Yaser Hamed: de cachorro a fidai

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Reconozco que le conocía de oídas. Su debut internacional con la selección de Palestina, sus apariciones en los medios de comunicación, su indudable proyección futbolística. Eran motivos suficientes para sentarnos a charlar con un bilbaino de sangre palestina que ha vivido el Athletic desde niño, desde dentro y también como aficionado. La "historia en rojiblanco" de esta semana se escribe tras casi tres horas de conversación, la más formal y académica primero y la posterior, mucho más informal y relajada, en la que comienzas a descubrir a la persona tras el personaje público. Yaser es ante todo familia. Su primer agradecimiento y reconocimiento va para su padre Ahmad y su madre Ana, por inculcarle aquellos valores con los que ha sabido progresar en la vida y en el deporte. Y también a Cayetana, su pareja, por su incondicional cariño y comprensión, imprescindibles para cualquier deportista que intenta compaginar oficio y vida personal. Yaser insiste, gracias a ellos y a mi constancia desde la más tierna infancia, apostando por un sueño y "renunciando a lo que muchos amigos míos disfrutaban cada fin de semana", he llegado hasta aquí. "Nadie me ha regalado nada", "me lo he currado mucho para ir subiendo peldaños en cada categoría del fútbol base", añade. 


Yaser empezó en Lezama, como tantos otros niños. Me cuenta que su padre, acérrimo aficionado al fútbol, pese a no ser athleticzale de pro le llevó a Lezama para probar con el Athletic. Fueron cinco años de aprendizaje. Allí coincidió con unos cuantos leones. Recuerda con una sonrisa aquellos viajes en el autobús de camino a Lezama, cuando paraban en el "Hotel Andrea" para recoger de la residencia a los Laporte, Kepa, Muniain y su íntimo amigo Núñez. Aymeric les ofrecía patatas fritas a todos mientras Yaser aprovechaba esos trayectos para estudiar. Algo que, años después, no ha cambiado. Todavía hoy, en cualquier concentración con Palestina, en cualquier lujoso hotel del continente asiático, sigue sin separarse de los libros mientras cursa tercero de ingeniería en Leioa. Yaser me cuenta cómo fue salir de Lezama y del Athletic, cómo encaja un niño su descarte porque todavía no había "pegado el estirón". Sonríe al recordar cómo al año siguiente de ser rechazado por Amorrortu (flamante nuevo director de Lezama por entonces) creció para convertirse en el futbolista alto y fuerte que es ahora en el Portugalete. La historia de Yaser también es paradigmática, un caso más de que para "triunfar" no es imprescindible llegar al primer equipo del Athletic, ni por el camino directo ni por senderos secundarios. Fuera de Lezama hace mucho frío, pero también hay dónde progresar y triunfar si realmente se desea.


Agradecido al seleccionador que le dio la oportunidad, arropado por un presidente que le trata casi como a un hijo, respetado por sus compañeros e idolatrado por un país para el que el fútbol es mucho más que un deporte. "Allí somos héroes", me cuenta al recordar la situación que viven muchos palestinos, entre ellos familiares del propio Yaser. La admiración y el cariño que está recibiendo cada vez que pisa suelo palestino, desde su debut en Julio, se explica con aquel niño que insitió en regalarle unas botas como muestra de gratitud. Yaser es el mismo de siempre, con los pies en el suelo. Bromeaba con él, diciéndole que cuando llegara a lo más alto no podría entrevistarle como ahora. Me respondió que para nada, con la misma naturalidad con la que atiende a todo el mundo. Sorprende, pese a todo, su madurez. No deja de ser un muchacho de veintiún años, pero al mismo tiempo con el poso que deja la acumulación de unas vivencias personales y profesionales inusuales en el mundo occidental europeo. Fue muy interesante escucharle reflexionar sobre el equilibrio dinero-tiempo, el dinero remunerado como futbolista y la contrapartida de la pérdida del tiempo que no inviertes en tus seres más queridos. Tantas horas de aviones, aeropuertos y concentraciones dan para mucho, incluso para pensar y filosofar. Aquel niño que soñaba despierto en Lezama dándole patadas al balón con la rojiblanca se ha convertido, luchando durante años en el fútbol bizkaino de barro y espinilleras, en referencia de un pueblo y ejemplo sereno para muchos niños y jóvenes que fantasean con las mieles de una fama fugaz y superficial. El sueño cumplido de un fidai (guerrero) y de un athleticzale de cuna, pero sobre todo un buen tipo. ¡¡Yallah fidai!!.

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