En el campo, Iker

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"Sí que tengo esa sensación. En esta vida hay gente para todo. Mucha gente que no te desea que te pasen cosas buenas. Muchos que me dan ya por terminado, y eso no me gusta pero me motiva más {...} A la cara se dicen pocas cosas. Son comentarios que lees, que te llegan, cosas que se palpan en el ambiente. Uno se da cuenta". Así se expresaba Iker Muniain en el partidazo de COPE la semana pasada. Un jugador del Athletic que prefiere rajar en Madrid, juraría que ya lo hemos vivido con algún otro al que le bailaban el agua en la capital del reino. Asegura Muniain que palpa en el ambiente, suponemos que el rojiblanco, que hay gente que le desea el mal y que le da por finiquitado futbolísticamente hablando. En esta tesitura informativa, cabe preguntarse si eso es cierto, y en tal caso por qué ocurre. Qué fue de aquel joven talentoso, vertical e incisivo que encaraba a las defensas rivales con una osadía que nadie tenía en Lezama. Tantas temporadas debatiendo sobre su posición más idónea en el terreno de juego para llegar a este desagradable punto. El de un futbolista todavía muy joven pero estancado. En su club, en la selección, y a ojos del aficionado. 


Todo cambió definitivamente a raíz de aquella grave lesión en Sevilla, en Abril del año pasado. Desde entonces, la temporada pasada, a partir de Diciembre del 2015, participó en 28 partidos oficiales. Completando solo dos y alternando casi a partes iguales titularidades con suplencias. Esta temporada, ha participado en 6 partidos oficiales y en ningún caso superando la hora de juego. En todo este tiempo solo ha marcado dos goles. Los mismos que cosechó en los 46 partidos que disputó la temporada de su última lesión. Han pasado casi diez meses de su vuelta a los terrenos de juego y seguimos esperando a Muniain. La confusión viene por no saber exactamente si esperamos al que parecía repuntar antes de la lesión de Sevilla, o si esperamos al Muniain que ilusionaba hace ocho años. Parece casi metafísicamente que pudieran ser el mismo. Muniain nunca fue un goleador, de ahí su media de un gol cada ocho partidos, por eso la mejor versión posible del navarro tenga que ver con su desborde y su descaro. ¿Puede un futbolista recuperar el terreno perdido tantos años después?, ¿cuál ha sido la evolución futbolística de este joven cachorro desde que debutó en Julio del 2009?. 


Desconozco lo que espera cada aficionado rojiblanco del jugador navarro. Pero a juzgar por las impresiones recogidas por el protagonista pareciera que más bien poco. Lo preocupante es que ese pensamiento está fundamentado en una cruda realidad. Una situación difícilmente remontable por el paso del tiempo y por la trayectoria de un entrenador -Valverde- al que suele costar un mundo reconvencer. Pero Iker se equivoca, comete un grave error en apuntar contra sus supuestos detractores, en diseccionar entre críticos y admiradores a una afición fiel que siempre le ha coreado en San Mamés. Muniain no necesita interpretar este papel de víctima ante una situación deportiva en la que solo él puede tener la solución. Antes de la lesión fueron casi seis temporadas jugando muchos partidos, siendo un fijo en muchos onces titulares. Pero, ¿por qué no ejerció Iker el papel de líder que le correspondía en determinados momentos?, ¿por qué no supo echarse, como otros compañeros, el equipo a su espalda?, ¿cuándo empezamos a olvidarnos de aquel eléctrico Muniain?. El legado de la banda izquierda es terrible, una auténtica devoradora de futbolistas. El debate ya no es si por el centro o arrancando en banda, el debate con Muniain es cuándo y haciendo qué. Está muy bien que los futbolistas hablen en la prensa, pero para reivindicarse es mucho mejor hacerlo en el terreno de juego, con fútbol y sacrificio. Iker, te seguimos esperando en el campo.


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