Debió ser peor

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Ya lo dijo Valverde en otras ocasiones. Cuando te enfrentas a Barcelona o Real Madrid tienes la extraña sensación de que dominas la situación, de que es posible superarles, es entonces cuando te machacan porque no suelen perdonar tanto como el resto. El Domingo en San Mamés se cumplió la primera parte de la sentencia cuando el resultado hacía creer en la posibilidad del empate, precisamente porque no se estaba cumpliendo la segunda máxima, esa que avisa de que no debes conceder mucho atrás o estos "bichos" te lo harán pagar muy caro. El Athletic sobrevivió durante todo el partido a pesar de sus múltiples errores, de su preocupante retahila de problemas defensivos frente a un Barcelona que pudo golear de no ser por la inusual falta de puntería de dos de sus más valiosos elementos ofensivos. No han faltado, a posteriori, los mensajes de autoayuda de quienes se consuelan con haber dado la batalla en el plano físico, los que se sienten orgullosos de la derrota deteniéndose en el cómo, pero en estos casos tampoco vale con la actitud.


Los leones se dejaron la piel en el campo, eso nadie lo pone en duda. La presión, durante algunas fases del encuentro, obligó a Ter Stegen a ser más protagonista con la pelota que muchos de sus compañeros. Tanto que en una de esas a punto estuvo Beñat de resucitar el fantasma del alemán, de cuando San José abría la lata de la Supercopa hace apenas un año. El problema de presionar tan arriba a este Barcelona es que con Luis Enrique han aprendido a jugar más directos, más verticales, y al contragolpe. En cuanto los culés superaban la primera línea de presión zurigorri la autopista sin peajes hasta el área de Iraizoz era mortal. No había control en mediocampo, la ruleta rusa, todo o nada. Sin tanta posesión como antaño el Barsa merodeaba la portería bilbaina con cambios de orientación que descolocaban con suma facilidad los costados rojiblancos. Tan sencillo, aparentemente, como bascular de una banda a otra para crear nuevas superioridades y grandes ventajas en banda. Allí donde el Athletic no estuvo. Ni en ataque ni en defensa. De Marcos con Arda fue un suplicio. Susaeta en ataque otra calamidad. Ni atacar ni defender.


Los discursos de Valverde, antes y después del partido, parecían contradictorios, una vez más. Si en la previa aseguraba con orgullo baturro que "al Barsa le cuesta ganarnos, esperamos que siga siendo así", al término de la contienda parecía cambiar el paso recordando que "no estamos aquí para poner buena cara a la derrota, sino para conseguir puntos". Del conformismo con perder dando la cara a no ponerla cuando no se consigue el objetivo, sumar puntos. Otro arranque calcado con el txingurri. Otro parón de Liga para relamerse heridas y preguntarse por qué. Excusas no faltarán, sobre todo en prensa. Pero esta película ya la hemos visto. Cualquier resultado distinto a una victoria en Riazor colocaría a los leones muy abajo en la tabla y ya sabemos cómo se las gasta Ernesto cuando ve que no se empieza en condiciones la Liga. Llega la ansiedad y con ella las rotaciones salvajes porque lo prioritario es la Liga. ¿Se acuerdan?, la que nos da de comer. A rotar en Sassuolo para tratar de recuperar el terreno perdido frente al Valencia en San Mamés porque el calendario nos machaca. Menos mal que era mucho mejor pillarle al Barcelona al principio de temporada. Pues en Liga no parece, dos derrotas consecutivas por idéntico resultado. Y no se cansan del discursito de equipo pequeño, oye.



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