandes dosis de clemencia: "a nivel de juego igual no estamos del todo finos", la sesuda propuesta de Valverde ha quedado reducida a juego directo, reventarse como cosacos, y una obsesión por evitar errores no forzados. Si somos exigentes de verdad no transijamos con dilapidar puntos frente a Sporting, Málaga, Osasuna y Espanyol; y menos aun en tan pocas jornadas. Por ahí se pierde la cuarta plaza. Que se lo apunten ya futuros ventajistas, amigos de Ernesto y compañía.


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