El viaje de Valverde

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Incluso para los valverdistas más reconcentrados suele ser recomendable escuchar, siquiera de vez en cuando, algunas de las reflexiones del técnico rojiblanco cuando preguntan los periodistas. Ya saben, esos "metetes" que no son del Athletic de Urrutia. Nunca es lo mismo responder preguntas pactadas y cocinadas, que enfrentarte a otras, a veces menos amables. No es lo mismo la entrevista al txingurri en la revista del club, en la que solo faltaba el patito de goma entre tanto jabón y pregunta irrelevante, que indagar en lo futbolístico aunque su actual puesta en escena deje bastante que desear. Preguntado en varias ocasiones por el juego desplegado por los leones, Valverde empieza a reconocer que el control de antaño ha ido dejando paso a la pegada y presume de una nueva "relación con el gol" citando solamente a tres futbolistas de su dilatada plantilla. Lástima que esta nueva derivada entre en contradicción con su concepto de "jugar bien", cuando hace unos días afirmaba que "jugar bien" estaba directamente relacionado con tener el control del juego y llevar la iniciativa. Ya no "jugamos bien", o eso debemos deducir. Tenemos pegada y con eso parece bastar. Pero, sin control ni dominio, ¿cuánto tiempo se puede sobrevivir a base de "pegada"?.


En su renovado argumentario, Ernesto se justifica alegando que su adaptación a la plantilla y a la idiosincrasia del club condicionan su margen de maniobra. Incluso no perdió oportunidad -el pasado Sábado- de mentar la banda izquierda cuando recordaba que en el Athletic, a diferencia de otros clubes, no puedes reforzarte siempre que lo necesitas. Es de suponer que no se trataba de ningún reproche al departamento negociador de Ibaigane por el "caso Oyarzabal", y que Valverde solo trataba con su iluminadora reflexión de recordarnos quiénes somos y de paso el enorme mérito de su labor. Dice Ernesto que, particularmente en el Athletic, tiene que adaptarse a los jugadores que tiene, como si fuera un lastre o una situación incómoda. Ya les habría gustado a los Mendilibar, Sarriugarte, Mané y compañía haberse podido adaptar a las plantillas que tiene Valverde estos años y no a lo que había hace no tanto tiempo. En cambio, su discurso vuelve a contradecirse con sus propias prácticas. ¿Acaso no se empeñó durante meses en adaptar a Beñat a la mediapunta?, ¿no se cargó a unos cuantos delanteros colocándolos fuera de posición?. No parece Valverde un técnico dispuesto a variar su apuesta táctica con suma facilidad con tal de adaptar lo que quiere a lo que tiene, ni tampoco a cambiar de opinión con futbolistas a los que él solo defenestra pese al reducido mercado rojiblanco.


Valverde se sigue aferrando a los últimos resultados. Ya no le interesa, por ahora, recuperar el viejo discurso de las sensaciones, ni repetir la cantinela del calendario y el cansancio de aquellos a los que no rota ni a tiros. Ahora sostiene su errática propuesta en la pegada de sus goleadores para justificar una variante futbolística radicalmente diferente a la que nos vendió hasta hace bien poco, como si la salida de Herrera y la llegada de Raúl García lo cambiasen todo porque sí. Ya lo dijo en su día: "no pretendemos cambiar el estilo, Raúl puede adaptarse a lo que hacemos", pero sin salirse de su habitual indefinición: "nos debemos adaptar a él y él a nosotros". Entonces, ¿a qué estilo futbolístico se ha adaptado el Athletic esta temporada?. ¿Tanto ha cambiado la plantilla con respecto a la temporada pasada?. Tres temporadas después resulta que entrenar en el Athletic le fuerza a cambiar su libreto de golpe, a renunciar a la posesión en mediocampo para dedicarse a llegar al área rival como sea. Bendito balón parado, tan denostado en otros tiempos. El resultadismo siempre vuelve, sobre todo cuando se juega más bien poco a ese fútbol que el propio Valverde considera como "jugar bien". De la esencia al pragmatismo. Buen viaje Ernesto.


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