Ni un paso atrás

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Es una paradoja sorprendente, a veces un tanto frustrante. Cómo es que la misma capacidad que convierte tu supuesta limitación en virtud pueda condicionar hasta tal punto. La excusa de la filosofía y sus incontables derivados sale a escena en dos contextos fundamentales: cuando los resultados son nefastos y algunos salen con el temita de los extranjeros o cuando el equipo está en disposición de competir por algo grande y la congoja supera a la ambición. Esa flojera puede llegar a nublar el raciocinio de quienes son llamados a dirigir la nave rojiblanca. Quizás desde ese punto de vista se pueda entender que el entrenador que acaba de ganar un título con el Athletic, el mismo que no duda en colocar la clasificación europea como un objetivo ineludible, asegure que aspirar a ganar la Europa League es propio de ilusos. O que aquel que lleva cuatro temporadas peleando en Segunda B por ascender a Segunda, lo consiga y se resigne con el discursito impostado y forzado de la formación. ¿Tanto miedo hay a fracasar?, ¿por qué vivir en la falta total de exigencia?.


El maniqueismo llega a tal punto que nos venimos arriba cuando Raúl García justifica su llegada al Athletic en que ha venido a un equipo campeón. Pero, al mismo tiempo, somos los primeros en echar balones fuera cuando la ambición nos empuja a nuevas metas. El objetivo de una cantera no puede ni debe ponerse por delante de los objetivos de un club deportivo. Ganar, ganar y volver a ganar. El planteamiento de equipo pequeño y reservón, que había vivido cómodo a la sombra de la Segunda B, debe terminar. La formación nunca puede ser un fin, sino un medio para alcanzar otros fines. El Bilbao Athletic debe aspirar a formar profesionales ganadores, para el primer equipo o para cualquiera que los quiera en sus filas. En caso contrario no nos rasguemos las vestiduras cuando los aspirantes no lleguen, se frustren y sufran de desengaño. El Athletic debe aspirar a ganarlo todo, sin cobardía y con coraje. Con cantera y con talonario. ¿Acaso el Rey de Copas no debe aspirar cada temporada a recuperar su apodo histórico?, ¿acaso un finalista de la UEFA y la Europa League no tiene argumentos ni motivos para tomarse la revancha y levantar su primer título internacional?.


Lo que algunos llaman prudencia y serenidad no es más que pavor al fracaso. Lo que otros revisten de formación y aprendizaje no es más que una llamada de auxilio para recuperar el confort de un despacho con nómina sin la apretura de los resultados. A algunos todavía les duele perder, no les matemos el gen competitivo que tienen dentro. Lo hemos visto en las últimas campañas, ya no es ninguna bilbainada pensar que este Athletic puede aspirar a ganar títulos, lo mismo una Copa que una Supercopa o una Europa League. Ya sabemos lo complicado que será, conocemos los riesgos del camino, pero solo desde la ambición y una apuesta firme y decidida se puede conseguir. Hay más de uno que asegura que la final de Basilea está marcada en rojo en la caseta rojiblanca, Aduriz lo verbalizó. Es casi imposible pensar en grande si nos obligan a soñar en pequeñito. Precisamente porque el peregrinaje para llegar hasta aquí ha sido tan largo, debemos subirnos al barco de la ilusión y el inconformismo, para no arrepentirnos cuando vuelvan los años del cloroformo y la mediocridad. Primero el club y luego los medallistas de Lezama.


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