La columna de Garitano

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La plantilla del Athletic cada vez tiene menos calidad. No hay más que echar un vistazo a los suplentes de las últimas convocatorias en cuanto dos o tres se lesionan. Los motivos parecen evidentes. La filosofía rojiblanca permite y fomenta que un nutrido grupo de futbolistas con vitola de titulares se perpetúen en los onces trascendiendo a entrenadores, resultados y procesos electorales. Estos ciclos, en ocasiones de diez o más temporadas consecutivas, se consolidan y se ajan con el paso del tiempo; pero la coincidencia múltiple de caducidades provoca un tapón difícilmente superable en un plazo corto y razonable de tiempo. Por eso, entre las salidas de Iraizoz e Iraola; las de Iturraspe y Susaeta; y las de San José y Beñat por poner unos pocos ejemplos, pasan los años sin dar la sensación de una regeneración real y efectiva. Bielsa heredó un bloque de futbolistas cuasi irrepetible por coincidencia generacional, opciones de progresión y adecuación temporal a una forma asfixiante de jugar. Valverde dispuso de los fichajes, la confianza presidencial y mediática, y el tiempo necesarios para revitalizar un club decaído. Desde entonces, la caída cualitativa en barrena del colectivo tiene mucho que ver con la ausencia de fichajes (durante varios mercados) y el estancamiento progresivo de la factoría de Lezama, a la que cada vez le cuesta más surtir al primer equipo de futbolistas susceptibles de promocionar para quedarse. Entre cesiones y subidas puntuales sin continuidad, sólo los nombres de Kepa, Laporte y Williams resisten cualquier exámen mínimamente exigente en la nómina de agraciados durante los últimos muchos años.


Tanto es así, que los onces titulares de Garitano se nutren -principal y mayoritariamente- de futbolistas fichados o repescados de otros clubes, pese a su pasado en Lezama en algunos casos. Lo que en otras décadas se conoció como "operación retorno" y que también conocimos en fases del cuatrienio de Valverde. ¿Cuántos titulares llegaron en las campañas más recientes directamente del Bilbao Athletic para ser titulares con una suma razonable de partidos en sus botas?. Costará mucho menos encontrar fichajes en los onces: Capa del Eibar, Iñigo Martínez de la Real, Yuri del PSG, Dani García del Eibar, Unai López dos años cedido, Raúl García del Atlético, Ibai del Alavés... ¿Por qué la columna vertebral viene importada de fuera?. Es más, si tomamos como referencia en esa columna vertebral de Garitano al portero, el central, el mediocentro y el delantero, concluiremos que solamente Iñigo Martínez resiste la comparación con su predecesor (Laporte) manteniendo un nivel alto. No es casualidad que coincida con la línea que más brilla y decide partidos de un tiempo a esta parte. En cambio, en la portería, Unai Simón no ha llegado al nivel mostrado por Kepa desde el minuto uno mientras desespera en el juego de pies. En la medular, Dani García no alcanza las prestaciones de los mejores Iturraspe o Beñat para dirigir con éxito la sala de máquinas donde en algunas ocasiones bastaba con un único timonel. Es otro perfil, más físico, menos talentoso. En la delantera, la aparición del falso nueve para paliar la falta de gol de Williams se sigue quedando a años luz de los años dorados de Aduriz. En un segundo y no menos reconocible plano, siempre nos quedarán las alternativas puntuales de los Capa y Muniain mientras asistimos al epílogo de unas cuantas antiguas vacas sagradas: De Marcos, Balenziaga, Beñat, San José, Aduriz y compañía. No es suficiente. Vamos a menos.


Este Athletic, en eterna transición de futbolistas y fórmulas de juego, sigue buscando referentes a los que acudir sobre el terreno de juego. Líderes y responsables de tirar del carro en cada partido más allá de la suerte de un brazalete. En un repaso somero de los más destacados de cada performance casi siempre repetiremos apellidos. Son los mismos recursos de los últimos tiempos con matices en cuanto a sus protagonistas. El balón en largo, ahora de Iñigo Martínez. Las peinadas, ahora de Raúl García. El desborde, ahora por banda, sobre todo con Capa. Y la falta de gol, una constante desde que Aduriz no está para resolver remontadas en San Mamés, truños a domicilio y clasificaciones europeas. Pero de calidad en la medular para tener la pelota, moverla con criterio y abastecer a los supuestos rematadores... nada de nada. El último Athletic de Valverde ya empezaba a priorizar la presión sin balón a la circulación. Los de Ziganda y Berizzo lo fueron acentuando hasta el extremo, luciendo especialmente frente a rivales propensos al protagonismo con la pelota para robarles arriba y no perderla en campo propio. En cuanto fuimos descubriendo el amargo contrapoder de correr cuarenta metros hacia atrás en cada pérdida con el equipo abierto, apareció Garitano para limitar tanto sprint desesperado con pinta de fracaso que te aupaba al más tarjeteado del campeonato. "Cosas raras", lo llama ahora Berizzo. El centro del campo ha sido relegado de funciones creativas por ausencia total de personal talentoso. El juego pasa por la intensidad en el robo y la elaboración justa y necesaria para llegar arriba sin excesivos contratiempos. Cuando no se puede o no se sabe, a replegarse con orden. Hace no tantos años eran Kepa y Aduriz los mejores de cada partido, ahora hablamos del portero de turno y del osado que meta gol, que casi nunca suele ser el nueve. Por todo esto el mérito de Garitano, por todo esto la incongruencia de los que exigen peras al olmo, por eso la prioridad de regenerarse y repensarse antes de repetir tortazo en Europa y Liga.

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