Gracias, Howard

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Hubo un tiempo en el Athletic en que la exigencia no se reducía a discursos vacíos, en que la responsabilidad ante los malos resultados se pagaba con la ley del fútbol, en que un entrenador "de fuera" era cesado y daba la cara en rueda de prensa para dar las gracias. El fallecimiento de Howard Kendall nos ha permitido recuperar de la videoteca un cuarto de hora esencialmente imperdible. Veinticinco años después muy pocos "gure estiloas" podrían reconocerse en aquel "way of life". Sin polémicas, sin palabras altisonantes, sin despedidas "a la francesa" en una red social. La comparecencia de Mr.Kendall desprendía calidez, cercanía, verdad. Qué nostalgia de aquella naturalidad con la que el Athletic trataba muchas de sus cosas, sin el encorsetamiento ni el postureo posteriores, sin la absurda obligación de aparecer porque toca. Por desgracia son muy pocos los que han salido del club con la elegancia y el saber estar de Howard Kendall, probablemente porque el club supo estar a la altura y porque el técnico británico se había dejado pocos pelos en su gatera como para salir orgulloso aunque triste.


Howard quiso salir del club en paz con todos, y lo consiguió. Su recuerdo ha quedado para siempre en los corazones de todos, sin divisiones ni excepciones. Apenas había concluido la undécima jornada del campeonato, pero Howard entendía que el Athletic "era un club grande" y la exigencia de los resultados obligaba a no dormirse. A pesar de insistir en la imposibilidad de ganar títulos en Noviembre no quiso echar balones fuera, huyó del discurso facilón adornado de las excusas propias del "todo vale", ponderó mucho y muy bien a sus jugadores, al club y a su afición, y no se olvidó de practicar la autocrítica. Un ejemplo de honestidad y fair play del que muchos debieran tomar nota, sin el empacho de los más relamidos ni el tono lacónico de los protegidos. Howard Kendall se ganó el respeto y el cariño de todos porque entendió sin estridencias la esencia y la importancia de un club histórico y campeón, porque sabía de antemano que entrenar al Athletic era lo más grande y al mismo tiempo un reto en el que no podría continuar con resultados mediocres y caras de poker. Pasar sin pena ni gloria por el Athletic era inconcebible.


En aquellos tiempos terminar cuarto en la Liga no conducía a la Champions, ni había posibilidad de jugar seis partidos consecutivos en la UEFA solo por clasificarse. Todavía con la resaca de las gabarras Kendall supo reconstruir un equipo en eterna transición. Fue cesado con once puntos en once jornadas, a solo tres de Europa, mientras ahora se aguanta a cualquiera tal vez reconfortados en la falta de ambición, en la excusa fácil, en la trinchera dialéctica. Tal vez hayamos perdido de vista lo que nos hizo grandes: una forma de comportarse caballerosa y amable con nuestros profesionales, los que trabajan en el Athletic y entorno al Athletic. Qué raro escuchar a un técnico cesado deseándole públicamente la mejor de las suertes a su sucesor, con el afecto y el respeto profesional de quien conoce la casa. En ocasiones echar la vista atrás es muy recomendable para saber quiénes somos, cómo fuimos y cómo queremos ser. Siempre tendremos mucho que aprender de gentlemen como Howard Kendall. Porque el fútbol y el Athletic siempre serán mucho más que una pelotita, una clasificación y unas fotos en el palco. Gracias por todo, Howard.


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