Desastre previsible

|


No había más que echar la vista ligeramente atrás, a esta pretemporada de malos resultados y escaso fútbol, para sospechar que la preparación de los leones para el arranque de Liga no era la más adecuada. Y no solo por la evidencia del resultado del Molinón sino por la deficiente puesta a punto de un grupo notable de futbolistas que conforman la columna vertebral del enésimo proyecto valverdiano. Lo que muchos asumen como daños colaterales se ha convertido con el paso de las temporadas en un defecto permanente, en un lastre cíclico de todos los inicios de temporada. Nada relevante si no fuera por los puntos que se pierden, puntos que suman de igual manera que a final de campaña, puntos frente a un rival que esta vez sí podemos aceptar que es "de nuestra Liga". La versión del Athletic en Gijón fue la misma que los leones vienen perpetrando con todos y cada uno de los onces puestos en práctica durante la pretemporada. No hay más que echar un vistazo al once del pasado Domingo para comprobar la falacia del discurso veraniego. No juegan los que mejor están, juegan los de siempre.


Al Athletic le duró la gasolina lo mismo que el control de la pelota, en muchos momentos irrelevante frente a la portería rival. En la sala de máquinas solo Beñat aportaba algo de sentido al juego excesivamente horizontal y sin profundidad de los leones, pero ese espejismo de falsa tranquilidad apenas duró veinte minutos, hasta que el empuje de un Sporting voluntarioso y con dos ideas medio claras empezaron a poner contra las cuerdas el sesudo planteamiento visitante. La tendencia de la primera parte invitaba a pensar que el Sporting podía adelantarse en el marcador en cualquier momento, nos invitaba a casi todos menos a Valverde, que propuso el mismo guión y los mismos actores tras el descanso. Un regalo que aprovecharon y bien los pupilos del "pitu" Abelardo, que no parecían acusar el hecho de no haber enfrentado juntos un solo partido oficial, en esa lucha desigual de presupuestos entre un once asturiano repleto de novedades y otro bilbaino supuestamente asentado y sincopado en sus mecanismos internos. El desarrollo de la reanudación fue el mazazo perfecto para un Athletic desconectado y sin respuestas.


A algunos les parecía suficiente con ganar al Borussia Dortmund en un amistoso, lo justo y necesario para regalarle la titularidad a quien sigue sin merecerla, qué forma de seguir quemando cambios a la hora de partido. Por cierto, curiosos aviso para navegantes el cambio de Vesga con Iturraspe en el banquillo. La paciencia de dos temporadas con el de Abadiño empieza a caducar. Competencia, señores. Volviendo al partido. ¿Cuál será la excusa esta vez?. Seguramente no podrán aferrarse al saturadísimo calendario de Agosto porque ya no hay Supercopas ni previas europeas con las que volver a tapar otra preparación física lamentable. Vaya puesta a punto. El escenario, en cambio, sí que puede calcarse. Una eventual derrota frente al Barsa en San Mamés y un tropiezo en Riazor a la vuelta del parón volverían a situar a los rojiblancos frente a una disyuntiva de la que ya conocemos sobradamente la respuesta desde el banquillo. Encarar la visita del Valencia en la cuarta jornada con el debut en Europa pocos días antes. ¿Y qué es más importante para Valverde?, pues la Liga. En otras palabras, empezar a rotar por exigencias clasificatorias en esa competición que nos ilusiona para tratar de sumar tres puntos en la que nos da de comer. ¿Dio resultado en los albores de la temporada pasada?, por supuesto que no. Eso sí, esta vez sin un título que llevarnos previamente a la boca. La segunda parte de Gijón fue un desastre previsible, ojalá me equivoque con lo que venga después.


EDITORIAL

ÚLTIMO PODCAST

ÚLTIMA ENTREVISTA

cabecera