El hambre del zorro

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"Hay que sumar de tres en tres", "no se puede perdonar más". Es una máxima no escrita en el fútbol aquello de que se juega como se entrena, o que el fútbol es un estado de ánimo. Juntando ambas sentencias encontraríamos una buena explicación de lo que Aduriz transmite, dentro y fuera del rectángulo de juego. Entre otras razones porque Aritz no pretende ser políticamente correcto, ni dedica parte de su tiempo a medir al peso sus declaraciones públicas, en tantos otros casos racionadas y supervisadas por el departamento correspondiente. Aduriz es ambicioso y ganador, algo que, viniendo de un futbolista del Athletic, todavía a día de hoy puede sorprender y tal vez debieran preguntarse el por qué. Y es que, al menos para un integrante del vestuario rojiblanco con peso y galones, lo del Málaga y el Atlético fueron ocasiones perdidas que no deben volver a repetirse "si queremos estar en puestos europeos". Aritz es diferente, piensa diferente, y actúa con independencia. Seguramente la que le aporta su veteranía, ¿la clave?, "dejar a un lado lo que no interesa, entrenar, jugar y divertirte". Un precioso y nítido mensaje para los chavales de la cantera, y sin filosofadas.


El delantero rojiblanco cree que la plantilla está en ese punto de pasar página y dejar atrás de una vez por todas los complejos de tantas finales perdidas. Una buena forma de desterrar para siempre aquel mensaje para perdedores de que lo importante era disfrutar del camino. ¿Dónde están los que azuzaban conciencias convencidos de que esta generación de futbolistas tardaría años en volver a una final?, y no digamos en ganarla. Ahora "el equipo está convencido de que es capaz de competir con cualquiera" entre otras razones de peso "porque hemos ganado un título". Aduriz vuelve a sincerarse y defiende su teoría, sencilla y demoledora: "al final uno tiene que creerse las cosas, si no se las cree uno mismo es difícil conseguirlas". Creer, convencerse, y verbalizar. Sin miedo a no conseguirlo. Sin el rubor o la falta de arrojo de los que buscan en la malentendida prudencia un asidero para perdedores conformistas. Aduriz "está disfrutando muchísimo", "como un chaval". Su ilusión debiera ser contagiosa porque esa ilusión nunca puede ser perjudicial. ¿No sería el momento de dejar de etiquetar competiciones (prioritarias e ilusionantes) y darle prioridad a ganar siempre?. 


Competir y ganar sin renunciar a nada. Aduriz consigue hacernos sentir orgullosos cuando se viste de corto y cuando expresa lo que siente, sin tapujos ni cortapisas. Ya lo dejó bien claro después del último compromiso a domicilio en la Europa League y se mantiene en sus trece. Da por pensar que esa ambición unida a su calidad indiscutible son razones fundamentales para entender, aunque sea un poco, el por qué de su estado de forma físico y mental. La ambición no se negocia en un deporte concebido para ganar y superar a tus rivales en el campo. Hace tiempo que parece que, en el Athletic, la palabrería filosófica y los discursos de algún gurú trasnochado y repescado han oscurecido la realidad, la de aquel Athletic campeón que remontaba la ría orgulloso de haber ganado un título, sin preguntarse cuál. Sería fantástico, en este Athletic de leyes no escritas ni concretas, recuperar ese espíritu ganador que hizo grande y único al club de Ibaigane. Aduriz representa eso y nos representa a todos. El zorro está hambriento y feliz, larga y próspera carrera.


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