Sin descuentos, hermano

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Las peñas de la Real pusieron la semana pasada el grito en el cielo, como no contra el Athletic. Protestaban porque Ibaigane no haya querido sumarse a la supuesta iniciativa del resto de clubes vascos de acordar "precios populares" para los partidos de Liga entre dichos equipos. Su amenaza, no acudir como peñas a San Mamés, sugería igualmente al resto de peñistas de los demás equipos vascos su adhesión para que continuasen con el boikot. Nada nuevo bajo el sol del falso hermanamiento. En Febrero de este mismo año, estas mismas peñas también protestaban, y solamente en la previa del partido de San Mamés, por el escaso número de entradas (800) ofrecidas por el Athletic, sin detenerse a reflexionar sobre el reparto de las mismas por parte de su club. ¿Su precio?, entre los 45 y los 80 euros. ¿Alzaron su voz entonces por aquel gravísimo atropello económico?, no. Es esta temporada, con la excusa de los cinco equipos vascos en primera, cuando se les antoja pagar lo mismo por una butaca en el nuevo San mamés que por otra en el Sadar. No parece lo mismo.


El Athletic está en su derecho de repartir y poner precio a sus entradas como considere. Con las peñas de otros equipos y con sus aficionados. A ver si van a ser solamente los socios rojiblancos los que corran con los gastos sobrevenidos de un campo nuevo con sus mejoradas instalaciones. En la virtud de pedir está el derecho de no dar, más aun cuando el Athletic ha mantenido su posición discrepante desde el minuto uno. Montar ahora el numerito con una pataleta ridícula solo es propio de aquellos que tratan de disfrazar sin éxito su rencor y su envidia históricas bajo una falsa hermandad geográfica. El Athletic pone el precio en un estadio nuevo en 45 euros y es una vergüenza, la Real lo puso en 40, por ejemplo en 2014, tratándose de localidades mucho más alejadas del terreno de juego y hay que tragar. Puestos a pedir, ¿qué tal si dejan de firmar cláusulas mucho más elevadas para jugadores de la Real a los que pretenda el Athletic?. Para eso no somos todos vascos, ¿verdad?. Somos el enemigo. Es todo un detalle que los clubes tengan gestos con sus peñas, pero se convierte en una patata caliente complicada de gestionar cuando la deferencia se confunde con obligación. Cuando una propuesta no vinculante debe ser tomada y aceptada por las buenas o por las malas.


En el Athletic ya vivimos algún episodio lamentable con este asunto. En Diciembre de 2010, la directiva de Macua puso a la venta en taquilla 150 de las 600 entradas enviadas desde Donosti. Apenas 60 afortunados pudieron hacerse con alguna. El enfado fue de tal magnitud que un grupo de maleducados se acercaron a ibaigane insultando a directivos y empleados del club. La vieja cantinela de los compromisos y el reparto de un pastel siempre escaso. A la hora de la verdad, el problema de fondo radica en un conflicto entre los intereses económicos privados y un supuesto derecho de la masa social en el que siempre se imponen los primeros. Es una idea interesante que los precios para ir al fútbol sean mucho más asequibles, pero ¿por qué solo para unos partidos?, ¿por qué solo para algunos peñistas?. Si la directiva de la Real está tan "sensibilizada" con el bolsillo de una minoría de sus aficionados que apechuguen ellos solidariamente con la diferencia, tal y como han hecho algunos otros clubes en contextos similares. Será pedagógico y muy revelador escuchar la intensidad de las quejas de estos indignados cuando "su Real" les suba los precios de abonos y carnets para costear parte de la reforma de su estadio municipal. Cuánta habilidad para calentar su partido del año. En San Mamés, sin descuentos, hermano.


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