Euforia ciclotímica

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La ciclotimia o trastorno ciclotímico es "el diagnóstico psiquiátrico que pormenoriza o describe un trastorno del estado de ánimo considerado una forma leve de trastorno bipolar (antiguamente conocido como psicosis maníaco-depresiva). Se caracteriza por la presencia de múltiples episodios de hipomanía (ánimo y energía elevados), con o sin irritabilidad, junto con episodios alternantes de depresión leve o moderada". Seguro que a muchos les suena, les encaja como un guante en el diagnóstico al que parece abocarnos el Athletic a lo largo de cualquier temporada. Valga como ejemplo paradójico, escogido de entra las muchas opiniones vertidas en los últimos días en tertulias y medios de comunicación en general, las declaraciones de Julen Guerrero en la SER: "el Athletic está en condiciones de intentar alcanzar la clasificación de Champions". ¿Acaso no hemos pasado en pocas semanas de la contrariedad de un arranque ciertamente desconcertante a un estado de euforia un tanto descontrolado?. 


Es probable que el hecho de que desde el club no se hayan fijado objetivos claros para esta temporada incite a la prensa y los aficionados a improvisar en función del estado de ánimo que les evoque la clasificación del momento. El trastorno bipolar de plantear el cese del entrenador y a las semanas pensar en clasificar para la Champions es tan nuestro, tan rojiblanco, como el debate identitario de la filosofía del Athletic. Dicen los "entendidos" en comunicación que este tipo de mensajes, un tanto populistas y peligrosos, se lanzan para dar un empujoncito a la moral de la afición, bien sea desde un medio de comunicación, bien en una rueda de prensa, o en una entrevista (el que las dé). Es innegable el subidón de juego y resultados experimentado por el Athletic en las cinco últimas jornadas, pero tampoco deberíamos de perder el oremus descontextualizando el momento puntual. Un calendario propicio, un pico de forma física, y en definitiva una de esas rachas que suelen acompañar de vez en cuando al Athletic. En esta ocasión, como la temporada pasada, para salir de los puestos más comprometidos de la clasificación.


El Athletic está demostrando lo que sobre el papel podía resultar evidente, previsible, hasta exigible. Que es muy superior al Espanyol, al Betis, al Partizán, al Sporting y a esa versión deslucida de un Valencia en su enésimo proceso de autodestrucción personal. Aquello que echamos en falta contra Eibar, Villarreal o AZ ... es lo que ahora, según Valverde por el desahogo del calendario, estamos disfrutando como posesos. Eso sí, sin las rotaciones que provocaban el estado depresivo, y dependientes de ese once titular que nos coloca en el estado de ánimo opuesto, el del optimismo patológico y la clarividencia de que volver a la Champions es hasta probable. Lo que sí parece cierto es que esta ciclotimia no es más que una de las muchas derivadas de la irregularidad de un equipo que ha encontrado en su rebosante talonario la solución a un año de probaturas y fracasos en la gestión de la dichosa mediapunta. Parece, y solo parece, que la chequera y la entrada en razón de Valverde -por ejemplo con la ubicación de Beñat, ahora líder indiscutible del juego rojiblanco- reactivaron al equipo y empiezan a dar resultados. Ya estábamos diagnosticados, del Athletic depende cuánto tiempo viviremos en la cresta de la ola y cuándo volverán los debates.


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