El incidente

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El Athletic convirtió, el pasado Miércoles, un incidente puntual de muy baja intensidad en un incendio mediático de consecuencias desmesuradas, justo en la semana de parón y después de una victoria balsámica. Vaya por delante que la actuación del individuo en cuestión está fuera de los límites de la educación y el respeto, no ya para con un jugador del Athletic sino en cualquier ámbito de la vida. Pero, probablemente, haya sido la reacción de Muniain la más proporcionada y templada de todas, sin grandes estridencias ni comunicados sancionadores a terceros. Ni se trataba de darle normalidad a una actitud absolutamente reprochable, ni tampoco de sacar de quicio algo que no daba para más. En el caso de Kike Sola, ni hubo insulto de por medio, ni se provocó ningún altercado, ni probablemente habría pasado a mayores de no haber una cámara de por medio. Podría parecer que el postureo público ha pesado más que la supuesta ofensa.


En Agosto de 2012 el presidente Urrutia comunicaba con un año de antelación la intención de Fernando Llorente de abandonar el club. Apenas cuatro días después un grupo de sujetos entraban en Lezama, con vengalas y una pancarta lamentable, para insultar a dos futbolistas del Athletic. La respuesta institucional a aquello fue afirmar que "el público es soberano" y que "estamos abiertos a que la situación cambie porque creamos un entorno correcto con el jugador". ¿Por qué esa doble vara de medir?. No es fácilmente comprensible que los guardianes de las esencias rojiblancas miren para otro lado cuando se insulta a dos jugadores al grito de "mercenarios" y se indigne por un inaceptable "péinate", "échale cojones" o "Sola selección". ¿En qué medida trata el club de apagar algunos fuegos con gasolina?, ¿por qué se hace un mundo de un grano de arena y no se actúa con contundencia frente a la reiteración?, ¿en qué momento ha dejado de ser "soberano" el pueblo? ¿nos cerrarán San Mamés cuando se "incomode" a alguno de los nuestros desde la grada?. Algunos deberían tentarse mucho más la ropa a la hora de hacer según qué manifestaciones públicas, entre otras cosas para no colocar a algunos de sus profesionales en nómina en el ojo permanente del huracán.


El caso de Kike Sola es el de un profesional que ha convivido en el Athletic con las lesiones y la falta de confianza de su entrenador, quien pública y excepcionalmente pregonó que no contaba con él. ¿Hace falta airear este tipo de sentencias?, ¿cuál es su finalidad?. No parece conveniente poner al pie de los caballos a quien decida cambiar de aires por muy mal que actúe, ni tampoco subrayar la condición de residual de aquellos que hoy no entran en tus planes. Nada justifica comportamientos lamentables posteriores, pero tampoco el fomento interno de la inquina diaria, dando a entender que fulanito debería salir pero no lo hace porque quiere cobrar sin jugar. La política de comunicación de Urrutia y la querencia de Valverde a cerrar las puertas en los entrenamientos tienen nueva coartada, aunque absurda e injusta. Levantan muros contra los aficionados, bunkerizan a los jugadores, secuestran las entrevistas, escancian las comparecencias en rueda de prensa, y ahora cierran la puerta de lezama. ¿Cualquier excusa vale para gestionar la comunicación en exclusiva?. Uno se equivoca y lo pagamos todos, gure estiloa lo llaman. ¿Qué beneficio obtienen aquellos que lo justifican casi todo?. Demasiadas preguntas y queda un mundo para la próxima "comparecencia" presidencial. ¿Qué hara la prensa injustamente castigada, pasar página o esperar turno para pedir explicaciones?.


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