Esperando a Monreal

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No es nada nuevo. La historia rojiblanca se sigue nutriendo cada cierto tiempo de fichajes soñados, casi imposibles, que resuenan en los mentideros zurigorris sin solución de continuidad. Motivados por el escaso mercado al que puede acceder el Athletic para reforzarse, y potenciado por una época estival excesivamente larga en lo que a sequía futbolística se refiere, asistimos con mucha frecuencia a cantos de sirena que en ocasiones responden a intereses verdaderos de Ibaigane tras establecer contactos con el objeto de deseo en cuestión. Bien es cierto que la prudencia y la discrección han quedado fuera de toda duda en lo que a Urrutia y su directiva se refiere en estos quehaceres, pero los méritos se reducen cuando los amplificadores externos dan parte de tus movimientos. En el entorno rojiblanco se convive con una doble vara de medir, la de aquellos manirotos dispuestos a sacar a pasear la chequera al menor movimiento posible, y la de otros, tendentes al miramiento pecuniario y el ahorro por el ahorro. Y no parece haber término medio oiga.


Podríamos remontarnos tan atrás como quisiéramos para encontrar mil y un precedentes de futbolistas contrastados, más o menos compatibles con la filosofía rojiblanca, que han rechazado recalar en Bilbao o que han sonado para ello. Me venían a la memoria los realistas del posterior Dream team, el valencianista Mendieta, algún canterano de Zubieta que firmaba esotéricas cláusulas con Uranga, o los más recientes casos de Raúl García, Illarramendi o Monreal. En cierta forma dando peso a esa teoría no escrita de que al Athletic le cuesta un mundo reforzarse con aquellos futbolistas vascos ya contrastados que han firmado por clubes de gran presupuesto. Y la teoría complementaria, la que asegura con hechos la viabilidad de firmar a otros provenientes del Osasuna, Granada, Betis, Real y compañía, eso sí, en muchos casos a precios desorbitados, aunque por estos lares sea incongruente protestar por el abuso de las cláusulas liberadoras.


En el caso de Monreal surgen varias preguntas, al margen de que el lateral navarro termine recalando algún día en el Athletic, y no precisamente como entrenador de Lezama, que tampoco nos extrañaría a estas alturas. ¿Debe el Athletic apostar por un futbolista que no ha movido un dedo por venir, rechazando en algunas ocasiones al Athletic frente a otras ofertas?, ¿es tan urgente abordar el fichaje de un jugador de 30 años y a cambio de más de diez millones de euros?, ¿tal vez pasó este tren cuando el navarro iba a salir del Málaga?, ¿encajaría por tanto en la idea del presidente Urrutia de profesional del fútbol que entienda y comparta los valores de nuestra filosofía por encima del vil capital?. En este Athletic hay que conjugar, y no sin cierta complejidad, las carencias reales de plantilla que no son pocas ni en pocas demarcaciones, con un presupuesto con saldo positivo gracias a determinadas ventas millonarias y dolorosas, y con algunos complejos de lo que debimos comprar en su día y no pudimos. Venga o no Monreal, el debate vuelve a estar servido. Lekue espera su momento y gana enteros.


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